Ubuntu Breezy y las actualizaciones en Linux.

Tengo casi diez años usando Linux. Como he dicho antes conozco Caldera OpenLinux Base, SuSE, Red Hat, Fedora, Mandrake (no Mandriva), Ubuntu. En todas ellas, con mayor o menor grado de éxito y complejidad, abordé las actualizaciones del sistema. En todas suspiré antes de efectuar la tarea; en todas sudé frío; casi ninguna fue plenamente satisfactoria. En ninguna perdí los datos ni tuve que pegar la cabeza contra la pared. De hecho, por increíble que parezca, poseo básicamente los mismos archivos en mi “home” desde que comencé. Tengo miles de e-mail guardados, fotos, documentos y carpetas que han pasado de un sistema a otro. Pero hay que reconocer que en ocasiones salí a flote por mi pericia técnica, pero estoy seguro que una persona ajena a la informática difícilmente hubiera sorteado algunos de los escollos que encontré y habría optado por instalar desde cero, perdiendo meses o años de trabajo.
Cuando hice la actualización de Ubuntu Warty a Ubuntu Hoary creía haber encontrado, al fin, una distribución que tomaba la tarea con mayor tino y menos riesgo. Ubuntu Hoary, sin duda, fue un digno predecesor de Warty: más sólido, más estable. Daba la sensación de que la actualización era un paso absolutamente natural y necesario. Los problemas, que siempre los hay y habrá, eran cosméticos y, en mi humilde opinión, parte del desarrollo de la identidad de una nueva distribución que buscaba su propio perfil y camino. Hubo quejas con el modo espacial de Nautilus que el creador de Ubuntu cambió por su cuenta, por un modo espacial estilo Ubuntu. A pesar de que ambos modos “espaciales” me parecen una estupidez y que los supuestos sobre los que están fundamentados son cuestionables, es una cosa absolutamente menor y sin importancia en lo que significó la actualización a Hoary.
Con Breezy volví a recordar a la desastrosa Fedora que desde la versión 2 me ha parecido un Linux para muchachos que quieren divertirse haciendo cosas en la computadora y probando software para Red Hat. Aunque Breezy dista mucho de Fedora, creo que Ubuntu ha dado un paso atrás. Basta ver los foros y observar los pedidos de auxilio de muchos novatos y otros no tanto, que no se explican fallas e inconsistencias en el software, que abarcan una gran cantidad de aspectos.
A muchos no les ocurrió nada, todo fue “sobre ruedas”, pero sería un craso error que los desarrolladores escucharan la “música que mejor suena” y no reflexionen sobre un problema que todo el mundo Linux debe afrontar: las actualizaciones de sistema deben ser profunda y absolutamente mejoradas o cambiadas, para garantizar cada vez más, un máximo de facilidad, fiabilidad y estabilidad en el paso de “poner al día” un sistema.
Cierto es que la heterogeneidad del mundo de las distribuciones no ayuda para nada. Es un precio que hay que pagar por la diversidad. Yo soy un firme convencido que la variedad de distribuciones tiene más beneficios que pérdidas, pero en éstas últimas está la carencia de un entorno unificado y con estándares definidos para la actualización. Los riesgos en una actualización con Linux pueden afectar grandemente en empresas donde hay tareas críticas. Naturalmente los llamados “backup” o respaldos, son y deben ser llevados sin excusas en tales ambientes. Pero cuando escucho a algún informático diciendo naturalmente, se espera que hagas los respaldos necesarios me pregunto, cuántos mortales tienen los recursos en sus casas para hacer respaldos de discos duros enteros. Sin duda, se puede hacer respaldos del “home” en ciertas ocasiones (siempre se necesitan recursos, léase dinero, para tener esos recursos), pero en ningún caso la cuestión del respaldo elimina la necesidad de revisar los mecanismos de actualización y hacerlos más confiables.
Enumerar los errores o fallos que han emergido luego de la actualización sería extenuante. Mi sistema funciona bien y el servidor goza de buena salud, pero no estoy conforme. En general hay una degradación respecto a Hoary y aunque algún software corrige fallos anteriores, como el desempeño de MySQL y el PHP o la detección de ciertos componentes, no es menos cierto que hay defectos irritantes, como en Evolution (mi cliente de correo por excelencia desde hace años), en algunos applets del panel de Gnome; rendimiento de Nautilus, etc,.
Probablemente, quienes instalaron desde “cero” tienen un sistema prístino, que funciona adecuadamente y con elegancia. Pero eso sólo refuerza mi postura respecto al poco interés que se da a la actualización del sistema, como algo vital y de primera importancia. No podemos enfocar el futuro de una distribución basándonos en su uso por parte de miles de jóvenes que “experimentan” y se divierten esperando por cada novedad para probarla y no tienen reparos en borrar el disco duro y empezar de nuevo. Me costó cinco días llevar mi Ubuntu a un punto similar, aunque no igual de estable, del último día con Hoary. No encontré referencias al problema que me ocurrió y las primeras respuestas dadas en los foros a muchas personas eran de jóvenes, nuevos linuxeros supongo, que decían a los que habían tenido problemas: “Os lo dije. Es mejor instalar desde cero.” O cosas como “…la instalación desde cero es la más recomendada.” Decir algo así es como proponerle a alguien que confió en lo que le dijimos acerca de Linux que “ahora tira lo que tienes si deseas lo nuevo.”
Mal servicio hacemos a la causa de Linux y el software libre con tales sandeces.

PD. Ubuntu sigue siendo mi distribución favorita.

 

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