El Siglo de las Mil y Una posibilidades

Cuando leí Cambio de piel, de Carlos Fuentes, sentí que había abrazado una causa – muchas -, la que motivó a tantos hombres y mujeres a lo largo del Siglo XX. Pero también sentí que había superado el obstáculo que me ponía una lectura difícil. No fue gran cosa, entonces, lo que logré escribir, pero fue “una exprimida”. Y lo hice para mi amiga Meche, a manera íntima. Ahora, que se me ofrece la oportunidad de escribir en esta bitácora, les transcribo, tal cual, mi Cambio de piel

Terminé Cambio de piel. ¡Qué orgullo! Un reto cumplido y una apertura al pensamiento abstracto. No sé qué decir.
Es una especie de contrapunteo, exposición, presentación un tanto dolorosa, de las corrientes filosóficas y artísticas de los primeros 70 años del Siglo XX. ¡El período más rico en ideas, teorías y manifestaciones sociológicas y culturales que ha vivido la humanidad! Están presentes allí, en esas casi 500 páginas, a través de la forma novelesca, detrás de personajes, muy disimulados: existencialismo, marxismo, anarquismo, stalinismo, trotskismo, nazismo ( como ideología, pero sobre todo el hecho histórico del fascismo, y predomina esto como tragedia que cambia las expectativas humanas y que obligó a muchos seres a un comportamiento aberrante, con su complejidad psicológica, no como problema político), hippismo, surrealismo, teatro del absurdo, Los Beatles, el inicio del boom latinoamericano en literatura… El peso y el legado de la vieja civilización europea, su arquitectura, música y literatura, en contraste con la visión cosmogónica de las civilizaciones indígenas mexicanas.
Los personajes, de una manera tan sutil que apenas puede llegar a descubrirse al final, representan ideologías, conductas sociales, hechos históricos. Franz, el checo arquitecto y amante de la música clásica, por ejemplo, con sus deslices durante la ocupación y la II Guerra, representa lo que el hombre fue capaz de hacer durante el fascismo.
El intelectual frustrado, que no puede escribir, es mexicano y vive el peso de la cultura olmeca y azteca, su legado, pero también su imposibilidad de darse a conocer entre los grandes – la cultura occidental-.
La idea, el sentimiento, es el de que la vida heroica era posible en esos días… El impulso de esas ideologías le hicieron creer a millones de hombres que el mundo podía cambiar (particularmente las ideas del socialismo), pero el mundo no cambió para nada. Por eso, al final, la frustración. (El último capítulo es una auténtica obra de teatro del absurdo (que la pesqué a tiempo y la pude seguir), una imagen de la inutilidad de todo, de la caída estrepitosa de toda esa riqueza de pensamiento y cultura).
En la página 427 entendí el título. Nunca me había ocurrido demorarme tanto. Los hombres cambian de piel, de conducta, de ideas… y hay algo no limpio en esto.
Casi al final, en la penúltima página, el narrador cita a “un clásico”: hay una tragedia en el mundo pero el mundo debe continuar.
A las 8 de la noche de anoche, una hora antes de finalizar el plazo, entregué mi libraco, pero antes le pasé la mano con suavidad, varias veces. La recepcionista me miró y sonrió.

 

Una respuesta


  1. Sí, no es por echármelas, gente, pero yo ya conocía el sentir de Morella con respecto a Cambio de piel, ¡ja, ja!

    Aparte de esto, no puedo sino comentar que tu profundidad es abrumadora.

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