Y aquí están … Frijolito y Robustiana

Episodio de Frijolito y Robustiana en Radio Caracas TV

He añadido una nueva página a la sección de raíces dedicada a Frijolito y Robustiana, los personajes de un programa humorístico, del mismo nombre, interpretados por Carlos Fernández y mi madre Ana Teresa Guinand,que fue sino el más popular, al menos uno de los más populares de la radio venezolana en los años 1940 y 1950. La ocasión es propicia debido al hallazgo sorpresivo y enormemente grato, de un episodio, recuperado y mantenido por el señor Roberto Puchi, ya fallecido, que la suministró a una lectora de este blog y que tuvo la generosidad de avisarme y enviármela.

Se trata de un aporte indiscutible a la historia de la radio venezolana y un tesoro que no imaginé que podía existir. Les invito a leer la página y escuchar el episodio de Frijolito y Robustiana pulsando en el siguiente enlace:

Y aquí están, Frijolito y Robustiana.

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Unas palabras sobre la derecha venezolana en Florida

A propósito de las elecciones en Estados Unidos, tuve la oportunidad de conocer de primera fuente la opinión de algunos venezolanos sobre el asunto; también recibí artículos de Anibal Romero y Alexis Ortiz en referencia a un eventual triunfo demócrata. Me percaté que había una clara separación entre los venezolanos que llegaron a este país relativamente acomodados, a vivir en Weston, compraron autos y se insertaron rápidamente en el mercado de trabajo y los que han tenido que bregar desde el inicio con la lucha día a día por el reconocimiento a sus capacidades, por levantar una familia, por soportar turnos de trabajo demenciales y evitar perder ahora todo lo que han logrado. Pero también pude comprobar que en las opiniones de los venezolanos bien acomodados predominaban profundos prejuicios, desde raciales a políticos, y una patética marginalidad y provincianismo en los análisis.
Un sector de venezolanos se opuso a Obama y si hubiesen tenido oportunidad de votar (algunos la tuvieron) lo habrían hecho por los republicanos. Están en su derecho, pero lo interesante es conocer sus razones y voy a dar mi impresión acerca de ello.

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Despedida

Mi querida Mary,

Hoy es uno de los días más desoladores de mi vida. Te fuiste. Tú , la llena de vitalidad, de amor por los demás. La voz más dulce, la amiga fiel, sencilla y profunda.
Miro a mi interior y trato de encontrar, de comprender. No puedo. Todos los escenarios imaginables de pérdidas y muertes, pero no tú, el puño en alto, la seguridad en lo que hacías, el horario ilimitado para proteger y cuidar de los demás, la dignidad incorruptible. La que se sacaba del bolsillo unos billeticos arrugados – y duramente ganados – para aliviar mis cargas y la de tantos otros.
Hace 32 años, flacas y enérgicas, tomamos un camino juntas. Golpes, crisis, separaciones, divorcios, cambios de rumbo, pero nada nos separaba. Pasamos todas las pruebas.
Representabas la transparencia de alma. Contigo no había máscaras, ni vergüenzas. Nos mirábamos a los ojos y no quedaba nada por decir, por duro que pareciera.
Ahora, en estos cinco años lejos de Venezuela y de ti, te convertiste en mi salvaguarda. No hay día de mi vida, Mary, no hay prácticamente una actividad o un momento a solas, en que no esté tu voz diciéndome cosas, preguntando otras, riendo con tu manera inocente de reconocer el mundo.
En la distancia, construí un universo sólo para las dos. Pensaba, que mientras no pudiera volver a Venezuela o al fin lograra invitarte a pasarla con nosotros, tú me dabas la fuerza, el amor, el alivio. Pero sobre todo, sentía que así edificaba una nueva manera de seguir siendo tu amiga, que no dejaras de ser mi alma gemela.
He cantado contigo; he bailado salsa sólo para sentirte presente. Hablo contigo mientras hago el mercado; me admiro al ver pasar una ardilla, voy en el carro, descubro algo nuevo en mi nueva vida, y en todos estás tú.
Hace ocho meses, cuando enfermaste, empecé a soñar que nos veíamos en tu casa y nos hablábamos a través de la mirada. En mis sueños, teníamos conversaciones interminables sin el habla, pero siempre estabas en cama o sentada. Nuestros hijos contemporáneos, Edgar Miguel y José Enrique, jugaban alrededor y mientras los observábamos, charlábamos de ellos.
Oníricamente te veía progresando, pero despierta, en las interminables madrugadas sin conciliar el sueño, me mente no hacía más que preguntar: qué pasará por la cabecita de Mary; cómo puede Mary sobrevivir cada día sin poder usar su mayor arma, el habla; qué sentirá Mary cuando su hijo pasa frente a su habitación y ella no puede llamarlo y abrazarlo; cuánto terror tendrá de que su hijo esté sin su abrigo; qué película hacia atrás estará pasando sobre los cuidados no invertidos en su salud. Cada madrugada nuevas preguntas, llanto y desolación.
Una parte de mí quería aferrarse a la idea de que ibas a superar está crisis, como buena guerrera que has sido. Por eso mi último sueño de hace pocos días fue verte (siempre en la penumbra, ahora que hago conciencia, ¿por qué?) hermosa, con tu cabello negro y corto, rejuvenecida, delgada como cuando éramos pavas, vestida tan feminista y tan como yo quería verte. ¡Y hablabas! ¡Esta vez hablabas! Desde el fondo de tu garganta y con esfuerzo, pero nos entendíamos claramente. Te di la mano, pero no hizo falta, con el lado derecho lento y arrastrado, caminaste. Carlos Alberto estaba a mi lado, mirándote con devoción. Nuestros hijos jugaban en el patio.
No voy a poder acompañarte, despedirme, darte una flor. Nada ha sido tan duro como perderte. Un pedazo de mí se va contigo y otro se va al vacío y la oscuridad.
Me acompañarás a hacer mercado, aunque llore. Irás conmigo en el carro, por la vía y por la vida, aunque me deshaga en tristeza. Te consultaré mis cosas y buscaré las respuestas, aunque un río de lágrimas me sobrevenga.
Pero por sobre todas las cosas, escucharé tu voz, mi Mary querida. Me quedaré con tu voz.

Morella

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Adiós, Mary

Nos dimos un último abrazo unas semanas antes de que mi familia y yo partiéramos a Estados Unidos. No fue un abrazo cualquiera. Llegamos hasta la entrada del edificio donde vive mi hermana, en Caracas, y nos vimos a los ojos. Ella sabía que al regresar a Valencia, me esperaba la ida definitiva, el cambio más radical, la ausencia larga, el adiós. Rompió a llorar. Había aguantado todos esos días. Yo había charlado con su padre, Miguel, mi antiguo suegro, como nunca antes. Se lo comenté. Con sus casi noventa, me asombraba la lucidez de sus recuerdos y la valentía de su despedida: “ya no nos volveremos a ver nunca más, Emilio, se acabó” y nos dimos un último abrazo en el que con profunda sinceridad agradecimos a la vida el habernos conocido.

María Alejandra, mi mejor amiga, mi chispa de alegría, mi caja de secretos, mi corazón palpitante y luchador, mi anterior esposa, mi cómplice, mi alumna y mi maestra, ¡ay! se ha ido para siempre sin que le haya podido ver, abrazar y tomar su mano.

Confieso que fue la primera mujer que deseaba, incondicionalmente, escucharme leer poemas, historias, o narrar las peripecias de mis grupos musicales predilectos. Reía como una niña con las diferentes voces que daba a mis personajes, fuese leyendo a Aquiles Nazoa, a mi abuelo o representando las historietas de Asterix y Obelix que le narré una y otra vez, a petición suya. Pero también lograba emocionarla con los Cantos de Maldoror y aquel “Yo te saludo Viejo Océano”. Podía leer el estremecimiento en sus ojos cuando en otro poema decía “Y el huye, huye, pero la mirada del trapero le persigue, con encarnizamiento, siguiendo su rastro en medio del polvo …”

No estuvimos mucho tiempo casados. Apenas un par de años. No peleamos. No sufrimos. Comprendimos, ambos, que entre nosotros se forjaba una amistad indestructible, por encima de cualquier cosa. No sólo fue así, fue más: Morella y Mary se hicieron entrañables.

María Alejandra Bolívar, el único ángel en quien creí, fue luchadora incansable, entregada a la causa de la salud de los trabajadores, como su padre. Mil vicisitudes hicieron de ella una llanera bravía, entregada a su familia y a todos los que la necesitaran. Así la conocí, en el Líceo Andrés Bello, organizando, hablando, dirigiendo. Entonces era delgadita, apasionada, inteligente y sobre todo, vital. Allí donde estuviera parecía que el mundo se hubiera cargado de electricidad, con su excepcional oratoria, que a todos cautivaba y que le permitía desarrollar charlas y clases que atrapaban a cualquier auditorio. Se graduó de periodista y como tal se especializó en lo que más conocía: la salud ocupacional, la defensa del derecho de los trabajadores a protegerse de los efectos y consecuencias del trabajo, la negligencia de las empresas o la parálisis de la burocracia estatal.

Estuve en casi todos los hechos importantes que forjaron su vida. Participé, subrepticiamente en cada uno de sus logros y estuve ahí para darle una mano si me lo pedía. Pero ella era más generosa y entregada y siempre me daba el doble de lo que yo necesitaba. Recuerdo en los tremendos momentos de penuria económica: Mary siempre me daba un sobrecito, muy escondido e íntimo con dinero para mí. Pero más que eso, era mi felicidad en la tristeza, mi brazo en el infortunio y mi ángel de la guarda personal, a mí, escéptico y ateo.

Mary sufrió un accidente cerebro vascular en diciembre del 2006 y perdió uno de sus dones más preciados: el habla. Había prestado mucha atención a los demás y su cuerpo quedó huérfano. Parapléjica, sin habla. La vida, ingrata, no tomó nota de los haberes y hoy, ocho meses después, mi querida amiga, uno de los grandes amores de mi vida ha muerto y aquí estoy, golpeando el teclado mientras caen las gotas de mis ojos, como una lluvia incesante, de tristeza y dolor.

Cuando nos despedimos, aquella tarde en Caracas, no imaginé que el precio de mi venida a Norteamérica sería tan caro. Siempre pensamos, Morella y yo, que cuando tuviésemos una mejor situación, papeles y buenos trabajos, traeríamos a Mary y a su hijo a nuestra casa, reiríamos juntos, pasearíamos y recargaríamos las baterías eternas de nuestro amor. No fue así. No, no.

Hace apenas un par de horas lo supe. Falleció en la madrugada de Caracas. No pudimos hablar más, no pude tomar su mano y decirle que siempre, siempre, siempre, hasta el último aliento de mi vida, estará en mi alma y mi recuerdo. Doy gracias a la vida por haberla tenido tan cerca y dentro de nuestra vida.

Adiós, Mary del alma.

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“El perro que se muerde la cola o cómo cambian los revolucionarios”

La siguiente es una carta al movimiento estudiantil, elaborada por un joven abogado, profesor de la UCAB. Sigo con el tema de RCTV – que es en realidad el tema sobre la libertad de expresión y el abuso del poder – y coincido grandemente con buena parte de las afirmaciones del texto, el cual además, merece ser difundido por su franqueza y su tino para describir a los victimarios de hoy, que alguna vez fueron víctimas. Pero el poder, ¡ah, el poder! es más poderoso que el rey Midas y convierte a todo el que lo obtiene en …

El perro que se muerde la cola o ¡cómo cambian los revolucionarios!


Por Gonzalo Himiob Santomé

Al movimiento estudiantil venezolano

Los pensadores revolucionarios iluministas del Siglo XVIII, de los que se tomaron las ideas para sustentar los diferentes procesos revolucionarios que terminaron con el denominado ancien régime, se caracterizaron por ser pensadores críticos-negativos, racionales-científicos y utópicos-prácticos.

Fueron revolucionarios críticos-negativos porque se enfrentaron a una realidad a la que cuestionaron muy severamente. No sólo formulaban críticas, sino que éstas eran siempre negativas frente a los abusos del poder monárquico y a la manifiesta irracionalidad en el que se sustentaba. Fueron revolucionarios racionales-científicos porque oponían a los valores metafísicos y los dogmas de fe (que por su naturaleza son absolutamente indemostrables) la fuerza de la ciencia y de la razón humana. Y por último, fueron revolucionarios utópicos-prácticos pues se atrevieron a soñar con la utopía de una sociedad distinta, de unas relaciones entre el poder y los ciudadanos diferentes, pero no se contentaron con ello y llevaron a la práctica, a los hechos, sus ideas, consolidando con ello un nuevo poder que es el que dio nacimiento a una nueva forma de sociedad.

Por supuesto, cuando ya estos revolucionarios (o mejor dicho, quienes les siguieron) se consolidaron como la nueva clase dominante (en sustitución del poder monárquico) modificaron su pensamiento, que pasó de ser iluministas a (en grandes rasgos) positivista. Esto es, en vez de ser el nuevo pensamiento crítico-negativo, racional científico y utópico práctico, comenzó a ser sólo racional, científico y práctico.

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