Siete vueltas y dos niños.

Intento manejar bicicleta todos los días –bueno al menos 4 ó 5 de la semana– como forma no sólo de diversión sino por mi salud. Pero el verano, que siempre comienza antes en la Florida, me lo hace un oficio más pesado.  Hace unos días salí a dar mis vueltas alrededor del lugar donde vivo. Me toma 5 minutos aproximadamente dar un giro completo. Por ahora doy 7 vueltas. A las 6:45 de la tarde el sol floridiano todavía castiga duramente. Las calles están absolutamente iluminadas y muchos niños salen a jugar con sus bicicletas, patinetas, triciclos. En los años que hemos vivido en este lugar hemos visto aumentar y disminuir la cantidad de pequeños en los jardines y calles. Como las mareas que suben y bajan, tales oscilaciones obedecen a la rápida rotación de gente que pasa por aquí. Somos de los pocos que hemos permanecido viviendo en el mismo sitio por tanto tiempo (seis años ya). Con la crisis económica y la recesión la “movilidad” ha aumentado. Es triste ver grupos de chiquillos que se hacen tan amigos y de pronto se separan … se van para no regresar. Generalmente para ir a un lugar más difícil, con menos posibilidades y más riesgo.

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Morir por Wal-Mart

“Murió en el cumplimiento de su deber”, así reza la frase, casi transformada en lugar común, cuando algún abnegado personaje, cae muerto, ejerciendo su trabajo. Tal cosa es, ni más ni menos, lo que ocurrió al humilde empleado de la tienda Wal-Mart en Nueva York que murió arrollado por un estampida de compulsivos y desesperados compradores que esperaban anhelantes la apertura de las puertas del comercio, en vísperas del aquí llamado Black Friday, día de rebajas especiales, posterior al “Dia de Acción de Gracias” y sello inconfundible del inicio de las compras de navidad.
Jdimytai Damour, el infortunado empleado, abrió las puertas, tal vez con temor, sabiendo que afuera, como es habitual, esperaba una turba ansiosa de penetrar a como diera lugar, para “aprovechar” las rebajas, en una carrera contra todos, donde el lema es “debo llegar primero, por encima de los demás”. La multitud, aguijoneada por las tiendas, que estimulan los más bajos apetitos de compra, que exaltan la necesidad de adquirir lo innecesario, que promueven el “ahora o nunca”, prorrumpió doblando rejas de hierro y pisoteando a cuanto ser se les atravesara. Damour cayó y sus compañeros intentaron ayudarlo inútilmente. Las masas, cada vez más ajenas a su condición humana y más parecidas a las ratas de laboratorio, protestaron cuando los encargados de la tienda decidieron cerrar el establecimiento ante la muerte del empleado. La turba es responsable. Todo el que haya estado allí, corrido como un desalmado y empujado a sus semejantes es responsable, aunque sea indirectamente, de un crimen. Pero no es menos cierto que los principales criminales son quienes han echado leña al fuego de las compras, estimulado la locura para promover las ventas, no protegen a sus empleados y luego sonríen agradecidos a los imbéciles que van a comprar lo que sea, aunque el precio sea mucho más caro que el habitual: al costo de la dignidad humana.
¿Será que somos nosotros los que no somos humanos?

Fuentes:

En CNN (Inglés), aquí.
En Español, aquí.

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Unas palabras sobre la derecha venezolana en Florida

A propósito de las elecciones en Estados Unidos, tuve la oportunidad de conocer de primera fuente la opinión de algunos venezolanos sobre el asunto; también recibí artículos de Anibal Romero y Alexis Ortiz en referencia a un eventual triunfo demócrata. Me percaté que había una clara separación entre los venezolanos que llegaron a este país relativamente acomodados, a vivir en Weston, compraron autos y se insertaron rápidamente en el mercado de trabajo y los que han tenido que bregar desde el inicio con la lucha día a día por el reconocimiento a sus capacidades, por levantar una familia, por soportar turnos de trabajo demenciales y evitar perder ahora todo lo que han logrado. Pero también pude comprobar que en las opiniones de los venezolanos bien acomodados predominaban profundos prejuicios, desde raciales a políticos, y una patética marginalidad y provincianismo en los análisis.
Un sector de venezolanos se opuso a Obama y si hubiesen tenido oportunidad de votar (algunos la tuvieron) lo habrían hecho por los republicanos. Están en su derecho, pero lo interesante es conocer sus razones y voy a dar mi impresión acerca de ello.

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La mirada del triunfo

Un océano de gente en ChicagoDormí apenas poco más de tres horas. Emoción y expectativas pudieron más que la necesidad del sueño, y a las seis de la mañana, sonámbula, apagué el despertador, me levanté y nuevamente como una drogadicta de felicidad, prendí el televisor para seguir bebiendo de lo que ya sabíamos significaría un cambio histórico nacional y mundial: el triunfo de Barack Obama en las elecciones de Estados Unidos.

“Ha tardado tiempo en llegar…”

Un joven soldado americano en Afganistán – aún antes del amanecer para ellos – declaraba a la corresponsal Bárbara Starr: “nunca en mi vida pude imaginar que al fin llegaríamos a llevar a cabo la igualdad en nuestro país (…) No tengo palabras para describir lo que siento (…) Este es el triunfo de la igualdad y estoy orgulloso de mi nación”.

Rompí a llorar. No lo hice anoche, ni durante estos últimos días en que el triunfo venía acercándose ciertamente. Mi llanto fue al fin el chorro de emociones contenidas, pero por encima de todo, el reconocimiento de que ninguno de nosotros, los que nos hemos quedado sin empleo, los que no podemos dormir porque hemos dudado acerca del mañana de nuestros hijos, los que perdieron sus casas y quedaron en las calles, los que enferman y no tienen con qué pagar la atención médica… ninguno está sufriendo tanto como los soldados y sus familias a causa de la guerra en la que los embarcó Bush bajo una gran mentira.

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Obama, el hombre del siglo XXI

Hemos tenido el privilegio, mi familia y yo, de ser testigos y humildes partícipes de un hecho histórico: el triunfo de Barack Obama en la contienda presidencial de los Estados Unidos de América. La profunda sensación en aquellos que le apoyamos es que no se trataba aquí de luchar solamente por el cambio de las nefastas políticas de los últimos 8 años, había algo más.
Varios meses atrás, cuando Obama aún se enfrentaba en las Primarias por la nominación, un amigo venezolano me comentó que numerosas personas le habían dicho que no había esperanzas de que “el moreno” ganara. Entonces le respondí que el fenómeno de Obama no era simple y llanamente una candidatura más, que tras él se expresaba un proceso social que crecía exponencialmente y que iba más allá de lo coyuntural para transformarse en histórico.
Obama hizo historia casi desde el momento en que se convirtió en pre-candidato presidencial con posibilidades, porque, contra todos los pronósticos, siendo afro-americano, con un nombre ajeno a la cultura y las raíces de la Nación, con un padre africano, y una niñez vivida en diversas partes del mundo, logró capturar el sentido de esperanza y de cambio de un sector masivo del pueblo norteamericano, el sector más dinámico, cosmopolita, universal, del pueblo de Estados Unidos; tal vez, me atrevo a decir, la semilla de los nuevos ciudadanos del siglo XXI, cuyas voces y expectativas quedaron ahogadas tras los atentados del 11 de septiembre y el profundo retroceso de la civilización y la razón en casi todas las esferas del país, de la mano del terror del terrorismo y del miedo sembrado por el gobierno.
Barack Obama ha sido electo presidente en un claro momento de hecatombe y degradación nacional y mundial. El proceso que le ha llevado al poder ha contado con una vanguardia de jóvenes y ciudadanos para quienes los valores de la democracia, la libertad, la paz, el sentido de globalidad, los derechos humanos, el clima del planeta, son parte indispensable de la lucha por un mejor porvenir. Es el desafío por cambiar el desastroso rumbo que tomó nuestro siglo XXI. Es un faro apenas; un esbozo de inicio; pero gritado con fuerza y firmeza.
Las lágrimas de los afro-americanos que anoche lloraban su felicidad, son lágrimas que arrastran consigo la certeza de que ha nacido un nuevo mundo. Apenas hace 53 años no podían sentarse de igual a igual con un blanco en un autobús, o asistir a las mismas escuelas. Hoy, millones de blancos, latinos y afromericanos, unidos como un solo ser, dieron su confianza y su voto a un hombre sin importar el color de su piel. Sus hijas vivirán en la Casa Blanca. Eso no acaba con los racistas, pero ellos son ahora más que nunca la expresión del pasado, de la incomprensión, del atraso cultural y la ignorancia. Ha triunfado el nuevo ciudadano del siglo XXI.
El hombre que presidirá a nuestro país es el más global de los presidentes que jamás haya tenido los Estados Unidos. Pareciera ser una síntesis de culturas, razas, religiones. Ha triunfado el nuevo ciudadano del siglo XXI.
Nada está garantizado. Le toca al presidente Obama afrontar los enormes obstáculos del mundo que vivimos. Probablemente sufriremos más. Habrá nuevos sacrificios. Esperamos contar con que el gobierno de esta nación nos dé el abono y las máquinas para sembrar de futuro el presente y torcer el rumbo del siglo.

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