El retorno

Time Square 1937

“En recuerdo de mi padre, Emilio Ortiz, ahora que nos vamos a vivir a Nueva York”

El 29 de octubre de 1938 mi padre dejó la ciudad en la que había vivido la mayor parte de su vida para inaugurar una aventura musical que cambiaría su destino. Atrás quedaba pues Nueva York, el Bronx, las borracheras con los otros músicos, durante y después de la “ley seca”. En alguna parte de la metrópolis quedaban dos hijos pequeños y una mujer que le amó. Sus hermanos no le volverían a ver jamás y el duro mundo de aquel osado inmigrante boricua se disiparía en una Venezuela alegre, provinciana e ingenua, que le recibiría y regaría con el elixir del amor y la prosperidad.

El “nuyorrican” Emilio Ortiz se fue, así no más, con su mezcla de caribe y sabor de urbe cosmopolita, con el amargo de la papa-nycdiscriminación de West Side Story y el dulce aroma de las notas sacadas a aquellas cuerdas, de una guitarra con sangre latina.

En un extraño devenir de circunstancias, un rastro de su sangre vuelve a las calles que pateó más de una vez. ¿Por cuántos de esos rincones deambuló? ¿En cuántas noches se asomó un atisbo de futuro en su mente e imaginó un porvenir de descendientes?

Tengo una sensación extraña, de nostalgia, descubrimiento y sorpresa. En cierta forma presiento que el cierre de un círculo viaja de mi mano. Como un magneto que atrae sin piedad a una brizna de hierro, voy a ti, Nueva York. En algún lado de la ciudad corren gotas de la misma sangre que viaja por mis venas.

Creo que siempre quise volver.

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Los derechos humanos, según “la migra”

Los agentes federales se presentaron el 6 de marzo en las instalaciones de la fábrica Michael Bianco Inc., situada a casi 100 kilómetros de Boston. La empresa, una contratista al servicio del ejército, fabrica morrales y otros accesorios para los soldados. Hasta allí llegaron pues, los agentes federales a cazar inmigrantes ilegales y con éxito: se llevaron detenidos a 360, muchos de ellos mujeres, sin permitirles comunicarse con sus familias, hasta por tres días, tiempo en el que algunos niños se vieron desamparados y afectados profundamente. A pesar de que los agentes de inmigración alegaron haber tomado las “previsiones” necesarias para evitar traumas familiares, la realidad – para variar – mostró un panorama muy diferente. Un bebé lactante fue hospitalizado por deshidratación, luego que rehusara sistemáticamente el alimento en biberón; un niño de 7 años llamó a la línea de emergencias para preguntar por su madre, en tanto otros casos explotaban en la cara de una agencia para la cual los derechos humanos de los inmigrantes son secundarios. Algunos de los niños de estos inmigrantes son ciudadanos norteamericanos (nacidos aquí). El asunto fue tan grave que el gobernador de Massachusetts, Deval Patrick, afirmó que la redada había conducido a una crisis humanitaria. Entre tanto el senador John Kerry enviaba una carta al Jefe del Departamento de Homeland Security, exigiendo una investigación, mientras el también senador Edward Kennedy desacreditaba a “nuestro maltrecho sistema de inmigración” y declaraba que el gobierno no tiene ningún plan para identificar y ayudar a los niños que quedan solos.

De acuerdo con las denuncias, entre 150 y 200 niños quedaron separados de sus padres. Han sido los vecinos y amigos los que han reaccionado para tratar de paliar en algo la crisis. Ayer, 17 de marzo, una concentración de 800 ciudadanos en la localidad de New Bedford (donde ocurrieron los acontecimientos), escucharon los testimonios de miembros de las familias afectadas, en un evento denominado ¿Dónde está mi madre? También hay una carta abierta al senador Ted Kennedy (D-Massachusetts) y al representante Barney Frank (D- Massachusetts), solicitándoles promover un conjunto de medidas para proteger a los inmigrantes y sus familias y ejercer la justicia contra el dueño de la empresa que sometía a los trabajadores a condiciones miserables e inhumanas. Las investigaciones efectuadas hace meses en la empresa Michael Bianco Inc., revelan que los empleados eran multados con 20 dólares por hablar o pasar más de dos minutos en el baño y se les despedía por acudir dos veces al baño en un turno completo. Algunas de las faenas requerían coser y coser y coser durante toda la jornada de trabajo a razón de 7 dólares por hora.


Enlaces:

Página de MIRA( Massachusetts Immigrant and Refugee Advocacy Coalition)

The Huffington Post

Créditos de la foto:
Obtenida del sitio de MIRA

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Los nuevos parias

Los nuevos pariasEl mundo globalizado, cuyas fronteras desdibujan las corporaciones y la tecnología, tiene no obstante, la vana intención de repeler y constreñir en sus infiernos a aquellos pobres y maltratados que huyen de sus miserias y cometen el terrible crimen de luchar por su dignidad, su bienestar y el de sus descendientes. Ellos marchan por la misma motivación que ha movido a millones de seres humanos a lo largo de la historia: la búsqueda, la aventura, la lucha, en tierras desconocidas, sea huyendo de las tierras congeladas, de otras tribus, de la persecución religiosa, de la muerte de los campos de cultivo y el reino del hambre, de las villas miseria descompuestas, nidos de promiscuidad y matonaje; del terror policial de los gobiernos totalitarios.
La magnitud del desastre de una humanidad pobre, enferma y segregada, en el mundo de hoy, es directa consecuencia de la expoliación a que fueron sometidas gran parte de sus naciones de origen. No pocas de las riquezas de la moderna Europa fueron construidas con el sudor y el esfuerzo de países sometidos. África es uno de los mejores ejemplos de ello, aunque también podríamos incluir a unas cuantas naciones asiáticas. Los pueblos sometidos, en muchos casos, debieron asumir el idioma de los conquistadores: inglés, francés, italiano, por mencionar el paso de los otrora imperios sobre África y Asia.

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Ecuatorianos por su dignidad

Desalojo de Consulado ecuatorianoHace un par de semanas escribí una nota sobre un incidente, en el Consulado de Ecuador en Madrid, en el que un grupo de ecuatorianos, que exigían pacíficamente que se les atendiera, fueron desalojados por la policía española a petición del Cónsul. En aquél momento, la noticia difundida por la EFE daba cuenta de tres mujeres sacadas a la fuerza del recinto consular, mientras el Cónsul señalaba que en la tarde todo se “olvidaría” pues jugaban Ecuador y Costa Rica en el Mundial.
Una de las jóvenes arrastradas a la fuerza me ha escrito un comentario y me ha enviado información acerca de lo ocurrido. Particularmente me parece inaceptable que el Cónsul de una nación solicite la intervención de la policía de otro país para someter a sus compatriotas. Más aún cuando él no dio la cara para responder a las exigencias del grupo de personas que requerían sus documentos.

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El 1938 de mi padre

New York City, 1937He proseguido con mis investigaciones sobre mi padre. En breve voy a publicar un par de notas relacionadas con él. Me interesé por encontrar imágenes cercanas o del mismo año en que salió de la ciudad de Nueva York, donde residía. Abandonó los Estados Unidos un 26 de octubre de 1938. Apenas unos años antes, Norteamérica había sido sacudida por una formidable depresión económica. José Emiliano Ortiz Guzmán llegó a Venezuela, con su guitarra de músico, sus zapatos de dos colores, un bigotito fino y el sabor del Caribe en su sangre.
La zona de la ciudad que él había dejado atrás, era una mezcla de regiones, con fronteras apenas discernibles, entre los barrios de judíos, polacos, italianos, puertorriqueños, afro-americanos, rusos, luchando por abrirse paso, afincarse, defenderse y construir una nueva vida, al menos para sus descendientes. La pobreza, el trabajo duro, la violencia de la calle.
He encontrado estas fotos de la Nueva York de 1937. Forman parte del catálogo de imágenes de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, en la sección de American Memory – America from the Great Depression to World War II (1935 – 1945) – Documenting America. Algunas fueron tomadas unas calles más allá de donde vivía mi padre. Ese fue su mundo durante unos años y así lo dejó cuando partió, aquel lejano octubre, 68 años atrás.

Crédito de la foto: Library of Congress, Prints & Photographs Division,
FSA-OWI Collection, [reproduction
number, LC-USF3301-006712-M3 DLC (b&w film dup. neg.)]

Autor: Evans Walker

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