Peleando con el servidor, en fin de semana

Ha sido un fin de semana fastidioso. Aquellos que me visitan con regularidad lo habrán notado: la bitácora estuvo ausente de la red por casi día y medio producto de mis trasteos con el servidor. Nuevamente, el culpable soy yo quien – reincidente al fin – quise actualizar el sistema. Al final lo logré pero por poco muero en el intento. Sigo convencido de que uno de los puntos más flacos de las distribuciones Linux es la actualización. Un par de errores en un simple programa, que probablemente bajó corrupto de la red, y todas las horas del proceso se fueron al caño y el sistema quedó – como decimos en el mundillo – “roto”. Me ha costado horas de horas reponerle y sanearlo, y evitar verme obligado a instalar desde cero (cosa que hace años que no hago).
Bien, ahora estamos en Ubuntu Dapper. Ojalá pronto pueda mudar mis cosas públicas a un buen servicio de hospedaje, no por Linux, que lo ha hecho muy bien, sino para liberar mi máquina de la esclavitud de ser web-server. Disculpas a todos. ¡Ah! Se habrán percatado del bajón de mis notas. También perdonarme, no he tenido mucha cabeza íntima. Después de lograr la ciudadanía se ha abierto una nueva realidad a la que tengo que adaptarme.

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