Pausas y andanzas

¿Les ha pasado alguna vez sentirse como si estuviesen en ninguna parte, fuera de tiempo y lugar, esperando por cambiar algo que lo cambie todo? ¿Como ir viendo por la ventana del tren imágenes siempre iguales, una y otra vez, esperando aquella diferente, la que rompa la monotonía y nos anuncie otro destino? Cuando mi familia y yo comenzamos este periplo que nos trajo a los Estados Unidos lo hicimos con 39 dólares en el bolsillo. Es difícil creer, pero así fue. Los bolsillos vacíos y las esperanzas abultadas. No imaginábamos la de problemas que nos esperaban por delante (de haberlo intuido no estoy seguro de haber querido continuar). Hemos conocido el mundo de los inmigrantes más de lo que hubiera imaginado jamás. Vienen a mi memoria aquellos vendedores de helados en Venezuela, parias procedentes de Haití. O aquellos viejos tiempos en que se estimulaba el desprecio por los colombianos, acusándoles de todos los males de la sociedad.

Nuestra vida ha sido interesante, es cierto. Tanto aquella que apasionadamente tuvimos cuando éramos jóvenes, como la que en la madurez nos ha tocado enfrentar. Ahora que lo veo, ha sido un reto permanente, y a pesar de que me catalogo a mí mismo como un escéptico incurable y amigo habitual de la depresión, no es menos cierto que hay que tener un enorme optimismo para la andadura.
Mis amigos lectores no tienen idea de cómo hemos vivido. En no pocas ocasiones escribo la bitácora entre pausas y andanzas, obligando a mi mente a obligar a mis manos a escribir. No porque no quiero a la bitácora, ¡al contrario! , pero en ella pongo mis sentidos, mi corazón. Estoy de paso en Orlando, de ello estoy seguro, pero no sé a dónde vamos a ir a parar mañana. Estoy sin trabajo, pero agobiado con los problemas relativos a legalizar a mi familia, el pago de la renta o cuadrar cada centavo para los alimentos de la próxima semana. Sé que voy a lograr un buen trabajo, ojalá con mi querido Linux, pero no sé cuándo y en qué ciudad. El hoy es apenas una pausa, andando. Una extraña mezcla de cosas efímeras, más efímeras que nosotros. Mañana puede ser nunca o tal vez algo mejor. En eso estamos.

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