Notas polacas

En estas dos semanas he visto pasar un conjunto de temas que hubiese deseado abordar en Extemp”F”oraneo, pero los días pasan, como el paisaje visto por la ventanilla de un tren, y algunos episodios quedan atrás y no podemos asirlos de la misma forma, una vez que nuevos sucesos se agolpan en las estaciones que pasan frente a nuestras narices; pero hay dos hechos singulares, ambos relacionados con Polonia, que no quiero ni puedo dejar de mencionar, así que, aunque sé que con mucho es una noticia vieja ya en la red, aquí va la primera nota:

En memoria de Rutka Laskier


Ahora tendría 78 años. Habría, con bastante probabilidad, tenido hijos y nietos. Habría amado y sufrido, como todos amamos y sufrimos, los dos ingredientes que se entremezclan en la suma de momentos de nuestras vidas. ¿Qué habría estudiado? ¿Cuánto mundo habría conocido? Tenía derecho a soñar, todos lo hacemos. Aun a pesar del hambre, la miseria, las calles rotas o los muros de la segregación y la estupidez, podemos soñar. Rutka Laskier era judía, tenía catorce años y desgraciadamente vivía en Polonia, en 1943, ocupada por los Nazis, la cual se habían repartido previamente con Stalin, sólo para luego dar un zarpazo a su “aliado temporal” e invadir la Unión Soviética. Los polacos fueron víctimas dobles, del nazismo y el stalinismo en ese entonces. Los judíos polacos fueron los parias. Los nazis se ensañaron contra ellos y los concentraron en el llamado Gueto de Varsovia, al cual aislaron del mundo con un muro y alambre de púas (algo que los judíos no deberían hacer a nadie, jamás). Allí quedaron a merced del hambre y las enfermedades. El Gueto se levantaría contra los nazis y tras lograr algunos avances, sucumbirían a la ira de Himmler quien ordenaría quemar los edificios y destruir los refugios. La población del Gueto fue sistemáticamente aniquilada, enviada a los campos de exterminio, a trabajos forzados (hasta morir) o a las fábricas a laborar como mano de obra esclava.
Rutka vivía allí, con sus catorce años a cuestas, la edad de mi hijo menor. Testigo de la barbarie que observaron sus ojos, escribió un diario de 60 páginas durante cuatro meses. Algunos de sus párrafos retratan el horror:

“Yo simplemente no puedo creer que un día me será permitido dejar esta casa sin una estrella amarilla. O aún que esta guerra terminará algún día. Si esto ocurre probablemente enloqueceré de júbilo”. […] ” La poca fe que yo acostumbraba tener se ha resquebrajado completamente. Si Dios existiera, él ciertamente no habría permitido que los seres humanos fuesen lanzados vivos a hornos ni que las cabezas de los pequeños bebés fueran rotas con la culata de las armas, ni ser empujados dentro de sacos y gaseados hasta la muerte”.

Rutka presentía, día a día, que la muerte rondaba cerca, de la mano de los nazis:

“La soga alrededor nuestro se está haciendo más y más apretada. Me estoy conviertiendo en un animal esperando morir”.

El 24 de abril de 1943 escribió por última vez. En la anotación advierte que escondió el diario en el sótano de la casa. En agosto ella y su familia fueron transportados al campo de concentración de Auschwitz y se piensa que fue asesinada inmediatamente. Durante sesenta años el diario permaneció oculto en las manos de Stanislawa Sapinska, dueña de la casa donde vivió Rutka y a quién conoció durante la guerra. Sapinska, con 80 años de edad, fue convencida por su sobrino de que debía revelar la existencia del diario, que ahora, tras ser autenticado por las autoridades judías, ha sido publicado en polaco, hebreo e inglés, con el nombre de “El Libro de Notas de Rutka”.

Quizás el párrafo que más me haya estremecido sea este:

“Si sólo pudiera decir, se acabó, tú sólo mueres una vez. Pero no puedo, porque a pesar de todas estas atrocidades yo quiero vivir, y esperar por el día siguiente. Eso significa esperar por Auschwitz o el campo de trabajos fozados”.

En otra parte de Europa, otra niña judía de 14 años, registraba su vida en forma de diario; el mismo se transformaría en un conmovedor testimonio de la guerra y la barbarie. También sucumbió en el Holocausto. Se llamaba Ana Frank.

(Traducción libre hecha por mi)

Enlaces:

Nota en The Guardian

Entrada en Wikipedia

3 comentarios

  1. Todavía cuesta no taparse los ojos al leer como para evitar ser testigo de tales atrocidades, aun en papel o en la pantalla. Me pregunto si puede repetirse? cuando? podemos prevenirlo?

  2. Oscar Unamuno

    Olvidar hechos como estos seria apoyar a este terrible movimiento que sin duda alguna muestra lo peor de nosotros los seres humanos. Que triste es saber que millones de personas fueron forzadas a ‘creer’ en este movimiento y por consecuencia millones de judíos, serbios, homosexuales, y muchas otras grupos sufrieron y eso es sin contar los millones de soldados que perdieron su vida en ambos bandos defendiendo ideas ajenas de políticos cegados por el imperialismo, el nacionalismo y el poder. ¿Podemos evitar estos hechos en el futuro? La respuesta creo que esta en nuestras manos.

  3. priscila arvizu

    Es increible ver todas esas imagenes leer todos esos libros donde nos narran todo lo que paso en los holocaustros etc… esque no cabe en la imaginacion tanta infamia. Como pudieron hacer eso… si todos somos iguales no hay niguna raza superior… pero es increible como la mayoria uncaperdieron la fe ni las esperanzas y garcias a ello sabemos todo lo que paso .. hay no hay palabras…!!

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