Nostalgias, Caracas, el Ávila y el tiempo

Cerro Ávila, Caracas.Recuerdos. Sombras de los momentos. Rocío de lugares felices, de besos, de sonrisas, de viejas palabras y olores amables.
Tardes iluminadas. La luz de un tibio rayo atravesaba mi ventana. Acostado boca arriba, miraba el techo de mi habitación, viendo en él un futuro ilimitado de posibles logros. La Luna, Marte, Andrómeda, estaban esperando allí.
Cada rincón, cada sombra, cada espacio, tenía un nombre y una esperanza. Mi madre me amaba, mi cama era el cielo; mis libros, compañía íntima; mis amigos, para toda la vida.
Todos los días, siempre que lo deseara, me sentaba en el balcón a observar el ánimo del Ávila. Oscuro, sobrio; brillante, alegre; azulado, presagio de lluvia y nostalgias. Más de una vez me pregunté, desde ese punto, qué sería de mi vida cuando todo pasara. Cómo sería el mundo cuando ya no mirara mi montaña desde ese ángulo.
El hogar sucumbió. Más temprano que tarde se derrumbaron mis amores y mi Caracas se transformó en una extraña que dejé de reconocer.
Sólo recuerdos, nostalgias, anhelos sembrados en otros campos. Hoy desperté con ellos en el corazón porque el sueño me revolvió la memoria. Allí quedaron, Caracas, el Ávila, mi madre.

Un comentario

  1. Me provocó enviarte un beso al terminar de leer lo que escribiste.

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