La mirada del triunfo

Un océano de gente en ChicagoDormí apenas poco más de tres horas. Emoción y expectativas pudieron más que la necesidad del sueño, y a las seis de la mañana, sonámbula, apagué el despertador, me levanté y nuevamente como una drogadicta de felicidad, prendí el televisor para seguir bebiendo de lo que ya sabíamos significaría un cambio histórico nacional y mundial: el triunfo de Barack Obama en las elecciones de Estados Unidos.

“Ha tardado tiempo en llegar…”

Un joven soldado americano en Afganistán – aún antes del amanecer para ellos – declaraba a la corresponsal Bárbara Starr: “nunca en mi vida pude imaginar que al fin llegaríamos a llevar a cabo la igualdad en nuestro país (…) No tengo palabras para describir lo que siento (…) Este es el triunfo de la igualdad y estoy orgulloso de mi nación”.

Rompí a llorar. No lo hice anoche, ni durante estos últimos días en que el triunfo venía acercándose ciertamente. Mi llanto fue al fin el chorro de emociones contenidas, pero por encima de todo, el reconocimiento de que ninguno de nosotros, los que nos hemos quedado sin empleo, los que no podemos dormir porque hemos dudado acerca del mañana de nuestros hijos, los que perdieron sus casas y quedaron en las calles, los que enferman y no tienen con qué pagar la atención médica… ninguno está sufriendo tanto como los soldados y sus familias a causa de la guerra en la que los embarcó Bush bajo una gran mentira.

Los ojos marrones de este soldado, su valor, su emoción apenas contenida por el deber militar y el cuidado a no ser etiquetado como un anti-patriota, los llevaré conmigo por el resto de mi vida como el símbolo del momento en que recupero cierta esperanza en el porvenir.

Yes, We can, hacer que los soldados vuelvan a casa; que los primeros pasos para la paz se libren en Irak; que el nuevo gobierno enderece la hecatombe que generó, tanto en Irak como en Afganistán.

Recordé lo que dijo Obama en su extraordinario discurso: “Mientras estamos aquí esta noche, sabemos que hay estadounidenses valientes que se despiertan en los desiertos de Irak y las montañas de Afganistán para jugarse la vida por nosotros.”

Efectivamente, “la esperanza de un día mejor (…) Ha tardado tiempo en llegar, pero esta noche, debido a lo que hicimos en esta fecha, en estas elecciones, en este momento decisivo, el cambio ha llegado para Estados Unidos”. (Discurso de Obama).

No more shyness.

Una de las cosas que más me sorprende y me produce una mezcla de extrañamiento y admiración, es la timidez del pueblo americano. No saben qué hacer ante lo “nuevo que toca emociones”, lo extraño, lo que se sale de la intimidad y su pequeño cuarto de desnudez emocional. Con frecuencia bajan o esconden la cara si alguien ríe estrafalariamente, baila o hace algo llamativo en público. Miran a otro lado para que no creas que te han observado y sobre todo, para que no pienses que te juzgan, critican o segregan. Si no te conocen profundamente, no suelen atreverse a acercarse demasiado, tocarte y menos abrazarte. En gran medida los americanos son “shy”, van por la vida con su inmensa timidez, inocencia y respeto por el otro, el desconocido. No son cerrados, no actúan así por rechazo; son como niños frente a alguien o algo inexplicable, desconocido, incluso fascinante, pero intimidante.

Hace poco conocí a un joven americano. Al cabo rato había entablado con él una de esas relaciones de las que sólo entre latinos podemos emprender y conquistar en un tris, y acompañaba el confianzudo tema con esa típica tocadera nuestra. Unas horas después me confesó: “Nunca seré como ustedes (los latinos). Estoy anonadado. Ustedes se tocan, se abrazan, se besan. Nosotros no; al menos no con todo el mundo, sino con gente íntima. Los envidio. We are so shy!

Lo que presenciamos anoche, la noche del triunfo de la esperanza y la expectativa de cambio, dejó atrás la timidez americana. Chicago se colmó con 250.000 personas de todas la edades y colores. Los gritos, el escándalo propio de mi gente latina, el bonche, el baile, el desparpajo, la extroversión y el abrazo al desconocido, fueron los signos de un pueblo inmensamente feliz, desbordado de su propia timidez.

He pasado horas interminables mirando las escenas de la fiesta de Babel, todo un pueblo que rompió las barreras y las diferencias, para reír y llorar juntos, sentir que no hay fronteras.

Sentido de pertenencia.

Esta es una nación multicultural, multiracial. Nunca como hoy, un proceso electoral reflejó este hecho; es un nuevo elemento de la realidad, América es otra, es un pedazo del mundo bajo un confín. Siendo más precisos, es un elemento nuevo en la conciencia social.

El resultado electoral y específicamente el movimiento humano que produjo, es una fotografía de la composición absolutamente mixta, colorida, diversa, de un sentimiento y una conciencia de la necesidad de algunos cambios. Fui una observadora atenta y cabal de toda la contienda durante más de 11 meses. Como no logro un empleo, conseguí un oficio, el de antropóloga social de lo que, comprendí, sería un acontecimiento histórico, no sólo por el hecho del voto – que también -, sino por lo que se movía, mueve y moverá en el fondo.

En esa confluencia de culturas cada quien tiene su background, el legado que le empuja a luchar y hacer honor. Los afroamericanos llevan la batuta de todos. De ellos es el mayor triunfo y siento verdadero orgullo y extraordinaria complacencia por la reivindicación de sus antepasados esclavos, de los que hasta hace apenas una corta mirada histórica fueron segregados y de los que son aún expulsados o minimizados de la mejor educación y puestos de trabajo.

Los latinos (o hispanos) agregamos nuestro propio condimento a un país que ya es bilingüe y en el que conformamos la segunda minoría. Pero dedicaré artículo aparte a nuestro aporte. Particularmente vengo de una familia de clase trabajadora; crecí y me formé mientras observaba a mis padres entregar parte de sus vidas en el trabajo por el bien de la comunidad y mi país. Me inicié como voluntaria en la comunidad a los 12 años. Trabajé con comunidades indígenas más tarde, con los sectores desposeídos, con adolescentes desertores del sistema escolar. Fui feminista en mis veintes. Me convertí en docente y con abnegación dediqué todos los años de mi vida – hasta el día que emigré – a enseñar, a menudo ad honoren.

Con todo y las enormes dificultades de ser inmigrante y de aprender el idioma, he sido voluntaria en dos escuelas desde que arribé a Florida. No me ha costado adaptarme; no me siento totalmente inmigrante, salvo porque sufro los embates del hecho de formar parte del último escalón social y no lograr aún reconocimiento a mi experiencia, profesión y bagaje cultural. Sin embargo, me he considerado, sentido, ciudadano del mundo desde la temprana juventud; creo en el ser humano, me apasiono por la historia de los pueblos y su cultura, me miro a mí misma inmersa como uno más en cualquier rincón del mundo.

Anoche, iniciando el 5 de Noviembre de 2008, a las 12:16 am, recibí un email de Obama… En él me decía que justo antes de salir a hablar a la multitud reunida en Grand Park, Chicago, quiso escribirme a mí primero para darme las gracias por ayudar a hacer historia; por haber colaborado en la campaña. Me pedía que no olvidara cómo lo habíamos hecho. Cerraba luego diciendo: “All of this happened because of you. Thank you, Obama”.

Sabemos que Obama no escribió ese cálido email y que los millones que aportamos, mucho o poco, recibimos las mismas envolventes palabras dirigidas a nuestro nombre y firmadas con su nombre de pila, como un soldado más.

Es el tono, la delicadeza de una carta que se siente personal; la manera de romper con la distancia propia de un presidente y sus electores; la confirmación de que, también con la comunicación diaria que se estableció vía Internet y teléfono se abrió un precedente único. Un detalle delicado y significativo.

Luego salió a hablar a la multitud. Fue el discurso, su trascendencia histórica; los ojos y el rostro de Obama distintos, como de un hombre preocupado o que había llorado; ya no era la sonrisa y la mirada alegre y triunfadora. Perseguí su gesto, su media sonrisa, una ligera mueca en hipérbole; hurgué en el nuevo Obama que la noche histórica nos brindaba, el que al parecer acababa de percibir que lo que le espera es duro y que su sueño y el nuestro no será fácil de tocar. O quizás también, el hombre que había perdido a su abuela hacia sólo un día, y la circunstancia no le había dado tiempo de asumir. Fueron las lágrimas de tantos ciudadanos afroamericanos que al fin veían reivindicados sus ancestros. Y al final, fue la mirada, el valor y la emoción del soldado en Afganistán. Me sentí un americano más.

Morella

3 comentarios

  1. Igualmente se sentirán muchos, más ahora que antes. Igual me he sentido yo. Ahora, para los grupos que viven al margen: los blancos empobrecidos hasta la miseria, los negros indirectamente excluídos y segregados, las minorías inmigrantes rechazadas y estereotipadas, nuestro país debe vernos también como sus ciudadanos, no un tipo diferente de ciudadanos, dentro de un esquema de categorías y niveles, sino como individualmente únicos, parte de un océano de 300 millones de diversos mundos, todos tras «the pursuit of happiness» (la búsqueda de la felicidad) como nos otorga el derecho nuestra existencia, y la constitución de los Estados Unidos. Así, entonces podrán mis padres ofrecer toda esa acumulación de experiencias, ensayos y errores, visiones y energía, que se han echado al hombro y han traído consigo para sembrarlos aquí.

  2. Volvi a leer «La mirada del triunfo» escrito por Morella en en nov 6, 2008 y me pregunto porque no ha publicado mas articulos desde entonces
    un saludo
    alexis

    • La verdad es que en muy contadas ocasiones Morella –mi esposa– ha escrito para el blog. No tengo dudas que escribe muy bien y me encantaría que lo hiciera con regularidad, pero no ha sido posible. De hecho, ExtempForaneo ha estado sin nuevos artículos por las razones que ya he explicado en la portada. Ahora estoy retomando el rumbo, aunque sé que llevará lo suyo volver al nivel que había conquistado en el pasado. Gracias por tu comentario y esperemos que Morella también pueda volver a compartir con nosotros sus ideas, plasmadas en sus estupendas notas.

      Un saludo

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