La crisis financiera en USA: «Érase una vez unos bancos sin regulaciones»

Había una vez una ideología que alegaba que el Estado jamás tenía que regular a la empresa privada. Según ellos, muy por el contrario, ésta se auto-regularía y sería más eficaz. Los mismos representantes de esta corriente iban más allá, y pretendían que incluso aquellos servicios prestados por el Estado, por ejemplo el Seguro Social, deberían pasar a las muy “eficientes” manos privadas.
En aquel país, reino de las corporaciones privadas, los bancos y las agencias de crédito, decidieron un buen día prestar dinero para comprar viviendas incluso a aquella gente que casi con seguridad no podría pagarlo nunca. Por supuesto, lo hicieron con intereses altísimos. En el negocio no había nada que perder – para los bancos, digo – porque o se beneficiaban con los altos intereses o se quedaban con las viviendas, cuyos precios abultados hasta el exceso por los bancos, les permitirían vender nuevamente en una espiral de ganancias sin fin …
Pero ya sabemos el desenlace inmediato de la historia, al menos los inicios del cataclismo: el desplome de los bancos más grandes y las agencias de crédito más poderosas de Estados Unidos; la incapacidad de pagar hipotecas por parte de millones de personas; recesión, aumento del desempleo, pérdida de viviendas, todo en medio de una incipiente pero sostenida inflación.

Las únicas referencias  a una crisis de tal magnitud se remontan al menos a tres décadas (aunque algunos analistas señalan que no hay crisis de tales proporciones desde la Gran Depresión de 1930).
Independientemente de las singularidades del caso, lo que estamos presenciando es el estallido de un modelo de Estado, preconizado muy especialmente por los republicanos, uno donde no existen las regulaciones y el control estatal para proteger al pueblo.
Ya en el pasado, la llamada Revolución Reagan (por Ronald Reagan) eliminó leyes vitales, abrió las puertas a la anti-regulación y estimuló la falta de aplicación de la autoridad, donde ésta todavía existía, para controlar los abusos del sector privado.
De acuerdo con esta editorial del New York Times “Bajo una ley pasada en 1994, por ejemplo, la Reserva Federal fue obligada a regular a prestamistas bancarios y no bancarios para impedir préstamos injustos, engañosos y rapaces. Alan Greenspan, el antiguo jefe de la Reserva Federal, ignoró su responsabilidad, aún cuando los  préstamos hipotecarios basura proliferaban a simple vista. […] El señor Greenspan dijo posteriormente que la ley definía “injustos” y “engañosos” muy vagamente. Si era así, él debería haber consultado al Congreso para una clarificación. En su lugar, no hizo nada – y el Congreso dirigido por republicanos no le cuestionó.” (New York Times, Editorial, 09/28/2008)
Contrario a la esencia de la Constitución americana – en el espíritu del imperio de la ley – el imperio de las ambiciones de las corporaciones privadas ha arrasado con la salud económica de los Estados Unidos; si a ello se suman los costos billonarios para sostener la guerra y ocupación de Irak, el panorama en el futuro inmediato es sombrío y el responsable indudable de la calamidad tiene nombre y apellido: George Bush.
Las enseñanzas de este cuento son obvias. Los preceptos anti-regulación del conservadurismo han mostrado ser absolutamente desastrosos. “Dejar hacer” a las corporaciones privadas fue la guía de conducta para la administración Bush y los republicanos al frente del Congreso. Ahora, las consecuencias las estamos pagando todos, con creces.

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