Impounded (Confiscado). La tragedia de los japoneses en América

Circular nº 5Tres meses luego del ataque a Pearl Harbor, el presidente Franklin Roosevelt ordenó  el traslado de los americanos descendientes de japoneses y sus ancestros, residentes en Estados Unidos, a campamentos militarizados en el oeste. El departamento encargado de la tarea contrató los servicios de la fotógrafa Dorothea Lange para que documentara el proceso. Lange, quien había fotografiado el desplazamiento de las familias de granjeros, golpeados por la Gran Depresión, se encontró con un panorama de horror, en el que la violación de los derechos civiles y el racismo eran los protagonistas. Niños norteamericanos, de ascendencia japonesa, con sus gorras de béisbol, sus suplementos de historietas y probablemente un inglés perfecto (habían crecido aquí), eran arrastrados a un mundo de inmundicia, condiciones insalubres, abuso y segregación.

Oculto quedó el documento del FBI que informaba al gobierno que los japoneses-americanos no representaban peligro alguno; la democracia, para su vergüenza, descargó sobre estas familias el odio y la venganza y los sometió a vivir en campos de concentración que tenían más en común con la Alemania Nazi que con los preceptos de la Constitución. Dorothea Lange, sacudida por aquellas visiones, las dejó plasmadas en fotografías, buena parte de las cuales fueron censuradas. Ahora, el New York Times informa que alrededor de 800 imágenes, de ese período infame, han sido desempolvadas de los National Archives (archivos nacionales), luego de ser abandonadas por medio siglo después de ser confiscadas por el gobierno. En este marco se anuncia la aparición de la publicación “Impounded” (Confiscado), en la que los autores, Linda Gordon y Gary Y. Okihiro, recopilan 119 de las fotografías prohibidas por el ejército. Ambos autores, historiadores, ubican el mundo a que fueron sometidos aquellos seres, tras la Executive Order 9066 (Orden Ejecutiva 9066), que les destrozaría la vida. Algunos ejemplos de las imágenes Japoneses-americanos esperan trasladoaparecen en el artículo referido (puede no estar disponible en varios días o al menos inaccesible sin suscripción).
En el trabajo, Gary Y. Okihiro cita un fragmento de Los Angeles Times, en aquellos días de histeria: “Una víbora es una víbora dondequiera que el huevo sea incubado – así que un japonés-americano, nacido de padres japoneses – crece para ser japonés, no un americano.”
El artículo describe algunas de las imágenes capturadas por Lange: “pacientes de hospital en camas al aire libre, al lado de las letrinas, expuestos a los elementos; niños aseadamente vestidos para la escuela, arrodillados en el piso duro para escribir en sus libros de ejercicios pues no habían sillas o bancos.”
Okihiro escribe que un hombre, llamado Ichiro Shimoda, desequilibrado por el confinamiento, intentó suicidarse mordiendo su propia lengua. Al fallar, intentó entonces asfixiarse por sus propios medios. Finalmente escaló una de las vallas del campo y fue muerto de un disparo por los guardias.
Ambos autores encuentran algunos paralelos entre aquella histeria anti-japonesa y la reacción posterior al 11 de septiembre: “Las Actas Patrióticas 1 y 2 permiten la suspensión de las libertades civiles no sólo de los inmigrantes indocumentados, sino de los ciudadanos de los Estados Unidos”, afirma Okihiro.
En 1972, el Whitney Museum organizó una exposición, llamada Executive Order 9066, que incorporó 27 fotos de Dorothea Lange. Fue suficiente para que los asistentes quedaran impactados y para que el New York Times expresara su commoción. En 1980, el presidente Jimmy Carter firmó una legislación creando una comisión encargada de estudiar la ordenanza y su ejecución. En 1983, dicha comisión concluyó que la detención y traslado de los japoneses-americanos no tenía justificación militar y que la decisión estuvo basada en “prejuicios de raza, histeria de guerra y una falla de liderazgo político”. Pero el ser humano es tozudo y testarudo. Gusta de cometer las mismas miserias una y otra vez, aunque sea bajo diferentes formas.

(Pulsar en las imágenes para agrandar)

Créditos de las fotos: Dorothea Lange.

Enlaces:

Women Come to the Front

Dorothea Lange, Oakland Museum of California

Dorothea Lange, My Hero

Un comentario

  1. El miedo y la ignorancia, y en consecuencia las reacciones abruptas, irracionales, a veces violentas de las masas. Naturaleza humana que no conoce distinción étnica o nacional. Pero el crimen mayor es de responsabilidad intelectual. Detrás de cada enfurecido y celoso ciudadano que propuso dar muerte a los pueblos musulmanes después del 11 sep., pues según ellos «they’re all the same» (son todos iguales), hay un gobierno que cuenta con la mayor y más poderosa cantidad de recursos en la historia del planeta. Un gobierno que acepta (o promueve) niveles académicos de analfabetismo geográfico, en una era global donde estamos interconectados y dependemos de alguna manera todos de todos. Un gobierno que apela a caricaturizaciones como «eje del mal», donde habitan seres que nos odian, «odian nuestra libertad»; pero no ofrece explicaciones de las causas del resentimiento. Una administración que realza la importancia de la fe, pero no promueve la comprensión y el entendimiento, sino la autosegregación detrás de un templo con una cruz. Así van construyendo nuestro propio campo de concentración, encerrándonos en nuestras casas, espiando nuestras conversaciones, levantando muros y rejas, penalizando la ayuda humanitaria a quienes son de otros vecindarios y no pidieron permiso para integrarse al nuestro, imponiéndonos la religión o la preferencia sexual, y librando guerras en escenarios y contra gentes que nos son desconocidos, todo en nombre del patriotismo y nuestros valores de libertad. Las masas no saben, y los que saben no educan.

Escribir un comentario

Creative Commons License