El debate final: autenticidad versus cinismo

Se dice insistentemente que el tercer debate, último antes de la votación, entre Obama y McCain, fue el mejor. Soy de la misma opinión, pero me gustaría comentar algunas observaciones breves:

  1. Que el debate haya girado fundamentalmente en torno a las posiciones políticas, económicas e ideológicas de ambos contendientes es fruto del estrepitoso fracaso de la orientación que los dirigentes republicanos quisieron dar a la campaña, basada en infundir el temor en los norteamericanos hacia Obama.
    Jugar con el miedo ha sido una constante en las campañas republicanas. Ya en las elecciones del año 1936 – por ejemplo – las operadoras telefónicas del Chicago Tribune cuyo propietario era un coronel archi-conservador, respondían al teléfono con este estribillo: “Hola. Chicago Tribune. Sólo quedan 10 días para salvar el modo de vida americano”. (Citado por Richard Stengel, en la revista Time 3 de marzo de 2008, pag. 6)
    Al contrario de lo que suponían, las acusaciones de terrorista, y las incitaciones racistas enfocadas en el nombre y origen de Barack Obama, se estrellaron con la cada vez mayor animosidad de los norteamericanos a esta manipulación. Sarah Palin, encargada de hacer el juego sucio, enlodó a McCain y espantó a numerosos republicanos que, con honestidad, no pueden compartir tales métodos.

  2. Obama estuvo débil especialmente en la primera parte. No porque su adversario tuviera razón, sino por la actitud de Obama de no confrontar. Creo que su punto más débil fue cuando permitió que McCain se saliera con la suya al afirmar que él no era George Bush. Con ello, el candidato republicano intenta, aunque muy tarde, presentarse como la alternativa definitiva al desastroso gobierno republicano de los últimos 8 años. Pero tal afirmación es falsa y no se puede conceder. Que McCain haya tenido y tenga diferencias con el actual Presidente no le ubica enfrentado al gobierno. En lo esencial (economía, guerra, salud, educación) McCain fue un sostenedor del gobierno de su partido. Lejos de ser una alternativa, es el único camino que tienen los dirigentes republicanos para perpetuarse otros cuatro años en el poder y proseguir sustancialmente la nefasta orientación que ha marcado la vida del país bajo la égida de Bush-Cheney.

  3. A pesar de la debilidad en la primera parte del debate, Obama me convenció aún más porque exhibió algo que McCain no fue capaz de mostrar: ausencia de cinismo. Para ser franco, tenía muchos años que no veía a un líder político tan carente de cinismo, tan humanamente dirigente.

A pesar de los puntos flacos, todas las encuestas favorecen a Obama en el resultado final del debate. Espero firmemente que los días del dominio del oscurantismo estén llegando a su fin.

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