‘Cierre’ (Shutdown) del gobierno en Estados Unidos. La nueva sombra que se cierne.

El tiempo corre y hasta el momento de escribir esta nota el gobierno y la mayoría republicana que controla la cámara de representantes no se ponen de acuerdo para el presupuesto 2011. La probabilidad de un “cierre” del gobierno (el llamado shutdown en inglés) es cada vez mayor y como consecuencia de ello un eventual aumento de la crisis económica que vive el país. En palabras del New York Times:

El Zoológico Nacional cerraría, pero los leones y tigres seguirían siendo alimentados; el parque Yellowstone y otros parques nacionales cerrarían. El Servicio de Recaudación Interna podría detener la expedición de chques de retorno de fondos. […] agentes de la guardia fronteriza entrenando a oficiales en Afganistán podrían tener que regresar. (NYT, Abril 06 2011) [Traducción mía]

A este panorama se puede sumar el anuncio de que alrededor de 800 mil trabajadores gubernamentales cesarían de laborar y recibir sueldos. Así mismo cabe la posibilidad de que la numerosa cantidad de trabajadores recibiendo compensación laboral vean comprometidos los ingresos por algún tiempo.

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Mohammed Nabbous, fundador de Libya Alhurra TV asesinado por tropas de Ghadafi

Mohammed Nabbous, fundador de Libya Alhurra TV asesinado por tropas de Ghadafi

He conocido de la muerte del fundador de la TV independiente «Libya Alhurra TV»Mohammed Nabbous. Hace justamente un mes nacía esta emisora, en medio del gran alzamiento contra la dictadura de Muhamar el Gadafi. Pronto capturó la atención de los medios en la Internet, con sus osadas transmisiones en vivo y en línea desde Benghazi. En Boing Boing, donde he sabido de su deceso, se señala que al parecer murió en un tiroteo mientras estaba grabando. Su esposa ha asegurado que continuará con las transmisiones a través del canal internaútico fundado por Mohammed, a quien se le conocía mejor como «Mo».

Lamentamos profundamente su muerte.

Fuentes y más información:

Sitio oficial de Libya Alhurra TV

Mohammed Nabous en Wikipedia (inglés)

 

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Ecos de un desastre nuclear.

Ecos de un desastre nuclear.

Aquel día, el reactor número 4 de la planta nuclear de Chernobyl estalló, haciendo volar el techo de 100 toneladas y expulsando a la atmósfera una enorme cantidad de material radiactivo que inmediatamente empezó a recorrer el mundo. Los habitantes de los pueblos cercanos fueron presa  de la contaminación. Los ríos, el bosque, los frutos, las estructuras, todo, absolutamente todo, quedó expuesto. Se calcula que la radiación liberada fue cien veces la de la bomba de Hiroshima, de 1945. La nube radiactiva alcanzó a Europa. Los niveles de contaminación en el viejo continente pasaron los límites “tolerables”.

Las líneas anteriores la escribí en EF a propósito del vigésimo aniversario del desastre nuclear de Chernobyl en abril del 2006. Entonces, como ahora, he sostenido que la decisión de usar el poder atómico suponiendo que puede ser «dominado» es una demostración de la incapacidad de la civilización para poner límites a su avaricia y arrogancia.

No aprendemos de nuestros errores, o al menos, el tiempo que históricamente nos cuesta remontarlos es largo. La cuestión es que hay ocasiones en que el tiempo es decisivo. A diferencia de los accidentes aéreos provocados por un error de diseño, aunque nos duelan las víctimas, sabemos que eventualmente habrá una corrección. Los desastres nucleares son una amenaza a la vida en su totalidad, sus consecuencias perduran en el tiempo y destruyen la habitabilidad de regiones enteras. La radiación puede no matar de inmediato para luego manifestarse en enfermedades como el cáncer, mutaciones horribles y malformaciones genéticas.

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Morir por Wal-Mart

“Murió en el cumplimiento de su deber”, así reza la frase, casi transformada en lugar común, cuando algún abnegado personaje, cae muerto, ejerciendo su trabajo. Tal cosa es, ni más ni menos, lo que ocurrió al humilde empleado de la tienda Wal-Mart en Nueva York que murió arrollado por un estampida de compulsivos y desesperados compradores que esperaban anhelantes la apertura de las puertas del comercio, en vísperas del aquí llamado Black Friday, día de rebajas especiales, posterior al “Dia de Acción de Gracias” y sello inconfundible del inicio de las compras de navidad.
Jdimytai Damour, el infortunado empleado, abrió las puertas, tal vez con temor, sabiendo que afuera, como es habitual, esperaba una turba ansiosa de penetrar a como diera lugar, para “aprovechar” las rebajas, en una carrera contra todos, donde el lema es “debo llegar primero, por encima de los demás”. La multitud, aguijoneada por las tiendas, que estimulan los más bajos apetitos de compra, que exaltan la necesidad de adquirir lo innecesario, que promueven el “ahora o nunca”, prorrumpió doblando rejas de hierro y pisoteando a cuanto ser se les atravesara. Damour cayó y sus compañeros intentaron ayudarlo inútilmente. Las masas, cada vez más ajenas a su condición humana y más parecidas a las ratas de laboratorio, protestaron cuando los encargados de la tienda decidieron cerrar el establecimiento ante la muerte del empleado. La turba es responsable. Todo el que haya estado allí, corrido como un desalmado y empujado a sus semejantes es responsable, aunque sea indirectamente, de un crimen. Pero no es menos cierto que los principales criminales son quienes han echado leña al fuego de las compras, estimulado la locura para promover las ventas, no protegen a sus empleados y luego sonríen agradecidos a los imbéciles que van a comprar lo que sea, aunque el precio sea mucho más caro que el habitual: al costo de la dignidad humana.
¿Será que somos nosotros los que no somos humanos?

Fuentes:

En CNN (Inglés), aquí.
En Español, aquí.

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Unas palabras sobre la derecha venezolana en Florida

A propósito de las elecciones en Estados Unidos, tuve la oportunidad de conocer de primera fuente la opinión de algunos venezolanos sobre el asunto; también recibí artículos de Anibal Romero y Alexis Ortiz en referencia a un eventual triunfo demócrata. Me percaté que había una clara separación entre los venezolanos que llegaron a este país relativamente acomodados, a vivir en Weston, compraron autos y se insertaron rápidamente en el mercado de trabajo y los que han tenido que bregar desde el inicio con la lucha día a día por el reconocimiento a sus capacidades, por levantar una familia, por soportar turnos de trabajo demenciales y evitar perder ahora todo lo que han logrado. Pero también pude comprobar que en las opiniones de los venezolanos bien acomodados predominaban profundos prejuicios, desde raciales a políticos, y una patética marginalidad y provincianismo en los análisis.
Un sector de venezolanos se opuso a Obama y si hubiesen tenido oportunidad de votar (algunos la tuvieron) lo habrían hecho por los republicanos. Están en su derecho, pero lo interesante es conocer sus razones y voy a dar mi impresión acerca de ello.

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La mirada del triunfo

Un océano de gente en ChicagoDormí apenas poco más de tres horas. Emoción y expectativas pudieron más que la necesidad del sueño, y a las seis de la mañana, sonámbula, apagué el despertador, me levanté y nuevamente como una drogadicta de felicidad, prendí el televisor para seguir bebiendo de lo que ya sabíamos significaría un cambio histórico nacional y mundial: el triunfo de Barack Obama en las elecciones de Estados Unidos.

“Ha tardado tiempo en llegar…”

Un joven soldado americano en Afganistán – aún antes del amanecer para ellos – declaraba a la corresponsal Bárbara Starr: “nunca en mi vida pude imaginar que al fin llegaríamos a llevar a cabo la igualdad en nuestro país (…) No tengo palabras para describir lo que siento (…) Este es el triunfo de la igualdad y estoy orgulloso de mi nación”.

Rompí a llorar. No lo hice anoche, ni durante estos últimos días en que el triunfo venía acercándose ciertamente. Mi llanto fue al fin el chorro de emociones contenidas, pero por encima de todo, el reconocimiento de que ninguno de nosotros, los que nos hemos quedado sin empleo, los que no podemos dormir porque hemos dudado acerca del mañana de nuestros hijos, los que perdieron sus casas y quedaron en las calles, los que enferman y no tienen con qué pagar la atención médica… ninguno está sufriendo tanto como los soldados y sus familias a causa de la guerra en la que los embarcó Bush bajo una gran mentira.

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