Mi hermano Rafael – 1950 – 2016

E nuestra casa de Vista Alegre. Una navidad, allá en los primeros años 60.

A la memoria de mi hermano Rafael,

el más cercano, el más lejano.

Hace apenas unas semanas, bromeando en la cocina con mi hijo mayor  – Carlos Alberto – le repetí una frase, escuchada una y otra vez en mi niñez, cuando presa de la emoción me sentaba a ver Supercar en la televisión. “A tlavés de la tolmenta significa maldad”. Un sabio chino le decía estas palabras categóricas al osado Mike Mercury, quien había posado el Supercar en los jardines de su palacio. Yo no entendía la “profundidad” de aquella letanía, pero mi hermano Rafael se apropió de ella, y me la recordaba a menudo, hablando como el sabio mandarín y acercando su cara a la mía. De esta manera, mi infancia se llenó de imitaciones, pequeños sarcasmos, ocurrencias derivadas de alguna “comiquita” o serie de TV. Diálogos y frases literales, burlas, quedaron siempre grabados en mi memoria y he continuado practicando el mismo juego con mis hijos y sobrino. A los nuevos hallazgos en el cine y la televisión se le suman siempre aquellos que mi hermano Rafael canturreaba. No pocas veces bailé con mis hijos cuando eran criaturas las notas de Bombón Primero, el rey de chocolate que Cri-Crí nos hizo conocer a través de su música. La primera vez que lo bailé fue cuando Rafael me invitó a tomarnos de la mano y danzar abriendo y cerrando las piernas, en una coreografía muy especial. Al ir creciendo se fueron afinando nuestros oídos y compartimos juegos de palabras y bromas, a veces un tanto ácidas, de lo que veíamos o escuchábamos. Una de esas frases “Estaríamos como monos saltando entre los árboles, haciendo monerías” me la repitió hace unos meses a propósito de alguna ocasión que lo ameritaba, en la angustiada y absurda cotidianidad de Venezuela.

Aún sabiendo que la enfermedad había minado su cuerpo y que el futuro inmediato se hacía estrecho e incierto, sacó un poco de fuerzas para reír con un hermano que le había dejado casi 14 años atrás, para no volverle a ver.

Muchas historias me atan a Rafael, y otras tantas le atan a él conmigo. Compartimos ideales de justicia social, anhelos, sueños, tragedias. Le vi crecer como músico, reímos y disfrutamos como actores de radio, levantamos proyectos y lloramos juntos. Recuerdo que la noche siguiente a la muerte de nuestro padre, ambos tuvimos miedo y nos fuimos a acompañar a mamá en la cama y allí dormimos juntos y apretados por el dolor, yo con  once, él con dieciséis. Fuimos los más cercanos de todos y al final, los más lejanos. Cuando supe de su enfermedad comencé a llamarle y volví a sentir, en su seriedad y altivez – tan parecido a mi padre – al hermano que había dejado muchos años atrás. Siempre soñando con enaltecer la memoria artística de nuestro abuelo Rafael Guinand, nuestra madre, Ana Teresa o nuestro padre Emilio, el guitarrista y compositor, de quien Rafael heredó el amor a la música y el virtuosismo con la guitarra.

Rafael se ha ido de nuestras vidas para siempre, mucho antes de lo previsible y esperado, pero yo, Emilio, tengo un poco de él en lo que soy. Adiós hermano. Nunca te olvidaré.

Mi abrazo a María Auxiliadora, Mariana, Nadia y Rafael Enrique.

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¡Feliz cumpleaños María!

Como ves – si realmente lees esta nota – nunca he pasado por alto la fecha de tu cumpleaños. Sabes que es más que eso. Podemos enterrar a los difuntos, borrar palabras escritas, destruir una pintura que hemos creado, pero los tesoros que forman parte de lo que somos o tal vez, que hacen parte de lo que nos identifica como la persona que hemos llegado a ser, son imborrables. No me arrepiento del amor. Que tengas un maravilloso cumpleaños, junto a tu familia. Nunca te olvido M.E. Toda la vida.

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Morella, en tu cumpleaños.

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Más de la mitad de la vida. Bajo las tormentas oscuras y llenas de fantasmas; sobre la cresta de las pasiones del amor o el emocionado temblor y dolor del parto; durante los días de juego con los niños, de crecer con ellos y escribir cada página del futuro. Más de la mitad de la vida juntos, amándonos y mirándonos a los ojos. Cuántas veces hemos decidido saltar a los abismos abrazados, para luego ver como desafiamos la ley de gravedad. Cuántos sueños compartidos, volando junto a Peter Pan, a la tierra de Nunca Jamás. Nuestros cuerpos, que se conocen palmo a palmo, poro a poro, han construído a lo largo del tiempo, una piel común y diferente, a través de la que presagiamos al mundo, y todas las pieles, los poemas y las canciones del planeta nos traspasan.

Mi amada Morella, que hoy cumple años, es la sorpresa de mi vida, el trofeo al final de la carrera, el sortilegio que susurra el viento en el bosque encantado, la sonrisa que brota de los labios de nuestros hijos, el amor que fluye incansable como un manantial plateado y eterno.

Te amo amor, y por el instante que pasamos por el cosmos, siento la fortuna de tenerte junto a mi.

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Mi nuevo blog: Last Round in Sight

 

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Tengo un nuevo blog para selectas fotografías y sus historias. Me he querido dirigir a una audiencia más amplia y en virtud de que mi hogar está en los Estados Unidos, lo he elaborado completamente en inglés, aunque ocasionalmente pueda postear notas en español. En la página del “About” del sitio he escrito la razón de ser de este nuevo proyecto, hermano de ExtemFporáneo. Les invito a visitarlo.

Mi blog se llama: Last Round in Sight

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Diez años de Extemp”F”oraneo

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Una década ha pasado desde el día que publiqué mi primera nota en mi blog, Extempforaneo. Le llamé así inventando una palabra que expresara que me sentía fuera de tiempo y de lugar, no por encontrarme en Estados Unidos, sino por sentirme apátrida, miembro de la especie humana, en un mundo global que se empeña en utilizar la universalidad sólo para explotar inmisericordemente a los más desposeídos y afianzar las fronteras y los rigores chovinistas para separar y dividir a las naciones y las culturas y declarar ilegales a los que emigran para salvar sus vidas. Fuera de tiempo, porque nunca el reloj, los días y los años, han satisfecho mi ansiedad por enmendar errores o conquistar nuevos mundos. Porque los momentos que viví, cuando Bush y Chávez (aparentes antípodas políticas) determinaron el destino de sus pueblos, fanfarroneando con el poder, me dejaban sin aliento y golpeaban mi alma.

Extempforaneo nació porque tenía y sentía la imperiosa necesidad de escribir, tras nuestro auto-exilio, y aprovechando el intermedio de trabajo que tuve y que me dejaba algo de tiempo “disponible”, en un país donde al pueblo se la ha adoctrinado en “vivir para trabajar”.

Los primeros dos años de vida fueron exitosos y productivos. Mi blog adquirió un cierto espacio en el medio de las bitácoras en español y llegué a recibir cerca de 15 mil visitas o toques en un mes, procedentes principalmente de España, Argentina, México, Colombia, Venezuela y Estados Unidos. Pero poco después la bitácora comenzó a languidecer, presa de mi inactividad y falta de producción. La principal razón fue el tiempo (nuevamente). Nos tocó el espinoso camino de los inmigrantes de primera generación. Pasaron años de duro trabajo, nocturno, con apenas unas horas para dormir y reiniciar la faena. El objetivo de nuestras vidas: que nuestros hijos pudieran tener una familia equilibrada, y la oportunidad de realizar algunos de sus sueños.

Luego vinieron, como esperando su turno para aparecer, varias dolencias y enfermedades, la más importante de ellas en mi visión: “Distrofia macular” (no es la degeneración macular), genética y exclusiva de un reducidísimo grupo de seres humanos que la padecen en todo el planeta. Incurable, por ahora,  y que alteró por completo mi manera de abordar la vida, desde la lectura de un libro, la percepción de los colores, mi ejecución y destreza en la informática, la conducción de un vehículo, la vista de un filme en el cine o la TV.

En fin, mi blog enfrentó los embates de mis estados de ánimo, la implacable ley estadounidense de vivir para trabajar y la enfermedad.

He mantenido a Extempforaneo todos estos años porque lo quiero; porque es una referencia para los que buscan las raíces de la familia Guinand (pues mis artículos sobre mi abuelo y madre han sido punto de encuentro de los Guinand de América); porque en mi blog puedo publicar lo que quiero y porque deseo que sea un recuerdo de mi paso, para mis hijos, mi esposa, mis amigos y ojalá, mi descendencia.

Han pasado diez años. Ahora representan un valor que no tenían a mis veinte o mis treinta. Diez años son ahora un siglo en la vida y en el recuento de estos últimos diez, de emigración a Estados Unidos, de iniciar una nueva vida, de construir y reconstruir todo, los ingredientes de esta travesía se han reflejado en el blog, haciéndole testigo de lo que he sido y soy: amor, tristeza, esperanza, arrepentimiento, nostalgia, felicidad.

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El regalo del 65

nueva-enciclopedia-tematica-2-3744-MLM60344364_1254-OAquél cumpleaños fue especial. No es que los otros no lo hubieran sido. Antes que mi padre muriera, mi madre se encargaba de agasajarme a su manera: una torta (pastel) de chocolate de la Pastelería Williams, y diversos obsequios que usualmente eran comprados en el Bazar Yolka.  Mamá combinaba un amor irreductible con una sobreprotección constante. Jugaba con mis primos que vivían al cruzar la calle, pero no me permitían “la calle”, de ahí que aprendí a jugar solo, a estar mucho tiempo conmigo mismo y a reflexionar permanentemente sobre el mundo que me rodeaba.

Los bachacos eran mis amigos y les colocaba uno a uno en mi brazo, en una larga fila, para verlos marchar en procesión y bajar por mis dedos a la tierra del jardín. Visitaba las chicharras que gustaban aferrarse al enorme árbol situado a la derecha del frente. Mis soldaditos, generalmente vaqueros e indios, surcaban esos maravillosos parajes llenos de tierra negra, verde césped, flores silvestres.

Aprendí a representar a los diferentes personajes de mis juegos, les creé historias y les hice dormir en mi cama. Tuve dos íntimos amigos: Tommy y el Cucaracho. El primero era un títere y el segundo un escarabajo de plástico verde con pintas rojas, del tamaño de mi mano. En mi vida estaban presentes, por supuesto, los héroes de la televisión, que en ese entonces habitaban un mundo sin color, en un blanco y negro mate que hasta hoy me sigue cautivando. Supercar sobrevolaba los cielos impartiendo justicia, usando los últimos avances tecnológicos para combatir el mal. Yo adoraba la decisión de Mike Mercury y su arrojo conduciendo el super vehículo que podía volar, sumergirse o transitar por tierra.

También escuchaba música. Mi curiosidad me llevó a indagar en aquellos larga duración de música clásica, música popular italiana, viejos discos de cuentos infantiles (en 78 revoluciones por minuto), la voz de mi propio abuelo y por supuesto, Cri-Crí, el grillito cantor. Pero de todas esa vivencias, juegos, exploraciones y descubrimientos, mi fascinación recaía en los libros.

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