Japón: alimentos, agua potable y agua marina contaminadas. ¿Cuál es el riesgo?

Los sucesos en Japón, luego del terremoto y tsunami que devastó un área del noreste de la isla, no dan respiro por la magnitud de la tragedia. A ella se suma un desastre nuclear que tiene a los japoneses y al mundo en vilo por las eventuales consecuencias de una exposición masiva a la radiación. Sin embargo no puedo dejar de notar la confusión que generan las noticias y las afirmaciones de los diversos organismos involucrados –desde el gobierno japonés, la Organización Mundial de la Salud y diferentes bandos de científicos– acerca del mayor o menor nivel de peligro de la radiactividad expuesta por el daño sufrido en los reactores de la central de Fukushima.

Se han encontrado alimentos contaminados (leche, espinacas), agua potable y ahora se advierte de ciertos elementos  en el agua marina de las cercanías de la planta nuclear. A pesar de ello, el gobierno japonés asegura que no hay riesgo y las medidas de prohibición al consumo de los alimentos irradiados son de precaución. La Organización Mundial de la Salud afirma que el problema  es más serio de lo que se pensaba (no entiendo muy bien “qué se pensaba”). El asunto ha llevado a la Internet a discutir acerca de cuánta es la dosis perjudicial, antepuesta a una que “no trae mayores consecuencias”.  Debo confesar que no me han convencido. Detesto la especulación y por ende el amarillismo, pero no es menos cierto que minimizar la gravedad de los hechos y las consecuencias del desastre nuclear es dañino, en especial si queremos sacar conclusiones para el futuro y salvar vidas.

He estado investigando sobre el tema y lo que he visto es que no existe una posición absolutamente clara, sólida, basada en profundos y exhaustivos estudios científicos. De lo que he encontrado deduzco que no hay niveles sin riesgo. La penetración de un radionucleido ( Los átomos que emiten radiación) al organismo humano o a cualquier tejido vido entraña la posibilidad de cambios a nivel celular o degeneraciones genéticas. Unas espinacas irradiadas, aún con bajos niveles, permitirán a las partículas  penetrar al organismo.

Al parecer hay un debate  entre la International Commission on Radiological Protection (Comisión Internacional sobre la Protección Radiológica) y el Comité Europeo sobre los riesgos de la Radiación (ECRR por sus siglas en inglés). De acuerdo a un informe presentado en este último organismo, los datos fundamentales sobre los que está basado el cálculo de una dosis sin riesgo son cuando menos débiles y sin soporte ya que –entre otras cosas– las pruebas y estudios sobre eventuales niveles de radiación sin riesgo no se han efectuado jamás.

El tema es apasionante y un desafío para la ciencia. Mi desconfianza hacia las informaciones oficiales no es por los científicos sino por los entes involucrados: gobiernos, poder nuclear, corporaciones eléctricas, dinero. Y yo no renuncio a una norma que he sostenido toda mi vida: no confiar en gobierno alguno, ni en las corporaciones y esto vale, por supuesto,  también para los gobiernos socialistas.

Buena parte de mis reflexiones sobre el tema se sustentan en materiales leídos en un interesante sitio, bastante mal construído por cierto, pero que posee información muy relevante sobre el tema de la radiación. Se llama Low Level Radiation Campaign y si algo lamento es que no haya podido encontrar una sección de “About us” que los identifique a cabalidad. Hacen algunas aseveraciones audaces que huelen a fanatismo, a menos que sean soportados por sólidos estudios científicos, pero –aunque con reservas–  creo que sirve para tratar de lograr un equilibrio en medio de las declaraciones oficiales.

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