De Wonderland al Norte helado.

Hace unos días terminé Alicia en el país de las maravillas en su versión original en inglés. Reafirmé mi convicción de que se trata de uno de los más sorprendentes libros de la literatura universal y aunque hayan reducido su audiencia al mundo infantil, no es menos cierto que vá más allá y respira una irreverencia, informalidad y profundidad que aún hoy en día, contrasta con la acartonada enseñanza en muchos centros educativos, de cualquier lugar del mundo y con la fantasía superficial ofrecida por pésimas cintas de cine o televisión. Los poemas, las reacciones de Alicia ante cada evento, los disparates, me hicieron disfrutar plenamente, aún a pesar de que quedan lagunas por la insuficiencia del inglés.
Ahora me dispongo a leer a Jack London. En particular White Fang (Colmillo Blanco), también en inglés. Tengo ganas. A veces me da por temas o épocas o autores. Simplemente le doy rienda suelta a esas ganas. No niego que he leído El Conde de Montecristo no menos de 5 veces en mi vida (la primera vez a los 14 años), o El amor en los tiempos del Cólera. Ahorita me provocan las historias con ambientes fríos y desolados como los de Alaska. Tal vez, si le tuviera a mano, leería alguno de los rusos, para sentirme en ese ambiente. Por lo demás, adoro a Jack London y admiro su vida, dura y apasionada, que dejó una marca indeleble en sus escritos.
He conseguido una edición muy bella, en tapa dura, que además de reunir lo mejor de London, reproduce las historias, tal y como aparecieron, por entregas, en las revistas de finales del siglo XIX e inicios del siglo XX, con los dibujos originales y a un precio … 5.65 dólares, una oferta que tenían hace como dos meses en la librería “Borders”. Junto a ese, compramos, en esa oportunidad y al mismo precio, las obras completas de Allan Poe y las obras completas de Arthur Conan Doyle.

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