Nostalgias amigueras

Aquí estoy de nuevo. Sigo en la mortificante búsqueda de trabajo y una cantidad de diligencias alrededor de los papeles de mi familia. Imposible concentrarme.
Confieso que la presentación de currículos y demás yerbas me molesta sobremanera, en especial cuando la sociedad ha llegado a sobrevaluar los papeles, certificados y números, al punto de presentar formularios electrónicos, para ser llenados por el solicitante, que dejan poco o ningún margen al contacto humano y la apreciación subjetiva. De tal manera que, en casos como el mío, hay un buen número de elementos en contra para encontrar un lugar digno, adecuado y satisfactorio para laborar. Tal vez  pido demasiado. Pareciera que nunca me canso de luchar y que me gusta además condimentar la vida con obstáculos interesantes y curiosos. Nadie habría dado un centavo, hace seis años, por mi proyecto de obtener la ciudadanía, partiendo de los datos que un padre bohemio no había dejado en nuestras manos.

Al llegar a los 52 años, la vida se me antoja cada vez más breve y mis ansias de hacer y conocer van más allá de lo posible; en ese sentido siento que estoy en una carrera contra el tiempo y cada día me replanteo los objetivos a seguir. ¡Ay! Cuánta falta me hacen mis amigos. Ni tan siquiera poder salir a beber una cervezas y comentar sobre tantas cosas. Sí, eso es sin duda la parte más pesada de esta aventura, la soledad. ¿Cómo es que no hemos logrado nuevos lazos en este, nuestro nuevo país? Pues, casi cinco años de vivir al margen, como inmigrantes sin derechos, nos llevaron a concentrarnos en nosotros mismos y a protegernos, ayudarnos y darnos fuerza para seguir adelante. De ahora en más, nunca los inmigrantes serán lo que eran: un concepto abstracto; un motivo de justicia y solidaridad, fuese donde fuese. Ahora es una vivencia profunda y enriquecedora y la solidaridad y el respeto por aquellos que lo dejan todo para comenzar de nuevo; por quienes cruzan un desierto para sostener a su madre, hijos, esposa, es toda una estatura. Pero los amigos, los que formaron una síntesis con nosotros, esos son insustituibles. No les vemos desde hace cinco años y puedo decir, con total certeza, que no pasa un día que no les extrañemos. Porque no eran amiguetes de juerga y de pasada. Tal vez sea que Morella y yo tenemos la desgraciada mala costumbre de tener amigos del alma, profundos compañeros de vida, en este planeta, en esta única vida.

3 comentarios

  1. Pues nosotros también los extrañamos mucho. Todas las semanas hay una o dos ocasiones en la que comentamos algo así como “Te imaginas si Emilio viera esto?” o “Que dirían Emilio y More al respecto” o “Como me gustaría que estuviesen aquí con nosotros disfrutando de esta parrillita” o “Hoy lo extraño mas que nunca, me gustaría poder llamarlo para ver si nos vamos a tomar una cerveza” o miles de cosas como esas.

    Los queremos y recordamos siempre y todavía sueño con el día en que nos reencontremos y recordemos viejos tiempos.

    Un beso a los cuatro,

    Max

  2. Oscar Unamuno

    Emilio, primero que todo un saludo y dejarte saber que me da mucho gusto leer tu bitácora y no lo hago porque te conozco sino porque en realidad me gusta y me parece material de calidad. Desde que nos encontramos aquí siempre he disfrutado visitar tu casa y sobretodo tus charlas sobre variados temas de los que sin duda alguna tienes un buen conocimiento por mas ajenos que parezcan a ti. Pienso que hay pocas personas sinceras como lo eres tu y tu familia a la que también quiero mucho ya que Carlos es prácticamente el único amigo que tengo en esta ciudad e igual con José que nunca me deja de impresionar con sus talentos en lo que armar Legos se refiere. Y como olvidarme de Morella? No descansa entre los quehaceres de la casa, llevar y traerlos a ustedes, hacer ejercicio, mantenerse al día con el mundo y leer con una pasión tan hermosa que en realidad me emociono cuando me habla de sus recientes lecturas. Sin mas que decir me despido y espero verlos pronto a todos ya que ha pasado algún tiempo desde la ultima vez que nos vimos, un abrazo fuerte y un saludo a todos ustedes.

    Oscar Unamuno

  3. Max:

    Siempre recuerdo, siempre, cuando te pasabas por “El Trigal” a buscarme. Te extraño amigo, es la verdad, y la bitácora no puede sino reflejar esa ausencia, de otra manera no sería “mi registro personal”. Espero que pronto la vida nos dé la oportunidad de saborear nuevos encuentros, esta vez en Montreal, y que, ojalá sean muy a menudo.

    Oscar:

    Tu familia y tú mismo, han sido un gran soporte. Más allá, está vuestra amistad, más importante para mí de lo que imaginas. No puedo sino agradecer tus apreciaciones sobre nosotros. Es un halago y una satisfacción.

    Abrazos a ambos

    PS: Mi comentario tardío se lo debo a que desde que escribí estas notas no había vuelto a disponer de la computadora. Tal vez. cuando posea una laptop, pueda mejorar mi ritmo de respuestas y edición. ;)

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