A 30 años de una galaxia en guerra


Aquel día abandoné la oficina en Chacao poco antes del anochecer. Como siempre en mi inolvidable Caracas, tan cerca del Ecuador terrestre, los días y las noches acontecen con una pasmosa regularidad. Nada de “anocheceres” a las 8:45 o a las 5 p.m.

Mi amigo Fernando y yo abordamos aquella avenida repleta de vehículos y trepidar de pasos apurados. Pero nosotros – ¡ah qué tiempos! – simplemente nos preguntamos ¿qué hacemos ahora? Las opciones, en nuestros caminares medio bohemios, medio nada, eran simples: navegar por las tiendas de discos, hablar hasta el cansancio camino a Bello Monte, entrar a comer y tomar unas cervezas en “El Pulpo gallego” o … ir al cine.

Habíamos escuchado que en el Teatro Altamira (¿existirá aún?) estrenaban una obra que arrasaba en las carteleras norteamericanas: “La Guerra de las Galaxias”, aunque su nombre en inglés, (nunca me lo cuestioné hasta ahora) no habla de una guerra entre galaxias, sino en el espacio interestelar de una galaxia.

Conociéndonos como nos conocíamos no dudamos y nos dejamos llevar por nuestras fantasías espaciales. Había sido atrapado por 2001: Odisea en el espacio, dirigida por Stanley Kubrick. Me maravilló el silencio de las naves, surcando el trayecto entre La Tierra y la Luna o en su camino a Júpiter. No hay sonido en el espacio, no hay aire que lo conduzca. Las imágenes del crucero espacial de una Pan American que sobrevivía a los vaivenes de la bolsa y una Unión Soviética cooperadora, nos permitían soñar con aquel futuro 2001, lleno de expectativas y esperanzas.

El inició de Star Wars me atrapó. “Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana…”
No me gustó el sonido de las naves, en pleno espacio, como si surcaran a través del aire, o el chirrido de los láser estallando en las batallas, pero a poco estaba viajando junto a Han Solo e imaginando un atardecer en un planeta terrestre, dominado por un sistema binario. Dos soles en el atardecer…

Salimos a la noche de Caracas, aunque no fuese tal pues era Chacao, en el estado Miranda, pero ya la metrópolis no discernía entre los viejos pueblos y su pujo cosmopolita. Un poco más allá estaba el límite, más ficticio que real, político es decir, entre el Distrito Federal y la urbe mirandina.

Nos vimos las caras y reconozco que Fernando estaba más emocionado que yo. Apenas y estaba conociendo a Morella y tenía mi maravillosa buhardilla en Bello Monte. En aquel agujero disponía de mis tomos de la “Trilogía de las Fundaciones” y se me antojó que Lucas se había copiado de Asimov: un imperio galáctico, una fuerza invisible y poderosa, la sabiduría y el futuro protegidos en otro extremo, el extremo estelar. Pero no había copia, tal vez un material de inspiración. Las fundaciones eran, con mucho, mejores y más que eso. Pero Star Wars quedó grabado a fuego en mis sueños y escapes de este planeta y sus guerras locales, muy lejos de las estrellas.

Hoy, mi hijo José y yo compartimos la misma emoción por Star Wars. Sufrimos el drama de Anakin y Darth Vader, y quedamos siempre pensativos, nunca resueltos, sobre el futuro galáctico, a pesar de Luke, Solo y Chewbacca. Aquella guerra no ha terminado, aunque duela 30 años.

Aquella tarde de cine del año 1977 – con 22 años encima y todo el universo por conquistar – aún está fresca en mis ilusiones y mi espíritu. Y todavía (gracias a la vida), puedo viajar por el cosmos, y asir el lightsaber contra el lado oscuro, donde quiera que esté.

Gracias, George Lucas.

Enlaces:
Nota de la BBC Mundo
Ficha del primer filme de la saga

Un comentario

  1. Mirza Cequea

    Hola, este artículo sobre la guerra de la galaxias me dejó desconcertada, nunca he visto la película completa ni menos la saga. Pero ahora, quizas me anime a verla.
    Saludos

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