El cierre de RCTV, moral, censura y democracia

Radio Caracas Televisión es el canal más antiguo de Venezuela. A partir de mañana será parte de la historia y del pasado: el contenido de su señal será sustituido por otro canal, TEVES. De acuerdo con las últimas informaciones, los dueños de RCTV no contarán con sus equipos para transmitir por cable o satélite, puesto que una decisión del Tribunal Supremo de Justicia ha permitido “intervenir” los equipos (supuestamente de manera temporal) mientras la Comisión Nacional de Telecomunicaciones decide su posterior uso.

He leído y escuchado los argumentos de aquellos que aprueban la salida del aire del viejo canal. Las razones del gobierno han variado, o más bien habría que decir que Chávez ha variado, de acusarle de golpista (¿quién le dice a quién?), a señalar que el contenido de sus transmisiones ha sido dañino para Venezuela: “… sexo mal entendido, irrespeto a la mujer, a los niños, a las niñas, el irrespeto a muchas manifestaciones de la vida social, a los homosexuales, al país y al mundo, a las personas que tienen alguna discapacidad, ¡esa es la razón de fondo!”.

Libertad y medios

Un concepto ampliamente difundido por el estalinismo y asumido con estusiasmo por la izquierda mundial es que los medios de comunicación deben ser finalmente controlados por el Estado; pueden, tal vez, existir diversos medios de prensa, pero no en manos privadas. Son diversas herramientas de expresión del dueño central, el Estado, y a través de éste, el partido o la camarilla gobernante.

Uno de los argumentos básicos para justificar esta concepción es que los medios en manos privadas buscan el lucro y la preservación de sus privilegios y en función de ello manipulan la información, embrutecen a la población y pisotean los valores morales y los intereses del conjunto de la sociedad. En contraposición – afirman – el Estado garantizaría una orientación “popular”, basada en la elevación de la cultura y los intereses de la mayoría. De tal manera, el Estado se abroga el derecho de determinar qué es bueno y qué es malo para el pueblo; qué informaciones no deben divulgarse (por escasa importancia o por afectar los intereses populares). La lista del material a ser restringido y las razones altruistas para ello podrían llevar un libro entero.

En los comentarios, tal vez los más ingenuos, de la gente favorable al cierre de la televisora, se menciona insistentemente la pésima programación del canal. La argumentación de Chávez y obviamente de sus acólitos en el gobierno, es simplemente centralista y anti-democrática. La programación de RCTV, como la de otros canales de Venezuela es definitivamente mala, con apenas algunos retazos de calidad. Por ganar el mercado son capaces de promover cualquier basura (incluida la violencia y el sexo). En mayor o menor grado, todos los canales en Venezuela y muchos canales en el mundo, obran de esa forma. De la misma manera, hay libros mal escritos, e incluso perversos, revistas grotescas e infames o periódicos amarillistas. Pero eso es una parte del precio que se paga por la libertad.

Existe el derecho a decir estupideces, anunciar el fin del mundo, hablar de la aparición de extraterrestres en el baño de un restaurante o afirmar que el hombre jamás piso la Luna y todo fue un teatro. La otra parte de ese derecho permite denunciar a funcionarios corruptos, las torturas en cualquier parte (Guantánamo o Siria), la lapidación de mujeres (Irán o Irak), los privilegios insolentes de militares en el poder (Venezuela), los crímenes de lesa humanidad (militares argentinos y chilenos), el cercenamiento de derechos humanos (China, Cuba, Rusia). Casi no hay país del mundo, incluyendo a los Estados Unidos, por supuesto, donde no existan algunos de los elementos señalados anteriormente. Pero con mayor o menor fluidez, estos pueden ser conocidos y denunciados – como un elemental mecanismo de defensa de la sociedad – sólo en aquellos países donde existe libertad en el control de los medios de comunicación. No se trata de que un ente, tutor y guía, por encima de la sociedad, vele por la buena información. Tal cosa es una utopía similar a los cuentos de hadas en los que un rey sabio y bondadoso equilibra e imparte justicia en el mundo que le toca regir. Aún otorgando el beneficio de la duda de que un Estado concentre los medios con la mejor de las intenciones, la dinámica propia de la concentración del poder y la defensa de sus intereses en ese rol, llevará inexorablemente a enfrentar y acallar todo aquello que pueda ser considerado nocivo a esos intereses. La libertad en la información no es posible sin la posibilidad de que los medios sean poseídos por manos privadas, aún cuando éstos representen a una capa social privilegiada.

Moral y “Moral”

Vayamos ahora a los argumentos acerca de la moralidad. Comencemos diciendo que Chávez no es exactamente un ejemplo de respeto a la mujer y a la comunicación. Ni qué decir sobre la incitación al odio.

En el desempeño de su cargo como Presidente de Venezuela le hemos oído referirse a su ex-esposa Marisabel, en términos que exaltan su papel de macho (“Marisabel, esta noche te doy lo tuyo” “¿Te acuerdas de aquella noche en el Volkswagen?”). Quizás Chávez considere justificada su falta de respeto a la condición femenina de Condoleezza Rice, por ser ella representante del “Imperio”, pero lo que reflejan sus ataques de baja estofa, machistas y soeces, a la condición femenina de un adversario (“Parece que ella sueña conmigo. Soy capaz de invitarla a una reunión para ver qué pasa conmigo. Dijo que estaba triste y deprimida por Chávez, ¡ay papá! Que se olvide de mí. Qué mala suerte tiene esta dama. Yo no hago ese sacrificio por la patria, que lo haga otro, Cristóbal Jiménez, Nicolás Maduro, Juan Barreto que está soltero”), es su concepto de gallo provinciano, de macho cabrío y militar, como aderezo. En cuanto al odio, Chávez se lleva la palma de oro, cuando a poco de tener el poder acusaba a todos aquellos que poseyeran buenos autos y consumieran whisky, de “oligarcas”. En una primera fase, apeló al resentimiento social de una enorme capa, empobrecida brutalmente por los gobiernos anteriores, incitando al odio a los contrarios como forma de galvanizar ese sector a sus huestes. No pocos sectores de clase media se vieron amenazados en la calle por ser considerados “oligarcas”. Otro tanto hizo contra los medios de comunicación, incitando y “tolerando” los ataques físicos a periodistas y las agresiones a las sedes de periódicos o canales televisivos.

Pero, nuevamente, otorguemos el beneficio de la duda y aceptemos que el gobierno tiene las mejores y más elevadas intenciones: la experiencia humana nos dice que cuando un ente, se llame “Gobierno Popular”, Reino, “Gobierno del Proceso”, “Consejo de los Ayatolas”, Inquisición, “Soviets”, “Partido Único de la Revolución”, “Tercer Reich”, asume la potestad de determinar los valores morales y qué se puede comunicar y qué no, se asfixia la libertad de expresión, indispensable para el desarrollo de una sociedad y para la defensa de los derechos humanos. ¿Quién dice que existe un grupo de hombres perfectos, equilibrados y justos, que puedan concentrar el “poder moral” en sus manos? No me vengan con que el pueblo les dio ese poder y el pueblo velará por que se cumplan sus designios, tales son mamarrachadas de botiquín. Que la ignorancia crea que el Estado, por sí mismo, o por sus componentes en un momento dado, tenga tal virtud, vaya y pase – es rayana ignorancia -, pero cuando capas militares, partidos, instituciones, defienden tal cosa, es porque buscan afianzar su poder. Cercenar la comunicación libre es indispensable para la dominación. La opinión diferente, la denuncia, los ataques contra las ideas que se sostienen como verdades, son intolerables en relación directamente proporcional al totalitarismo.

El ataque a RCTV es un ataque a todos los medios y un paso más en la concentración del poder. Una sociedad sin RCTV, a pesar de sus malos programas y vulgaridad, es una sociedad más vulnerable al control de los militares privilegiados, la corrupción sin denuncia, y a la difusión de la “verdad oficial” como artículo de fe.

Fundamentalismo y Socialismo

Cuando en algunos pequeños pueblos de Estados Unidos, influidos por los fundamentalistas cristianos, se hicieron piras y se quemaron miles de ejemplares de libros de Harry Potter en nombre de la fe, de la Biblia, o la moral de sus autoridades, se pretendió acallar la diversidad y otras visiones de la vida diferentes de las preconizadas en aquellas comunidades. En últimas, es una expresión de temor hacia la influencia externa. Los puntos comunes entre los fundamentalismos religiosos de cualquier signo, revelan que la intolerancia es indispensable para sostener el control basado en el dogma de fe: “tienes que creer porque sí”. Pero hay mucho de común entre el fundamentalismo y el socialismo (no me creo lo del socialismo del PSOE o el PS francés, e incluso sueco; ese es otro cantar, son aparatos liberales que administran economías capitalistas) . El socialismo que ha existido, en amplia divergencia con sus objetivos teóricos, ha envilecido a la especie humana, ha parido a Stalin, uno de los criminales más siniestros de la historia (junto a Hilter), ha sometido y aplastado a nacionalidades, ha violado a placer los derechos humanos; todo en nombre de una sociedad más justa, popular, equilibrada.

Como todas las cosas, algunas de las sociedades que se reclaman socialistas o que lo fueron, exhiben o exhibieron, avances interesantes en áreas específicas. Pero tomados como un todo, los rasgos de superación son asfixiados por un espeso control que, con el paso de los años, se transforma en un peso muerto que los condena al atraso. El curso posterior de la ex-Unión Soviética es una extraordinaria evidencia: muchas de las calamidades previas a la revolución y que caracterizaban al zarismo revivieron en buena forma. El fundamentalismo religioso se afianzó, como producto de la persecución religiosa y la represión cultural. El nacionalismo chovinista se abrió paso, el pan-rusismo, la actitud pro-imperialista de Rusia hacia las repúblicas, otrora federadas bajo la URSS, goza de buena salud, lo mismo que el racismo. ¿Y qué decir de la vieja Yugoslavia del “glorioso” Mariscal Tito?

Bajo el estandarte del socialismo se dio impulso a un dogma de fe oficial, necesario para impedir el cuestionamiento y la divergencia. No se trató o se trata de la creencia en un Dios en los cielos, sino de un cuerpo de ideas “perfecto” en La Tierra. La “inevitabilidad” de la revolución y el “poder del pueblo”, la “democracia directa y popular”, una y otra vez, conceptos que se difunden en las escuelas, empresas, tv, radio, prensa. De tal manera, al igual que el fundamentalismo, el socialismo ha generado un culto a la personalidad, sustituyendo a las deidades inasibles de la religión, por hombres de carne y hueso, que son los nuevos dioses terrenales, incorruptibles, sabios, magnánimos, orientadores, expresión acabada de los ideales que sostienen el andamiaje. ¿Quienes son esos nuevos descendientes del Olimpo? Mao, Stalin, Fidel, Tito, Ho Chi Min y ahora, tal vez, Chávez, aunque, para ser franco, no me atrevo a incorporarlo en ese grupo, ya que su socialismo indigesto se parece más a Perón que a Fidel.

La libertad de información y comunicación es al fundamentalismo lo que la ciencia al oscurantismo. Lo mismo se aplica al socialismo. La duda, pilar fundamental del pensamiento crítico, estimula el cuestionamiento del poder y de las “autoridades” establecidas, lo sean por su apego al pensamiento divino o a los sacro santos intereses del pueblo. Los ídolos, sean religiosos o políticos, tienen sus días contados con el pensamiento crítico. No hay verdades eternas y toda afirmación es susceptible de escrutinio y verificación, incluyendo lo que digo en este mismo momento. La libertad de escribir en un periódico, en un blog, en una oficina de prensa de un noticiero televisado, va en contra de la tendencia centralizadora y absolutista de una camarilla que controla todos los poderes públicos. Las corporaciones privadas mediatizan, filtran, distorsionan, es cierto; pero la competencia entre ellas, su dependencia de la opinión pública y su independencia del Estado, les permite difundir una buena parte de la verdad. Eso tiene una dinámica propia, que va más allá del control corporativo. La lucha contra la concentración monopólica, en cualquier ámbito, es parte indisoluble de la libertad de opinión y expresión.

Sostengo un pensamiento científico y no acepto militares, caudillos, ayatolás, sacerdotes, druidas, partidos, sabios. La acción contra RCTV, en nombre del rescate de la moral, o de la lucha contra los “pérfidos” oligarcas, es otra triste escalada anti-democrática en Venezuela. Tarde o temprano también serán incómodos los sindicatos independientes del Estado, los aliados criticones, los izquierdistas que cuestionen al “comandante”. Y en nombre del nacionalismo tricolor, y el endiosamiento de Bolívar, se seguirán ahogando las libertades en Venezuela bajo una montaña de petrodólares.

3 comentarios

  1. No hallo qué comentario hacer, excepto que muchos venezolanos nos acostamos ayer con una profunda tristeza y amanecimos hoy con una enorme depresión. Las calles estaban esta mañana vacías. La soledad,la indefensión y la impotencia las siento dentro de mí casi como una enfermedad.

  2. Después de tal análisis queda sólo expresar la dolencia por la pérdida de un ícono de la cultura nacional que nos acompañó desde la última mitad del siglo XX a más de 3 generaciones de venezolanos.
    En alguna caja o alguna repisa, descansan empolvadas y descoloridas las cintas de VHS (VCR) que mi papá dejaba grabando con mis programas favoritos, y que yo devoraba hasta el desgaste al llegar del colegio – algunas siguieron conmigo por años, y pasaron a ser disfrute de mi hermano José, ya con el audio exhausto. Mi papá me había enseñado a manipular el pequeño control remoto (remoto diseño aquel de 4 botones) y yo, ansioso, adelantaba los comerciales para no sufrir interrupciones (un TiVO manual). Pero justo antes de volver a las aventuras del avaricioso Mc Pato o las batallas de los Thundercats, un león erguido y elegante me prevenía segundos antes de la emoción, el Santiago de León de Caracas, parte del símbolo de la Radio Caracas Televisión de los años 90.
    Después no hubo más león. Ya hoy no hay canal. Pero hay recuerdos.

  3. bueno creo que es muy triste que hallan cerrado un canal de television de tantos años y ademas,nos estas quitando nuestra libertad de decidir que ver y que no por la tv a las 12:00pm del ultimo dia de rctv y la señal se fue ,cuando todo se puso negro mi mama se entristesio mucho y se puso a llorar y mi hermana con solo 12 años le dijo a mi madre ya!!! deja de llorar entiendo lo que sientes pero yo tenesesito fuerte ahora mas que nunca tenemos que ser muy fuerte hay que luchar mi libertad por la tuya y por la de todos los venezolano yo les digo den el ejemplo como lo iso mi hermana sean fuertes por que tenemos con que!!!!!!!

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