La masacre de Virginia Tech: una reflexión

Ayer, cuando escribía la nota sobre los sucesos en la Universidad Politécnica de Virginia, la cifra de muertos remontaba a 22. Pocas horas más tarde los canales de noticias anunciaron la macabra cifra de 32 víctimas fatales, incluyendo al asesino, quien aparentemente se suicidó. La matanza fue protagonizada por una mente obviamente desequilibrada. En los próximos días saldrán los detalles, intentando penetrar los pensamientos del criminal. Ciertos medios televisivos, como Fox, han hecho énfasis en el descubrimiento de que el homicida era de nacionalidad sur coreana y han comenzado a hurgar su estatus migratorio. Pero esta terrible matanza no es un problema aislado, referente a un loco, de la nacionalidad que fuere, que irrumpe en la paz de la enseñanza. En Columbine los asesinos estadounidenses no fueron chicos estables y centrados; es imposible encontrar sensatez en el hombre que en Pennsylvania, en la comunidad Amish, segó la vida a varias niñas. Tras cada uno de estos siniestros episodios hay un factor común: la locura pudo expresarse por medio de las armas que estaban al alcance de la mano.
En BBC Mundo, un artículo acerca de la identidad del asesino contiene el siguiente párrafo:

En una mochila que llevaba Cho Seung-Hui, la policía encontró el recibo de compra de una de las armas, adquirida en un supermercado. Una de las pistolas era de calibre 9 milímetros y la otra de calibre 22. (El destacado es mío).

Virginia se cuenta entre los estados de la Unión con mayor displicencia y laxitud en la venta de armas.

Si alguien planea un crimen, el asunto de la “logística” para consumarlo está dado por hecho; con poco menos que algo de habilidad y dinero, se procura de las armas.
Tal vez, podría afirmarse, que si no fuese legal y fácil, el asesino intentaría obtenerla por otros medios. Sí, pero es un estimulante y de gran envergadura, que el criminal sepa que puede ir y servirse, casi como si se tratara de adquirir un polvo para lavar platos o un galón de leche.
El tema es crucial y tarde o temprano volverá sobre la palestra, una y otra vez. Los grandes vendedores de armas apelan al derecho constitucional a tenerlas, aunque tal vez no defiendan con el mismo celo los preceptos constitucionales pisoteados por el Acta Patriota. La violencia incubada en la sociedad, por mil y una vía y motivos, encuentra una manera fácil de expresarse cuando las armas están al alcance de la mano y existe toda una cultura que estimula su uso y venta. Los psicópatas entonces se transforman en bombas de terror, equipados con armas automáticas o semiautomáticas, rifles con mirilla telescópica y pare de contar. Así, la razón de ser del porte de armas consagrado en la Constitución por los padres fundadores – la autodefensa civil para preservar, entre otras cosas la democracia – se convierte en un mecanismo de terror interno que socava las bases mismas de esa democracia. ¿Qué sigue ahora? ¿Colegios y universidades cercados, con ejército interno? ¿Pérdida de la vida libre y dinámica del campus por un enjambre de medidas de seguridad que abarque todos los niveles de la vida académica? ¿Y en las escuelas secundarias? ¿Seguir tal vez el ejemplo de Nueva York y establecer detector de armas en las puertas?
Mientras se amurallan las vidas de todos, y crece el presentimiento de que el aire se agota en las calles, en el “mall” o en el supermercado, poco más allá de la sección de juguetes e incrustado en el departamento de “deportes”, brilla el aparador con armas. ¡Ay Norteamérica!

7 comentarios

  1. Realmente resulta espeluznante que puedan adquirirse armas en un supermercado.
    Visto desde este lado del mundo nos resulta extraño, aunque cuando viajas descubres cosas tan sorprendentes como los carteles de “Deje sus celulares y sus armas fuera” en las iglesias guatemaltecas, por ejemplo.

    Ayer mismo leí algo que nos da cuenta de lo difícil que puede resultar contrarrestar esta industria, la de las armas ligeras, en un país como Estados Unidos:
    Quiero que compres un arma

    Saludos,
    JJ

  2. Vengo de un país, Venezuela, donde la violencia es pan de cada día. Caracas, la ciudad donde nací, tiene uno de los índices de homicidios más alto del mundo, pero aún así las matanzas recurrentes en el sistema educativo son impensables.
    Hace años vivo en Estados Unidos y muchas veces, cuando he ido de compras, he visto las armas expuestas en el supermercado, esperando por sus nuevos dueños. Ya se conoce que el asesino de Virginia las obtuvo legalmente, pagando 521 dólares por una de ellas. Mostró tres identificaciones (todas en regla y rutinarias) y se marchó con su paquete. Carteles como el que se muestra en el enlace que has colocado (gracias) son típicos de los promotores de la venta de armas aquí.

    Saludos

  3. Gracias por la respuesta Emilio. Efectivamente la violencia en el sistema educativo es una curiosa constante en Estados Unidos. Desde España resulta sorprendente.
    De hecho personalmente me llamó la atención el enfoque de la prensa al ofrecer la información, denomiándola “La mayor matanza en el sistema educativo de la historia del país”. Síntoma de que ha habido muchas.
    Felicidades por el blog!

  4. Aun no puedo entender ,la mente tan perversa.corazon tan frio de noimportar el dolor de los demas.Lo unico que tampoco podemos olvidar que estamos viviendo los ultimos tiempos,debemos de comensar a vuscar de dios acada instante de nuestra vida ,es el unico que nos puede ayudar a entender un poco los tiempos dificiles que estamos viviendo,y consagrar con la sangre de cristo anuestros hijos acada instante del dia especialmente cuando se dirigen a la escuela o a lugares don de no podemos estar con ellos.

  5. Oscar Unamuno

    Una ‘curiosidad’ que encontré mientras leía las noticias. Nos demuestra la rigurosidad que existe para obtener un arma:
    http://www.cnn.com/2007/US/05/15/baby.gun.ap/index.html

    Saludos Emilio.

  6. Sencillamente impresionante. ¡Un bebé tiene porte de armas puesto que no hay límite de edad en los requerimientos! Es un mundo de locos.

    Gracias por el enlace,

    Saludos

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