Horror en Virginia

Nuevamente, una tragedia gigantesca enluta al sistema educativo norteamericano. Al menos 22 estudiantes han sido asesinados al momento de escribir esta nota y otros muchos están heridos de consideración, en una universidad tecnológica en Virginia. Aún no se sabe con certeza si se trató de uno o dos atacantes, y si eran (presumo que están muertos) estudiantes o ex-estudiantes. La prensa estadounidense, fanática de las estadísticas y los cuadros comparativos, se ha apresurado a señalar que es el peor incidente de su tipo en la historia de los Estados Unidos, superando la masacre de Columbine High School, en Colorado, que segó la vida a doce jóvenes estudiantes.
Más allá de los detalles, las cifras y las estadísticas, este nuevo hecho, acaecido menos de una década después de Columbine, revela la profundidad de la crisis social y la descomposición de la sociedad de un país rico y poderoso. ¿Qué está ocurriendo? Tenemos pleno derecho a preguntarnos.

Cuando veo la televisión y escucho las estadísticas, me percato de que se pretende, consciente o inconscientemente, asumir el hecho como parte inevitable de la vida del país, como cuando se habla de cuántos accidentes aéreos ha habido, a la luz de un nuevo siniestro, o cuántos muertos dejan los accidentes de tránsito en un período de intensa circulación. Pero no es normal, bajo ninguna circunstancia, que los muchachos, nuestros hijos o futuros nietos, caigan muertos por las balas de un compañero enloquecido o de un furtivo transeúnte que está harto del mundo. ¿Pasa esto en las universidades y colegios de América del Sur y no lo sabemos? ¿Cuántos muertos van en las universidades españolas, francesas, alemanas o polacas? ¿Es este fenómeno de crímenes “escolares” una nueva realidad mundial, o un cáncer que crece en Estados Unidos, el país de las armas y las guerras? ¿Cuántas masacres quedan por delante? Cualquier joven puede conseguir un arma y en no pocas ocasiones es entrenado por su padre. La violencia en la sociedad no nace sola. Las guerras absurdas deben tener un costo psicológico muy alto. La pacatería moral y el anuncio de los fuegos del infierno también. La competencia vil, el valor de lo material, el desprecio hacia los conocimientos. Estoy consternado y conmovido. ¿Sacarán las conclusiones pertinentes los políticos, o seguirán empeñados en administrar el nuevo mundo, con rasgos de barbarie? Aquí no sólo han muerto estudiantes, aquí está muriendo Norteamérica.

Un comentario

  1. Una tragedia terrible que delata la ausencia de valores sociales, el desprendimiento y el desapego de la realidad y por la vida, propia y ajena. La invasión de la cultura bélica y guerrerista a la juventud, los modelos de poder, la extrema presión competitiva por valores materiales, la constante evaluación del éxito sólo en términos económicos, la falta de atención individualizada en los colegios y universidades, la destrucción del núcleo familiar, el arraigo de las armas sobretodo en zonas rurales, y un sistema de salud inhumano, donde especialmente la atención mental es carente, han servido a la masacre de Virginia Tech, y el horrible trauma para la comunidad de jóvenes estudiantes a los que les (nos) toca sobrevivir entre la descomposición.

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