Candidatos: ¿Por qué será que no les creo?

El viento cambió de dirección. Hace unos años, cuando al presidente Bush y su cohorte, impulsaron la guerra, una buena parte de los dirigentes demócratas, salvo honradas excepciones, le dieron su caluroso apoyo. No importó que las evidencias de las armas de destrucción masiva no existieran, tampoco fue relevante que se echase a un lado la autoridad (si es que tiene alguna) de la ONU y las recomendaciones de numerosos países europeos. Lo importante, para aquellos dirigentes demócratas, era seguir la dirección del viento y éste viraba a la derecha, cargaba olores a fundamentalismo cristiano, a patrioterismo y prepotencia imperial. La victoria parecía fácil y oponerse a la guerra era correr el riesgo de ser tildado de cobarde, traidor, amigo de los terroristas. Vino la guerra y aquel clima oscurantista que invadió a la sociedad estadounidense fue el caldo de cultivo para atacar los derechos civiles consagrados en la Constitución. También levantaron sus manos, aprobando toda suerte de violaciones a la privacidad y a los derechos humanos en nombre de la guerra contra el terror.
Pero la dirección del viento cambió.

El terrorismo sigue fuerte y nuestros soldados mueren dramáticamente en Iraq, un país desmembrado cuya población civil sufre día a día la muerte, la angustia, la violencia. El pueblo norteamericano votó por los demócratas para el Congreso. La gente no aprueba más la guerra; no es difícil ver que no hay un camino de victoria y que estamos en una maldita trampa. Ahora algunas voces piden que los que votaron a favor de la guerra reconozcan su error y he aquí que la Sra. Clinton hace la siguiente declaración:

Obviamente yo no votaría de esa manera nuevamente si nosotros hubiéramos sabido entonces lo que sabemos ahora.” […] ” Pero tengo que decir que si lo más importante para cualquiera de ustedes es escoger alguien que no haya depositado su voto (por la guerra) o haya dicho que su voto fue un error, entonces hay otros de los que escoger. Pero para mí la cosa más importante ahora es intentar poner fin a esta guerra”.
Me alegra que desee poner punto final al desastre, pero ¿por qué será que no le creo su ingenuidad anterior? Y en últimas, no estaría mal, nada mal, que al menos reconozca que su voto fue un calamitoso error, algo de lo que avergonzarse. Pero tampoco estoy muy seguro del nivel de vergüenza.

Fuente:

Washington Post (en inglés. Suscripción requerida)

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