Historia de un sueño

frijoles, acuarelaA todos nos ocurre que de pronto, en lo más profundo de la madrugada, despertamos confundidos, sin tener una completa certeza de cuál es nuestra vida, si la que hemos soñado o la que creemos, parece no ser un sueño. A los pocos segundos, no bien palpamos la cama, sentimos el aire, olfateamos las paredes, la realidad, buena o mala, nos reclama, y somos conscientes de que hemos estado soñando.
Anoche fue una de esas ocasiones. El sabor de la otra vida quedó tan impregnado en mi piel que me quedé un buen rato pensando una historia para la bitácora. ¡La bitácora! Presente en la madrugada, alentándome a escribir, susurrándome al oído no sé cuántas fantasías. Me dormí. Volví a soñar, pero otra historia muy distinta, llena de ancianos suizos y una bella rubia, joven, simpática y amable. Al amanecer había olvidado el artículo que imaginé para el blog, pero aún recuerdo el sueño:

“Soy un periodista, investigador. Me gusta hurgar en los hechos históricos y conseguir detalles, que aunque pasen desapercibidos, forman un todo con los personajes y sus vidas. No sé en qué época estoy, pero me entero que Andreu Nin va a sostener una reunión informal, pero muy importante, con destacados personeros de Estados Unidos, especialmente intelectuales. Tengo mucho interés en averiguar acerca de aquella reunión y los tópicos que se abordarán. Me entero que Nin piensa hacer una comida para sus invitados y más aún, logró averiguar que se trata de frijoles. De pronto, salto al futuro ( o al presente). Sé muy bien que tal brinco puede ser sólo una laguna en mi mente y que tal vez en el sueño hubo una hilvanada continuidad. Voy caminando por una acera, muy europea, absolutamente ajena al sol de la Florida y llena de Madrid. Hay hermosos cafés, gente conversando en las mesitas. Camino sin saber a dónde y me asomo al escaparate de una librería. Un periodista ha escrito un libro con la historia pormenorizada de aquella reunión que tanto me interesó. Ahora es un hecho de un pasado histórico y el autor devela los entretelones, la presencia de otros miembros del POUM, las anécdotas contadas por los norteamericanos y … la receta de los frijoles, con foto incluida. Me quedo frente a la puerta de la librería y me digo a mí mismo: “cómo es posible que yo no tenga dinero para comprar ese libro”, “no puede ser que mi pasión sea investigar y escribir y yo me encuentre siempre con los bolsillos vacíos, sin poder comprar un maldito libro o una revista”. “necesito escribir para la bitácora acerca de esa reunión e incluso dar detalles de la comida”.
Todavía recuerdo la imagen del plato de frijoles. Ahora me pregunto por qué asocié estos granos con Andreu Nin o con Europa. Reconozco que adoro la fabada asturiana, pero está lejos de ser los benditos frijoles o fréjoles, que forman parte de la dieta básica de muchos pueblos latinoamericanos. Tal vez sea que añoro, además de la vida intelectual y aquél periodismo que alguna vez ejercí, en mi juventud, una buena paella, un pulpo a la gallega, o cualquier cosa que me aleje de esta terrible manera de comer de Norteamérica. Podré ser estadounidense y amar tanto de lo que es, con sus brutales errores y su maravillosa visión, pero creo que nunca me acostumbraré a su despiadado concepto de la alimentación. ¿Y de la reunión qué? Nunca lo supe. No pude comprar el libro.

Un comentario

  1. Excelente viaje por los laberintos del REM. Deben ser los efectos psicotraumáticos, alucinógenos, post-quirúrgicos de la anestesia.

Escribir un comentario

Creative Commons License