Dibujo Lejano

Hubo una vez … ¡Qué lejano parece! ¿Habrá ocurrido? ¿Será mi imaginación?
Hubo una vez … Caballitos y vaqueros, indios y caballitos, se disputaban el piso de la habitación. Los títeres dormían conmigo y se llamaban Tommy y Diablón. Las mañanas tenían esperanzas y el cielo sonreía para siempre.
Todavía puedo recordar el armario lleno de juguetes, ilusiones que esperaban compartir el día y el mal no existía, salvo para ser invariablemente derrotado, sólo para demostrar en su contraste, que la vida era bella.
Había un chico, siempre con overall o pantaloncillos cortos, que dibujaba flores. Era mal dibujante, hay que reconocerlo, pero sus manitas, pequeñas y tiernas se esmeraban en dibujar flores, rojas, azules, verdes, con el centro amarillo o naranja, con los bordes remarcados, muy oscuros, para resaltar su forma y atraer la mirada de su madre. Corría, corría mucho, y saltaba a la espalda de mamá, que le toleraba y decía: “niño, niño”.
Hubo una vez …, hace mucho, mucho tiempo. Entonces mamá era una palabra a flor de labios y la sonrisa llenaba el pecho, la habitación, el jardín. Han pasado tantas nubes, de tan diversas formas, por el océano celeste, que se hace difícil discernir realidad y fantasía. ¿Será que las madres existen de veras? Porque si es así y tal cosa se comprueba, debo advertir que yo entonces, alguna vez, en otros tiempos, otros mundos, tuve infancia y una mamá.

En recuerdo a mi madre, que se fue de mi vida hace ya 35 años.

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