40 años

Un seis de enero de 1967 murió mi padre, al que – aunque le conocí poco – nunca olvido. Fue bohemio, compositor, guitarrista excelente, locutor y aventurero. Llegó a Venezuela un 26 de octubre de 1938, procedente de Nueva York, donde había residido por varios años entre las calles de Manhattan y el Bronx. En ese viaje (una gira musical) conoció a mi madre, que era una jovencita actriz de la incipiente radio venezolana llamada Ana Teresa Guinand. En poco tiempo se enamoraron. Mi abuelo Rafael, al parecer, no vio con buenos ojos aquel noviazgo y se opuso a cualquier pretensión de matrimonio. Mi madre, sin importarle los grandes prejuicios de la época y el profundo machismo de la sociedad, vivió en concubinato con José Emiliano Ortiz (mi padre). No pasó mucho tiempo antes que se aceptara el matrimonio que se llevó a cabo un 24 de diciembre de ese mismo año.
La prensa de la época jamás mencionó el asunto – de hecho, estoy dando la primicia a los venezolanos – y por el contrario se publicaron reseñas del casamiento y se describe la iglesia, el vestido de la novia y demás.

La verdad es que la boda eclesiástica se efectuaría casi 28 años después (en secreto), a instancias de mi madre (muy católica) y a pesar de mi padre (no creyente). Mi madre se realizaría como una famosa actriz humorística y luego dramática, que dejó su impronta en la historia de la radio y televisión de Venezuela; mientras, José Emiliano seguiría tocando su guitarra e intentando vender productos de su invención. Al momento de su muerte, cuando contaba con 57 años de edad, se dedicaba a bienes raíces con mucho éxito.
Su muerte se llevó a mi familia. Mi madre le sobrevivió apenas 5 años y vivió cada día sin él, en una profunda tristeza que nos afectaría a todos.
Hoy te recuerdo, querido papá. Te debo la vida, la sensibilidad musical, el amor a los animales y el asco por la injusticia. Por si fuera poco, te debo la ciudadanía americana. ¡Gracias viejo!

Nota:
El año pasado escribí “El microscopio del Día de Reyes”, un relato para la sección “Retazos” de la bitácora, que narra aquél último día. Invito a todo aquel que no lo haya leído a hacerlo, creo que les gustará.

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