Tortas, bitácora y demás

tortaMe apresto a preparar una torta para el cumpleaños de “mi pequeño” José. Ya no es un niño. El tiempo, inexorable, ha pasado y, como si de una crisálida que se abre se tratara, repentinamente, aquel infante nos ha dejado. El Buzz Light Year, el Rey León, La historia sin fin; los cuentos a la hora de dormir y las risas, estridentes y cómplices, que le seguían; los emocionantes días de navidad y la ilusión de Santa. Las preguntas, la curiosidad y el asombro. Estoy seguro que todos ellos forman ahora parte de su equipaje, aunque creo que por el momento, la sangre llama a otros motivos y le dice: “¡adelante, no mires atrás!”.
El joven que asoma es una nueva persona a conocer, y nos toca, con todo nuestro amor, decirle “¡bienvenido a la adolescencia!” y reconocer sus nuevas metas.
Amo a mis hijos y creo que, junto a mi querida compañera, es lo mejor que me ha pasado en esta vida. El tesoro más inmenso de recuerdos, de momentos felices, de risas y ternura, los tiene a ellos de protagonistas.
Me apresto a preparar una torta. Es de chocolate, con nueces. Los ingredientes se mezclan con mis memorias. Siempre tengo presente el momento que vino al mundo, sus primeros pasos, su curiosidad con el camión del aseo urbano y sus lucecitas rojas en la noche de Valencia, o la emoción con los rayos y truenos de aquellos cielos tropicales.
En estos días las cosas han estado muy complicadas, de veras. No amigos, no puedo escribir como quisiera. Supongo que las semanas por venir me darán el alimento y el espacio para seguir la andadura. Hoy, no tengo tiempo, y además, tengo que preparar una torta, para uno de los grandes amores de mi vida, creo que bien lo vale.

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