Mary, estamos contigo

He tenido el privilegio de tener amigas y amigos formidables. María Alejandra ha sido uno de ellos. Más que cualquier cosa, es y ha sido una hermana, compañera, ante quien soy transparente y de quien guardo y atesoro montañas de recuerdos, maravillosos, únicos. Ella fue mi segunda esposa, cuando ambos éramos jóvenes, aventureros y altaneros. No funcionó, pero nunca hubo motivos para dejar de ser entrañables amigos. Los avatares de la vida la llevaron, a ella y a mi esposa Morella, a ser las mejores amigas, quienes compartían alegrías, sueños y tristezas. Mary, como cariñosamente la llamamos, ha sido golpeada por un ACV y está ahora intentando recuperarse. Mi amiga del alma no puede hablar y tiene la mitad de su cuerpo paralizado. Escribo esta nota con lágrimas en los ojos e impotente de no poder correr a su lado, reconfortarla y darle ánimos para luchar por su recuperación. Ella es fuerte, aguerrida. Ha dedicado su vida a los humildes y ha bregado sin descanso por el derecho a la salud, por la defensa de los trabajadores frente a las amenazas de su entorno de trabajo.
Toda la semana pasada he estado con la mano paralizada para escribir: el ánimo ha estado golpeado y frágil, la mente ha viajado diariamente a Venezuela, a su lado. Mi esposa y yo nos miramos y sentimos lo mismo. Queremos correr hasta allá y no podemos.
Hermana querida, estamos contigo, siempre y en cada momento. Por tu recuperación, por la vida.

Un comentario

  1. Y quienes te tenemos indeleble en memorias de la infancia, en la Colonia Tovar, que conservo como un santuario en el recuerdo; quienes disfrutamos de tu tierno despite, tu risa siempre pronta, el cariño de tu abrazo sincero en la distancia, el afecto íntimo y familiar, y el consentimiento de quien, cuando ves finalmente, vuelve a llenar el espacio de alegría; nosotros, mi hermano y yo, también estamos contigo.
    Tu muchachito

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