Venezuela elecciones 2006. El incierto futuro

Mañana 3 de diciembre se efectúan elecciones generales en Venezuela. A todas luces, dos grandes polos se enfrentan: la continuidad de Hugo Chávez en el poder o el triunfo de la candidatura de la oposición, con el gobernador del estado Zulia, Manuel Rosales, como abanderado presidencial. Numerosas encuestas, generadas por organismos de investigación internacionales dan ventaja (mayor o menor) a Chávez como eventual ganador. La oposición, sin embargo, ha dado significativas muestras de contar con fuerte respaldo en la sociedad; la gigantesca manifestación de cierre de campaña del candidato Rosales, tal vez una de las más numerosas en la historia de Venezuela, es una evidencia al respecto. Pero Venezuela vive – y no descubro el agua tibia – un proceso que va más allá de la contienda electoral. Éste es un episodio, quizás el más importante desde los acontecimientos del 11 de abril de 2002, pero episodio al fin. El gobierno, el chavismo y quienes le apoyan, asumen, con variados tonos y diferencias, que transitan el camino del nuevo socialismo del siglo XXI. La oposición, que reúne a prácticamente todos los sectores adversos al gobierno, tiene un discurso que va desde quienes acusan a Chávez de ser un tirano declarado a quienes le acusan de querer ser un dictador “comunista”.

Venezuela me duele, puesto que allí nací y en ella transcurrió la mayor parte de mi vida. Tengo amigos entrañables en ambos lados de la contienda y familiares que están con uno u otro bando. Por ello, escribo estas líneas preocupado y temeroso de los acontecimientos que pueden, con mucha probabilidad, desatarse en ese país. No soy optimista y aunque no tengo elementos para prever una guerra civil, no es menos cierto que existe el clima para el estallido de la violencia y el enfrentamiento sangriento entre los sectores más radicales. No veo, en los actuales momentos, la existencia de dos fuerzas, relativamente equiparables, organizadas y poderosas, dispuestas a enfrentarse militarmente, pero siento, en las cartas, en las noticias, en los comentarios de familiares y amigos, que ambos lados no están dispuestos a creerse. No puedo dejar de señalar que el gobierno ha dado sobradas razones para la duda. Aún partiendo del supuesto de que siempre han llevado a cabo elecciones limpias, el abuso de poder, la manipulación de los entes gubernamentales y de aquellos que se presumen autónomos, ha sido una constante que sólo aumenta la incertidumbre.
Me temo que las elecciones desatarán la furia, sea cual sea el resultado y sólo deseo equivocarme y escribir, en los días posteriores, que eran fantasías, producidas por la lejanía.
El gobierno ha querido preparar el terreno para que se piense que la oposición tiene un juego “desestabilizador” y que provocará disturbios y enfrentamientos. Creo que todos los gobiernos en una situación similar hacen lo mismo y el chavismo no es la excepción. Pero si algo es perfectamente visible para el que quiera verlo, es que la “revolución bonita” del presidente Chávez, ha buscado el enfrentamiento siempre. Las amenazas, desde el poder del Estado y de la boca del propio Presidente, son pan común en la Venezuela de hoy. Hay quienes lo asumen como una necesidad “revolucionaria” para enfrentar a la “oligarquía”. No creo en esas fanfarronadas revolucionarias como tampoco creo que Chávez sea actualmente un dictador y quienes dicen tal cosa, desde la oposición no hacen más que confundir. Pero estoy seguro que no es un demócrata. Es un caudillo y para colmo militar, así que el respeto por la opinión contraria le tiene sin cuidado. Además, como cacique y militar, gusta de la sumisión y las alabanzas. Naturalmente, lo sé perfectamente, hay quienes consideran que la solución para los países como Venezuela, admite la existencia de dictadores o proto-dictadores “benevolentes”, que como Fidel Castro, deciden incluso a quién y cuándo le traspasan el poder. Qué Chávez no sea dictador hoy no significa que no intenta serlo. Al igual que cuando fue candidato por vez primera, sería incapaz de darle mi voto: cuestión de principios, no voto por militares y no me inclino ante caudillos. Le escucho vociferando contra Bush mientras garantiza el suministro de petróleo a Estados Unidos. Le oigo hablar de democracia directa mientras alaba a Fidel, ensalza las bondades de la revolución islámica y al gobierno iraní, o rinde honores militares póstumos al tirano Marcos Pérez Jiménez, que gobernó a Venezuela en la década de los 50; mientras, una nueva crema de arribistas y militares se transforman en los nuevos ricos de la bonanza petrolera. No me engaño. Chávez es hijo de la Cuarta República. Sus padres son los gobiernos de Acción Democrática y Copei, que durante los últimos decenios ejercieron la corrupción y empobrecieron al país.
Mañana el voto de los venezolanos, por uno u otro candidato, es tan sólo un capítulo más. Pero puede significar un salto en la polarización de una nación que se desgaja.

Escribir un comentario

Creative Commons License