¡Voté!

Acabo de depositar mi voto para las elecciones legislativas. Es mi primera vez, gracias a mi recién adquirida ciudadanía estadounidense. Es interesante el contraste, al venir de un país suramericano. En primer lugar, aunque la fecha de la votación general es el 07 de noviembre, existe la alternativa de la “Early Voting” o “votación temprana”, que en el condado al que pertenezco, se habilitó desde el 23 de octubre y finaliza el 05 de noviembre. En ese período cualquier elector puede ejercer su derecho en los locales dispuestos para ello. Pasada esa fecha, deberá votar el día de la elección y en el precinto que le ha correspondido cuando se registró (establecido de acuerdo al lugar de vivienda). Hay incluso la posibilidad de votar por correo, pero para ello debe solicitarse el permiso ante la oficina del supervisor de elecciones del condado.

Me desplacé a una de las bibliotecas públicas que está cercana a mi vivienda. Se encuentra a unos 5 minutos en vehículo y allí acostumbro solicitar libros, DVD y CD. En un salón lateral estaban colocadas unas doce máquinas de votación que, a mi entender, eran del modelo iVotronic. No había filas. Apenas dos personas estaban frente a las máquinas. Pasé a una habitación donde mostré mi licencia de conducir y una máquina expulsó un registro con mi nombre y dirección, el cual firmé conforme. Luego me dirigí a una trabajadora de elecciones que me explicó el sistema y procedí a votar, marcando en la pantalla mis escogencias con el dedo.
De acuerdo al estado, condado y distrito al que pertenezco se definen mis opciones de voto. Tuve las siguientes disponibles: Senador por el estado al Congreso de los Estados Unidos; Gobernador del estado; Comisionado de Agricultura, Fiscal general, jueces, y afirmar o negar respecto a seis enmiendas propuestas por ciudadanos u organizaciones diversas.
El sistema, tal como yo lo veo, está elaborado de tal forma que fortalece el bipartidismo (entre republicanos y demócratas) y margina a los aspirantes de terceras fuentes. Por ejemplo, cuando uno se registra, la papeleta tiene un apartado en el que la persona debe informar si es demócrata, republicano o “sin partido”. Esto, desde ya establece una clasificación muy obvia: o se está con los partidos (sólo dos posibles) o se es un “no-partisan”. Esa información permitirá que los miembros registrados en alguno de los partidos (léase siempre Demócrata y Republicano) puedan votar en las primarias donde ambas organizaciones escogen a sus candidatos de entre los postulantes. Cualquier otro partido existente no tiene el mismo estatus; forma parte de un conglomerado “exterior” al mundo de la institucionalidad partidista. Es una buena manera de que el resto de las organizaciones queden siempre en la sombra, desconocidos para las grandes mayorías. Mientras que la votación uninominal muestra grandes ventajas, encuadrada en este sistema fomenta el desconocimiento de otras organizaciones y su cuerpo de ideas. Aquí en la Florida, por ejemplo, se presentaron candidatos de otros pequeños partidos como el Reformista, Verde, Libertario, etc. Algunos más conservadores que los republicanos o muy reaccionarios en determinados puntos y liberales en otros. En general, salvo escasas, muy escasas excepciones, los debates, entrevistas, ruedas de prensa, fueron protagonizados por los representantes de los “partidos”, al resto se les ignora en las invitaciones a tales eventos. Por supuesto, los medios giran en torno a los dos “grandes”, de tal manera que todo el entramado fortalece el bipartidismo. El otro factor que ayuda es la ignorancia o la falta de participación. Habrá que ver los resultados y el nivel de abstención (que en general es bastante alto), pero es un hecho que la sociedad, presa de la abundancia y el bienestar material, marcha por caminos de diversión, consumo y – si puede decirse así – a espaldas de los grandes acontecimientos, salvo que les afecten directamente.
No puedo negar que me inquieta saber qué habrá decidido el pueblo elector en cuanto a los destinos del Congreso. No es un asunto menor, en especial para una sociedad que se ha sumido, en los últimos años, en un cierto oscurantismo y retroceso en libertades conquistadas que nublan el panorama de esta gran nación y del mundo. Sea como fuere, estoy feliz de tener la libertad y el derecho de decir y escribir lo que pienso y de haber votado de acuerdo a mis convicciones.

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