¡A pagarnos, ladrones, que somos artistas!

Let The Music Play: Join EFF TodayNo vivo en España, ni siquiera en Europa, pero el canon (impuesto o cargo) que rige  sobre los medios de almacenamiento y copia digital en España, me enerva tanto como si allí viviera. Estoy en Estados Unidos y debo persuadirme de soportar las medidas de la RIAA quien, abusando de las leyes del copyright y bajo el supuesto de defender los intereses de los artistas, ejecuta actividades policiales de persecusión y restricciones contra la sociedad, aplicando un esquema anticuado, ajeno a las nuevas realidades de Internet y el desarrollo de la tecnología.
Hace poco he leído una nota en Mangas Verdes donde se resumen las afirmaciones de un conjunto de notables artistas (cantantes, compositores, productores y directores de cine) en defensa del canon. A diferencia de sus pares canadienses, ellos consideran que la sociedad entera les roba y por tanto han de resarcirles mediante el impuesto a todo dispositivo en el cual pueda “eventualmente” copiarse su obra. Lo contrario, es decir, eliminar el canon, afectaría sus ingresos y no se haría – según ellos – justicia a su trabajo.
El asunto tiene mucha tela que cortar, pero me voy a referir a un aspecto: las nuevas tecnologías y la obra artística.

En el sitio de la Electronic Frontier Foundation hay un texto que comienza diciendo: “Es tiempo de encarar el hecho de que en el mundo de hoy las leyes de copyright no sirven. Nuestro actual régimen de copyright hace criminales a los amantes de la música. Peor aún, convierte a todos los usuarios de Internet en sospechosos de delito”. Las líneas anteriores no representan una fanfarronada, un decir panfletario para abordar la discusión sobre el copyright y las nuevas tecnologías. Es un hecho. La demostración contundente es que cada día que pasa más y más gente descarga música, vídeos, filmes, de la red y cada día los empresarios del mundo del espectáculo intentan nuevas y más coercitivas vías para impedirlo. Mientras ello ocurre, esos mismos empresarios y los artistas que ellos representan, buscan estimular la ansiedad de consumo de las obras. Se hacen estudios de mercado, se fabrican modas, se invierten millones en publicidad, revistas, televisión, cine, radio e … Internet. Cuando se multa con miles de dólares a una niña de 12 años, porque compartió música a través de la red, o se obliga a los españoles a pagar un impuesto especial por cada DVD, CD o dispositivo susceptible de recibir datos, se está castigando a la sociedad por utilizar las nuevas tecnologías y responder al sobre-estímulo del mercado; sin embargo, los regentes de éste no buscan adaptarse al nuevo mundo, pretenden que el nuevo mundo efectúe el salto imposible de retraerse a sus antiguas fronteras. Es – salvando las distancias – como intentar encajonar al capitalismo y sus leyes de mercado en un orden feudal. De tal experimento sólo puede surgir un engendro, cuyas víctimas son los ciudadanos.
La industria ha querido presentar el asunto como la defensa de los derechos de los artistas, a quienes los ciber-usuarios afectarían al difundir una obra que, aunque hayan pagado, no tienen derecho a compartir y se iguala a la niña de 12 años con el verdadero pirata que vende discos copiados. Hay infinidades de formas de solucionar el problema sin que la industria se perjudique y los artistas obtengan beneficios. Hay al menos diez propuestas en esta página de la EFF, de seguro se pueden encontrar muchas más, pero para ello hace falta la disposición de los empresarios y los autores a reconocer que la nueva realidad tecnológica amerita una aproximación diferente y que todos tienen que estar dispuestos a dar algo a cambio. Pero los empresarios, hasta ahora, quieren – como siempre – llevarse todo el pastel y no toleran algo sobre lo que no tienen absoluto control. Por su parte, una fracción de los artistas (los de “éxito”) acostumbrados a sentirse verdaderas “estrellas”, semi dioses destacados en La Tierra, creen que el sistema que “funciona” es el que por años han creado las disqueras y las corporaciones, desde que descubrieron que hacer de la obra de arte una mercancía podía generar pingües ganancias.
Internet ha llegado para quedarse. La tecnología, a menos que el mundo caiga en una nueva era de barbarie, seguirá avanzando y rompiendo barreras. Las herramientas para compartir y difundir cualquier cosa serán cada vez más efectivas y – espero – más utilizadas. La base material para bajar del nicho de las “élites” a la obra de arte existe ya y no parará de desarrollarse. Cuando unos cuantos artistas europeos y los españoles citados por Mangas Verdes, hablan en pro del canon y aseguran que su fuente de ingresos se verá mermada considerablemente si lo eliminan, dan la espalda a la nueva realidad mundial y, sin quererlo, demuestran que su relación con las empresas del espectáculo es injusta con ellos, si no cómo entender que Víctor Manuel señale que: “Si para los consumidores constituye una forma barata de acceso a la música y al cine, para nosotros, los autores, es una clara pérdida de ingresos. Sabemos que la gente podrá acceder a nuestras canciones y a nuestras películas a un precio muy inferior y que lo que obtenemos por ello no es el porcentaje que nos correspondería si adquirieran el original, sino una mera compensación”. Me pregunto, en primer lugar, cuántos autores pueden afirmar que obtienen el porcentaje que les “corresponde” por parte de las disqueras. Hummm, ¿serán muchos? ¿Por qué, a razón de qué, cualquier mortal que adquiera un cd, aunque sea para copiar en él las fotos de su familia, tomadas con su cámara, tiene que darle a Víctor Manuel un importe? ¿Cómo se llama ese robo, descarado y cínico? ¿Compensación? ¿Pago por adelantado de servicios artísticos eventuales? Los “pobres” autores, como Almodóvar, Víctor Manuel, Paloma San Basilio, temen quedar en la calle y les parece bien que una parte – al parecer considerable – de sus bienes sea sufragado por la sociedad a la que ellos, ¡oh salve artistas!, entregan sus obras. Es ni más ni menos un impuesto por su creación: me guste o no Almodóvar o Víctor Manuel, si vivo en España, he de pagarles por existir y crear.
En contraste con ellos y para su vergüenza, hay muchos artistas que van en camino contrario y parten de reconocer la nueva realidad. En el sitio de la EFF se puede leer una lista de “Artistas Online” que incluye artistas y sellos disqueros que “hacen dinero de la red sin demandar a sus fans”, entre ellos encontramos a Alanis Morissette, Beastie Boys, David Bowie, Green Day, Pearl Jam, Smashing Pumpkins, Paula Cole y muchos otros. Por otra parte, la Coalición Canadiense de Creadores de Música (Canadian Music Creators Coalition), en cuyas filas se encuentran – entre muchos otros – Barenaked Ladies, Avril Lavigne y Sarah McLachlan, tiene la valentía de afirmar cosas como la siguiente:

“Las propuestas legislativas que facilitarían demandas legales contra nuestros fans o promueven el incremento del control de los sellos disqueros sobre el disfrute de la música no son hechas en nuestro nombre, sino en beneficio de las compañías foráneas dueñas de los sellos”.
En su exposición de motivos, los canadienses, después de advertir que debe hacerse una aproximación “fresca” a las leyes de copyright, expresan tres aspectos que deberían guiar la reforma del copyright en su país: 1. Demandar a nuestros fans es destructivo e hipócrita. 2. Los bloqueos digitales son riesgosos y contraproducentes. 3. La política cultural debe apoyar realmente a los artistas canadienses.
Al leer las tres propuestas y contrastarlas con los quejidos de Almodóvar y amigos, queda claro que estos últimos no están buscando adaptarse a los nuevos tiempos en el marco de una “fresca” aproximación al copyright que nos beneficie a todos. Me temo que se han encumbrado demasiado como para defender un impuesto obsceno como el canon, por el sólo hecho de que “ellos” son creadores. Poco les importa, al parecer, que si han llegado adonde han llegado, y viven muy holgadamente, a veces entre lujos desmedidos, es debido a una sociedad que les ha elevado, lo valgan o no, y les ha consumido como bestias. Basta ya de creerse que nos han hecho un favor, que sin nosotros, no serían nada.

Escribir un comentario

Creative Commons License