Industria de la «música» de cacería por el mundo

Por el derecho a compartir la músicaLos muchachos de la llamada “Industria de la Música”, pertenecientes a la International Federation of the Phonographic Industry, se han lanzado a una nueva cacería de personas, en diferentes partes del mundo, por el “delito” de compartir música a través de Internet. Esta vez ha tocado el turno a Brasil, Polonia y México y otras trece naciones. Aunque se refiere a cerca de 8000 demandas, se trata de un fragmento minúsculo y ni de cerca representativo del fenómeno a nivel global. Según la organización, 20 mil millones de canciones han sido descargadas el último año, mil millones de ellas sólo en Brasil. La industria – a la que me cuesta lo imposible llamar “de la música” – tiene la batalla perdida. ¿Qué anda tan mal como para que se descargue tal cantidad de música y se pretenda que una buena parte de la humanidad, menos los dueños de las disqueras, son ladrones?

Mientras continúen, obstinados, viendo las cosas de esa manera, en la era de Internet, están absolutamente condenados a fracasar en su propósito. Ni me vale que se presenten como las víctimas de una sociedad abusiva o defensores de los derechos de los artistas. El arte, para ellos es sólo una mercancía. He visto cómo una decena de comerciales, en la TV en Estados Unidos, han prostituido viejas melodías ( clásicas, de rock, jazz, pop ) para vender un auto, comercializar una medicina o un teléfono celular. Legalmente han echado basura en esas composiciones y a veces hasta en sus autores ( y en no pocas oportunidades con la connivencia de ellos mismos). Pero pagan – dirán – y habrá quien nos afirme que todo tiene un precio. Ciertamente una buena parte de los artistas baila al ritmo que la industria les impone, pero sigo convencido, más que nunca, que estamos en una transición. Nada será como era antes. El resultado dependerá de muchos factores, entre los que cuenta indudablemente la voluntad de la sociedad para defender sus libertades y mantener y extender las de la red. Nadie asegura que todo saldrá bien. Buena parte de ello depende de nosotros… Por lo pronto, no estoy dispuesto a derramar una sola lágrima por la IFPI.

Imagen tomada del sitio de la Electronic Frontier Foundation

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