Notas sobre Nueva York

Escena de New YorkEstoy escuchando a Dianne Reeves. El clima ha cambiado. La mañana está fresca. He abierto las ventanas del apartamento para que entre la brisa y barra el aire viciado de las pesadillas que se amontonan, como el polvo, en los rincones oscuros, en los ambientes aislados, en los lugares con ventanas cerradas.
Por algún motivo que sueña dentro de mí, pero que no puedo recordar, las calles, las gentes y los ruidos de Nueva York vienen a mi encuentro. En alguna calle, en un departamento, montado en un taxi o cenando, tal vez con su madre o sus hijos, pasa por delante el espectro de un hermano, al que una vez conocí, en un lejano 1966. Emilio conoció a Emilio. Las historias de mi padre dejaron legados, duros y emotivos. El tiempo se detuvo en 1938 y las dos criaturas no comprenderían la ausencia, la huida, la aventura. Nueva York está en mi corazón, de alguna manera, por alguna vía. Todavía me veo, corriendo, lleno de lágrimas, mientras aquél hermano repentino entró en mi vida. El pequeño bus lo trasladaba hasta el avión, al que se subía por escalerillas. Era de Pan Am y le vi, por última vez llorando – él también – tras los cristales del ventanal de la parte trasera. Me escribió, sí, me escribió y me invitó a su ciudad, a su New York City, a su Bronx. Nunca fui. Papá murió. Yo quedé con un sabor de ansiedad neoyorquina en el alma. Jamás volví a saber de él. Podría tener 72 años hoy … tal vez.
Hoy amanecí con recuerdos de Nueva York y encontré estas estupendas fotos; viajé con ellas. Allí está Emilio, mi otro hermano, en ese mundo que sentí a través de él…

Enlaces:

Las calles de Nueva York. Exhibición en National Galley of Art (muestra online)

Changing New York 1935 – 1938, The New York Public Library

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