En memoria de las niñas de Birmingham

Las cuatro niñas de BirminghamHace 43 años, un 15 de septiembre, 4 niñas afroamericanas murieron tras el estallido de una bomba en la Iglesia Bautista de la calle 16. Era domingo y participaban en la escuela dominical. Era domingo y asistían a su iglesia, a ejercer su fe, a reír, cantar y dar gracias al creador, de acuerdo con sus creencias. Era domingo, eran niñas, eran la vida. Pero su ciudad, Birmingham, en Alabama, estaba presa de racismo y odio.

El Ku Klux Klan tenía gran influencia y poder. En la jefatura de policía algunos de los más fervorosos defensores del racismo y la violencia contra los afroamericanos gozaban de silenciosa aprobación. Entre 1948 y 1957, hubo 48 estallidos de bombas (sólo en Birmingham) contra los afroamericanos, todos impunes. La segregación racial campeaba a sus anchas. Los afroamericanos eran marginados en todas las áreas. El comisionado de la policía, Eugene “Bull” Connor, respaldaba la segregación racial y se hacía la vista gorda, frente a los crímenes perpetrados por los miembros del Klan. Por si fuera poco, el gobernador del estado, George Wallace, era un firme y público defensor del racismo. El Día del Trabajo de 1957, por ejemplo, cuatro miembros del Klan secuestraron y torturaron a un trabajador negro. Fueron arrestados y se les condenó a largos años de prisión. El Gobernador, posteriormente, les “perdonó” sin explicación.
Luego de la explosión y las muertes de las niñas, hubo tumultos en la ciudad. La policía, para “resguardar” el orden, segó la vida de dos jóvenes afroamericanos de 16 y 13 años de edad. Uno, por tirar piedras, el otro, que conducía su bicicleta, por “confusión”.
Los hechos nunca fueron aclarados, a pesar de que el FBI poseía suficiente evidencia, pero para ese entonces su director, Edgar Hoover, tenía más interés en frenar la lucha por los derechos civiles, encabezada por Martin Luther King, que en Luego de la explosiónesclarecer el crimen. Tuvieron que pasar casi 40 años para que en 2002, utilizando la evidencia acumulada por el FBI, así como declaraciones de testigos, incluyendo familiares de los asesinos, inculpándolos, se empezara a hacer justicia.
La historia completa, que puede leerse aquí, es tan triste y sórdida como las que se han llevado al cine y los que hemos nacido fuera de Estados Unidos vemos como “exageradas”. Pero no. La lucha por los derechos civiles y contra el racismo, aquí en Estados Unidos, fue dura, sangrienta y larga. Todavía hoy, cuando escucho a algunos venezolanos, o latinos, “quejarse” de la arrogancia de los afroamericanos – de su intolerancia hacia quienes pronuncian la palabra “negro” o cuando algún blanco norteamericano cuenta un “chistecito”, muy callado, al oído de otro blanco, para que los afroamericanos no escuchen, y por temor a éstos – me digo a mí mismo, que está bien, que la sociedad necesita expiar su culpa, la confianza no se puede ganar de un día para otro y los afroamericanos tienen todo el derecho a ser implacables. Al menos hasta que el paso del tiempo y las nuevas generaciones curen las heridas. No dudo que todavía quedan blancos que desearían una norteamérica sin afroamericanos ni latinos, sin jazz, ni salsa; una norteamérica pálida y rutinaria. De las próximas generaciones depende que el futuro quede limpio de la escoria de la segregación.
Ayer fue un día extraño: vi a una pareja, joven y de buen físico, tomados de la mano en el super-mercado. Ella era una linda joven blanca, muy blanca, él un apuesto y alto afroamericano. Luego por la noche, casi sin saberlo, vi el filme “Crazy in Alabama“. Decidí entonces que debía escribir esta nota. Con ella, humildemente, quiero dar mi más sentido homenaje a Denise McNair, Cynthia Wesley, Addie Mae Collins, Carol Robertson, las niñas cuyas preciosas vidas, segó el racismo y la irracionalidad humana.
En la placa de commemoración, en la Iglesia Bautista de la calle 16, en Birmingham, puede leerse:

“Their lives were taken by unknown parties on September 15, 1963, when the Sixteenth Street Baptist Church was bombed. May men learn to replace bitterness and violence with love and understanding.”

“Sus vidas fueron segadas por grupos desconocidos en septiembre 15 de 1963, cuando la Iglesia Bautista de la calle dieciséis fue explosionada. Puedan los hombres aprender a reemplazar la amargura y la violencia con amor y comprensión”.

Enlaces:

About the 1963 Birmingham Bombing

Crime Library, Bombingham

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