Los nuevos parias

Los nuevos pariasEl mundo globalizado, cuyas fronteras desdibujan las corporaciones y la tecnología, tiene no obstante, la vana intención de repeler y constreñir en sus infiernos a aquellos pobres y maltratados que huyen de sus miserias y cometen el terrible crimen de luchar por su dignidad, su bienestar y el de sus descendientes. Ellos marchan por la misma motivación que ha movido a millones de seres humanos a lo largo de la historia: la búsqueda, la aventura, la lucha, en tierras desconocidas, sea huyendo de las tierras congeladas, de otras tribus, de la persecución religiosa, de la muerte de los campos de cultivo y el reino del hambre, de las villas miseria descompuestas, nidos de promiscuidad y matonaje; del terror policial de los gobiernos totalitarios.
La magnitud del desastre de una humanidad pobre, enferma y segregada, en el mundo de hoy, es directa consecuencia de la expoliación a que fueron sometidas gran parte de sus naciones de origen. No pocas de las riquezas de la moderna Europa fueron construidas con el sudor y el esfuerzo de países sometidos. África es uno de los mejores ejemplos de ello, aunque también podríamos incluir a unas cuantas naciones asiáticas. Los pueblos sometidos, en muchos casos, debieron asumir el idioma de los conquistadores: inglés, francés, italiano, por mencionar el paso de los otrora imperios sobre África y Asia.

En Estados Unidos, la nación forjada por inmigrantes, se apela a razones de seguridad nacional para difundir un mensaje segregacionista y asociar a los inmigrantes latinos con delincuencia, vagancia y descomposición.
La primera semana de julio el parlamento francés aprobó una nueva ley de inmigración que pretende, bajo el estandarte de tener una “inmigración elegida” y no  “padecida” – de acuerdo a la frase del primer ministro Nicolás Zarkozy -, depurar a Francia de los indeseables “sans papiers” (indocumentados). La nueva ley establece estrictas y complicadas reglamentaciones para obtener asilo o para los matrimonios en los que un miembro de la pareja es extranjero. Los inmigrantes con más de diez años, a quienes se les renovaba automáticamente la residencia en territorio galo, no tendrán más esa prerrogativa y los niños en las escuelas pueden ser echados, junto a sus familias. En una nota de la Embajada de Francia en España puede leerse: “Mediante una « inmigración escogida », nuestro país desea participar en los flujos mundiales de inteligencia y de competencia. El dinamismo y la modernización de nuestra economía dependen de ello”.
Poco después de la votación en el parlamento y su aprobación definitiva, se esperaba una cacería de niños, hijos de inmigrantes, en las escuelas. Pero una multitudinaria marcha en París, y el repudio de decenas de artistas, intelectuales y líderes a la política inmigratoria hicieron retroceder al gobierno momentáneamente. Tal era la campaña antiinmigrante que incluso alcaldes, organizaciones no gubernamentales y familias francesas se transformaron en “padrinos” de niños para evitar su deportación. Cien personalidades llamaron a la desobediencia civil contra la nueva ley: “Nosotros sabemos que en toda sociedad democrática la ley es la regla que se impone a todos. Pero nosotros sabemos que cuando la ley viola principios elementales es nuestro deber de ciudadanos, nuestro deber de conciencia, no plegarnos. Es por eso que con todas las mujeres y los hombres de la red ‘Educación sin fronteras’ y la ‘Liga de los Derechos del Hombre’, llamamos a violar esta ley. Hasta que no sea cambiada, nosotros nos opondremos a las medidas de expulsión y ofreceremos nuestra ayuda y protección a estas familias. Nuestra conciencia nos impide ser cómplices”, señalan en un comunicado, firmado entre otros por los cineastas Costa Gravas y Jean Pierre Bacri, la actriz Isabel Ajani, así como destacados líderes de la oposición e intelectuales.
Luego del inmenso rechazo que la “caza de niños” provocó en los sectores más lúcidos de la sociedad, el gobierno relegó las acciones hasta después del verano, para cuando los padres deben haber reunido tal cúmulo de pruebas, papeles y certificados, que sólo es el alargamiento de la agonía.
El horrendo monstruo de la xenofobia está vivo y desparramándose. Los nuevos parias del siglo XXI, los inmigrantes, han debido soportar el desarraigo para caer luego en la segregación. Francia, en particular, ostenta el triste honor de ser uno de los lugares más racistas. Ha condenado a decenas de miles de hombres y mujeres al anonimato y al ostracismo. Les ha impedido avanzar en la sociedad, facilitar la integración, mitigar su miseria, acogerlos como hijos. Han sembrado odio, separación y miseria y por ello, a diferencia de los Estados Unidos, tienen un serio problema con una población que no se siente francesa. Ahora, para Sarkosy, la solución es echarlos y traer “calidad” a los predios del territorio galo. Después de todo, como dice el Primer Ministro:“Si algunos no les gusta Francia que no tengan reparos en irse”.

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