Orión, todavía te veo

orionEstas últimas dos semanas se me ha hecho difícil escribir. Parte de las letras de esta bitácora están constituidas por mis ánimos, temores, anhelos. Escribo sobre lo que me interesa a mí y sobre temas por  los cuales he vivido y dedicado segmentos importantes de mi vida. No puedo profundizar en varios de ellos. Practico una conveniente auto-censura porque no gozo de los privilegios necesarios para hablar como se quiere. Es parte del precio que pago por mi auto-exilio y por aborrecer el chovinismo. Pero eso de no pertenecer a ninguna parte y haber dejado atrás las raíces, genera una soledad tremebunda. ¿Y qué de vivir en el submundo, paralelo, de la inmigración? Sí, lo sé, soy escéptico, apátrida, y para colmo depresivo. Me parece increíble haber sido un optimista consumado alguna vez. Hoy, como todos estos últimos días, extraño a los amigos. Deseo ir a una parranda. Conversar de cerca, a caras vista. Bailar, ir al cine y salir a cotorrear por las calles y reír. Pero henos aquí. Mi familia y yo, levantando muros de esperanza en medio del desierto. Todavía, en ocasiones, vuelvo la mirada al cielo buscando la constelación de Orión. Cuando niño, en la época que estudiaba astronomía casera y soñaba con llegar a las estrellas, Orión estaba siempre, siempre, en mis observaciones y pensamientos. La miraba, bella y elegante, marcando el norte y el sur, en el ecuador del cielo de Caracas. Entonces – y créanme que lo hacía – pensaba cómo sería mi futuro y si recordaría ese momento cuando pasaran 40 años (no sé por qué venía ese número a mi mente).
Y bien, todavía la veo, en este cielo del norte. Ella me acompaña, en la barra gráfica de Extemp”F”oraneo.

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