¡Sí se puede!

Marcha en Orlando. Primero de mayoEl día fue una fiesta de emociones. Mi padre cumple años y hoy fuimos uno solo junto a los mexicanos, puertorriqueños, centroamericanos, haitianos, colombianos, dominicanos, argentinos, venezolanos, que participaron en la demostración “Un día sin inmigrantes” en Orlando.
A menudo, consideramos algo como “objetivo” cuando la fuerza de nuestra subjetividad diluye la realidad y nuestros deseos arropan. Hoy no parece ser sólo un deseo. “¡Sí se puede!” es la consigna que con mayor fuerza demostró la inmensa importancia de los inmigrantes ilegales en Estados Unidos. Veinte mil personas caminamos 3 millas alrededor del Downtown.

Una interminable fila de franelas blancas de paz zigzagueaba las calles bajo la mirada de 4 helicópteros, policías a pie y montados a caballo. No había miedo ni provocación, simplemente una seguridad y una alegría que nos daba el hecho de ser tantos.
Me sorprendió ver un gran número de puertorriqueños. Ellos son ciudadanos y estaban allí porque se sienten ante todo latinos, trabajadores como los demás, pero sobretodo, pertenecientes a una misma idiosincrasia y cultura. Eran los más entusiastas, los más “bochincheros”; dirigían las consignas y frecuentemente enumeraban los nombres de los países “hermanos” latinoamericanos.
Casi todos los manifestantes iban en familia, con hijos pequeños en coches, incluso. Era emocionante sentir el valor que los impulsa, con sus hijos cargados o tomados de la mano, y enseñándoles a luchar por su derecho a vivir y trabajar en este país.
En las aceras, en los edificios, los norteamericanos se asomaban y nos saludaban. Una señora nos decía: “Ustedes tienen razón, por eso estoy aquí”. Otros grupos de estadounidenses con franelas que decían: “Open heart, open mind, open door”, repartían agua potable a los manifestantes y desde la calle les respondían a gritos: Thank you! Thank you!
Más emocionante aún fue la concentración en el estacionamiento del Waterhouse Stadium, cuando una señora muy blanca y canosa tomó el micrófono y en un español bien aprendido nos gritaba: Perdonen los errores de esta gringa. ¡Ustedes son maravillosos! ¡Han venido a trabajar y construir este país! Este es un país de inmigrantes y la nueva fuerza la constituyen los latinos. Power to the people! Ella asumió la dirección de todo el evento y eso fue inolvidable, como también el rol de la mujer a lo largo de los discursos. Madres solteras, líderes comunitarias, sindicales y de organizaciones pro derechos civiles, se llevaron la batuta con discursos bien trabajados, centrados en el valor de la familia latina como inmigrante y, sorprendentemente, en la necesidad de obtener legalidad para que nuestros hijos puedan ir a la universidad. Una mirada al futuro, una bien alto, no muy común entre las masas de trabajadores inmigrantes que vienen a “eslomarse”, laborando en las peores condiciones y que básicamente aspiran a tener un techo y alimento para sus hijos. ¡Bravo por las mujeres y el liderazgo que se confirma en Orlando y que ya había notado a nivel nacional en la jornada del 10 de abril.
Hoy volví a sentirme viva. Después de meses de parálisis y depresión, vale la pena la aventura de emigrar. Se siente una, parte de un fenómeno maravilloso: el de millones de manos y cuerpos que limpiamos, cocinamos, construimos casas, cultivamos los vegetales, cuidamos de los niños, de este gran país. Y no queremos irnos. Nos quedamos luchando.

Un comentario

  1. Ya sé todo, More. No necesito que me cuentes más. Esto fue una inyección de energía, esperanza y optimismo. Más de lo que tú normalmente ya tienes. ¡Felicidades a todos los inmigrantes por el gran logro de ayer!

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