1º de mayo, otro día para los inmigrantes

Marcha en Orlando, Primero de mayoLa jornada nacional que han llevado los inmigrantes en los Estados Unidos ha conmovido nuevamente a importantes ciudades como Los Angeles y Chicago. Las marchas, vestidas de blanco y con la bandera norteamericana, junto a las de muchas nacionalidades, inundó decenas de ciudades más y llegó a paralizar – según la información de la que dispongo ahora – al menos a unas cuantas destacadas empresas frigoríficas. Otra vez los noticiarios muestran las imágenes de las multitudes, marchando pacífica y ordenadamente, con sus carteles y bajo la consigna de ¡Sí se puede!
Nosotros hemos estado en la manifestación que se efectuó en Orlando y que inició en el Downtown.

Para mi total sopresa, ¡grata sorpresa! una multitud de cerca de 20 mil personas (de acuerdo a cálculos de la policía) abarrotó las calles, con un enorme entusiasmo, energía y civismo. Fue, sencillamente precioso, ver a mexicanos, haitianos, colombianos, centroamericanos, argentinos, brasileños, dominicanos, unidos fraternalmente bajo la causa por los derechos de los inmigrantes. Pero más soprendente fue presenciar la gran cantidad de puertorriqueños presentes – recordemos que ellos tienen “ciudadanía” – caminando, hombro a hombro con los demás y gritando sus consignas. Fue conmovedor ver tantos y tantos norteamericanos sumados, riendo, compartiendo con los “ilegales”.
Poco antes de salir,mi hijo nos recordó que debíamos llevar el agua. El sol de Orlando y el calor en la marcha nos dejaría extenuados. No contábamos con la organización que las diferentes comunidades habían dispuesto. Pasaban distribuyendo agua y recogiendo los envases ya consumidos, para evitar desperdicios en el suelo. Pero no sólo las comunidades lo hacían. En distintas ocasiones y lugares, fuimos testigos de cómo, estadounidenses, señores, mujeres, jóvenes, se habían tomado la molestia de comprar agua y la obsequiaban a los marchistas. Aún si pertenecieran a grupos o comunidades, son dignos de elogio y respeto de mi parte.
Mientras la movilización se movía, como un caudaloso río que, lentamente, se desplaza por el cauce, observamos a norteamericanos saludando, desde las ventanas de las oficinas, o a la entrada de los edificios. Particularmente me llegó el saludo de una joven – tendría unos veinte años – rubia, un poco tímida, que saludaba, alegre, a todos los inmigrantes; (debo hacer notar, que los norteamericanos, al menos en los sitios en que he vivido, saludan con la mano cuando quieren mostrar su apoyo. En las elecciones de representantes locales, por ejemplo, los partidarios de tal o cual candidato se apostan en una esquina con carteles alusivos y saludan a los transeúntes y conductores).
Hubo expresiones anti-inmigrantes. Puedo contarlos y me sobran dedos. Sumaron 7 en total, en todo el recorrido. Muy solos. La mayoría gente de edad (tal vez 60 y más años) y con carteles que decían, en español, “Los inmigrantes ilegales son criminales”. Me llenó de orgullo ver cómo la marcha pasaba a su lado, sin ofenderles, solamente pitándoles. A ellos no les quedaba otro remedio y debo reconocer que, al menos hasta dónde yo vi, ninguno se salió de su casillas contra la multitud.
La policía, que estaba en todo el trayecto, con patrullas, caballos, motocicletas, observaba con seriedad – aunque pude pillar a más de uno sonriendo – y con actitud colaboradora, para que todo saliera bien.
En tanto caminábamos, arriba en el cielo cuatro helicópteros eran testigos del acontecimiento. Cómo detenidos en el aire, sobre el área de la movilización, supongo que hacían tomas y cálculos. En el camino alguna persona te empujaba sin querer y decía excuse me! o sorry!
Llegamos al enorme estacionamiento del Waterhouse Stadium. En las escalinatas se encontraban los organizadores, vestidos con franelas color naranja. Al centro, con un equipo de sonido más bien limitado, un grupo mayoritariamente compuesto de mujeres. Un muchacho, pedía a la gente que iba ingresando que se “arrimaran” a un lado para hacer espacio a los otros miles que seguían. ¡Sí se puede! ¡Sí se puede! Yes, we can! Yes, we can! “Gracias. Gracias por venir. Aquí estamos, demostrando que no somos criminales, que trabajamos duro por este país y queremos que se nos trate con justicia.”
En tanto la multitud colmaba los espacios, diversas representantes de comunidades y asociaciones civiles, dirigían la palabra. Me llamó la atención que la mayoría de los oradores, en especial los que mejor lo hacían, eran mujeres. Además, casi todas madres solteras. Luchadoras que han tenido que enfrentar infinidad de calamidades para poder llegar aquí, a veces huyendo de hombres que las maltrataban, y enfrentan las dificultades, con sus pequeños a cuestas, para darles un futuro digno. Hablaron una colombiana, una haitiana, un filipino, una puertorriqueña, así como una afroamericana y una representante de la unión sindical AFL-CIO. La colombiana mencionó, que mientras no se resolviera el hambre y el desempleo en nuestros países la gente seguiría viniendo a Estados Unidos, a buscar una vida mejor y digna. Que mientras los Estados Unidos ayudara a gobiernos corruptos y estimulara políticas que empobrecían a las naciones, no podrían evitar jamás la inmigración, ni que levanten mil muros, señaló. La haitiana gritaba las consignas en francés y creole, para su gente y todos, todos los latinos allí presentes, les aplaudimos y aupamos. El filipino habló de los años que llevaba aquí, de la lucha por obtener un trato respetuoso y justo. La puertorriqueña advirtió que a pesar de las redadas que la migra (los funcionarios de inmigración) había efectuado, los inmigrantes habían salido a la calle. La joven afroamericana, representante de una organización comunitaria de Pine Hills, en Orlando, habló emocionada. “You are not criminals. You are a beautiful people! a wonderful people! Thank you for been here!”
A todo esto, no puedo dejar de mencionar a una mujer que estuvo al frente del micrófono, moderando, gritando consignas, entusiasmando a todos y con una alegría envidiable. No supe su nombre, pero era norteamericana. Hablaba español e inglés y me conmovió: en ella vi al futuro de este país.
Cuando nos retirábamos mi hijo preguntó a un reportero de televisión cuánta gente estimaba. Respondió que la policía afirmaba que probablemente hubo 20 mil. Él personalmente estimaba algo menos.
Atrás quedaban las calles limpias. La gente entusiasmada regresaba sin miedo. Para  la ciudad de Orlando fue un despertar. El movimiento de los inmigrantes dio otro paso, sólido, emblemático. No tengo dudas que se está haciendo historia.

2 comentarios

  1. ¡Bravo, es muy emocionante este relato de la experiencia de la marcha de ayer!

  2. Acabo de terminar de leer y tengo lagrimas en los ojos…….te felicito de corazon Emilio. No todo el mundo es capaz de transmitir emociones a traves de sus escritos. Excelente experiencia y excelente escrito.

Escribir un comentario

Creative Commons License