Somos una mentira

Ayer se inauguró la Feria del Libro de Buenos Aires, una de las más importantes de América Latina. Las palabras de apertura correspondieron al escritor Tomás Eloy Martínez. Después de conocer algunos trozos de su discurso, debo confesar que me invadió una mezcla de temor y desazón. No es tampoco la primera vez que me ocurre. Los que me conocen saben que soy un escéptico, no sólo en lo que respecta a mi adherencia al método científico como elemento indispensable para abordar el conocimiento y la vida, sino desde el punto de vista de la sociedad, del futuro de la humanidad.

Reconozco que he llegado a un punto en el que encuentro difícil admitir que la especie humana tenga un destino glorioso. De hecho, creo que “los malos”  dominan absolutamente todos los resortes del poder mundial y cuando nos invitan a ser buenos, a ser humanos, a confiar en la democracia y la libertad, a respetar la vida, lo hacen porque necesitan que nosotros seamos así, para que ellos puedan hacer lo que les venga en gana. El poder, sea en occidente, oriente, norte y sur, no tiene patria, ni bandera. Su divisa es más poder, sea económico o político. La defensa de los derechos humanos es tan relativa. Los mentirosos, los manipuladores, los saqueadores, los guerreristas, los charlatanes y aún los mediocres, siguen ganando la partida y conducen los designios del planeta.
Tomás Eloy Martínez ha descrito, en una reunión con periodistas en Buenos Aires – y no es la primera vez – la sombras que se han cernido sobre la cultura en norteamérica, sombras que abarcan todos los aspectos de la vida, digo yo. “La vida con Clinton era paradisíaca comparada con Bush”. “No hay miras de que esto mejore. Hay violación de la correspondencia y casi todos los paquetes que vienen del exterior han sido abiertos. Los de Correos te dicen que es por tu seguridad…” “La vida durante el mandato de Clinton era casi paradisíaca comparada con esta época de mentiras de Bush. Es una época belicosa para mantener en alto el prestigio de un régimen que se descascara por las mentiras evidentes, como le ocurrió a la dictadura militar argentina”. También advirtió que la atmósfera que se vive, en el ámbito de la cultura, es “asfixiante” y denunció la “situación de esclavitud que viven algunas minorías, especialmente chinos e hispanos”.
En su discurso inaugural Tomas Eloy Martínez se atrevió a decir: “Cuando el poder no lee, el poder no piensa” y mostró las espantosas cifras de la ignorancia: “Una quinta parte de la población del mundo sigue sin tener acceso a forma alguna de educación, y más de tres quintas partes no pueden comprar libros, porque la comida, la vivienda y la ropa están primero en la lista básica de las familias” “…mil millones de personas no saben leer ni escribir”.
¿Cómo será conocida esta etapa de la historia? No imagino la respuesta, porque mi visión del futuro no se basa en la fe ciega en la redención humana o su capacidad de sobrevivencia. Hay motivos sobrados para tener dudas de nuestra habilidad y creo, junto a Carl Sagan, que vivimos al borde de la autodestrucción. Las mentiras del poder han logrado lo que Goebbels, el propagandista nazi, insistía cuando afirmaba “Una mentira repetida mil veces, acaba convirtiéndose en verdad” o aquella – en el mismo estilo y por el mismo autor – de “Mientras más grande es la mentira, más fácil es que la gente se la trague”.
Tal vez, al fin y al cabo, somos nosotros, los humanos, la mentira, en un mar de inmundas e inhumanas verdades.

Fuentes:

Artículo en el Pais, España

Feria del Libro de Buenos Aires, Página 12

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