Caracas, secuestro y barbarie

La ciudad donde nací, Caracas, está conmocionada. El secuestro, tortura y posterior asesinato de tres jovencitos (12, 13 y 17) y el chófer que les acompañaba (30), ha mostrado, con una crudeza implacable, la realidad de una ciudad podrida hasta los tuétanos, donde el secuestro de personas, el asesinato por un par de zapatos, por unos zarcillos o un reloj, o tal vez para arrebatar el automóvil, es pan de cada día, es parte de la cultura cotidiana. Cuando esto ocurre, cuando el crimen y la descomposición forman parte de la armadura regular, rutinaria, de la vida (¡qué ironía!), la gente ya no es solamente prisionera de las vicisitudes que rodean sus mundos, son también prisioneros del infierno, al que ven como parte natural de las cosas.

Supongo que la mayoría de las personas sale a la calle con la idea de que eso no le ocurrirá a ellos, pero en el fondo saben que están jugando a la ruleta rusa: las urbanizaciones muestran casas amuralladas, calles bloqueadas, cercas electrificadas, guardianes privados en los edificios. La gente busca y rebusca las mil y una triquiñuelas para proteger los autos: estacionamientos, puestos “fijos”, rincones especiales. Los niños no juegan ya en las aceras. La vida se hace al interior de las casas o apartamentos, donde el televisor y la vídeo consola son los sempiternos campos de distracción. Y gran parte de estas variables cambian sustancialmente con respecto a la clase social que las protagoniza. Pero todos, absolutamente todos, están atravesados por esta realidad que tarde o temprano toca a sus puertas, con mayor o menor ferocidad.
El secuestro de personas, casi de cualquier clase social, para pedir rescate (desde una módica suma, cambiar por un auto, hasta peticiones mil millonarias) ya forma parte de la “cultura” delictiva de Caracas y rápidamente se difunde por todo el país. El filme venezolano Secuestro Express intenta retratar este pandemónium que azota la vida de los caraqueños. Pero ahora, en una semana, la brutal barbarie a la que ha llegado la ciudad y el país, muestra su cara a los venezolanos y al mundo, ensañándose con tres criaturas, como mis hijos, como los de cualquiera, que sucumbieron en manos de unos despreciables monstruos. Apenas unos días atrás, en el estado Aragua, al centro del país, también asesinaban a una víctima raptada, el conocido empresario Filipo Sindoni.
Hace muchos años aprendí de alguien que uno no debe creer en las palabras de un político y debemos prestar especial atención a que no nos meta las manos en los bolsillos. Este caos social, esta hedionda desintegración de una ciudad, este infierno al que se han acostumbrado, resignados, los citadinos, ocurre en un país repleto de riquezas en el que sin embargo, millones de personas viven al margen de esa abundancia y comparten su día a día con la promiscuidad, el abandono total, la ausencia de cultura y el desempleo. Ocurre en plena “Revolución Bonita”, que tiene la enorme ventaja de contar con recursos apabullantes, económicos, políticos y sociales. Pero, para variar, alguien se llenará y se está llenando las manos y los bolsillos, muy pocos, mientras a una inmensa mayoría se le da (lo menos que se podía esperar) unas cuantas “misiones” populares, y miles de pequeñas acciones de efecto. El argot revolucionario se pone a punto: cultura popular, Venezuela ahora es de todos, el pueblo tiene el control, Bolívar aquí y Bolívar allá.
Pero la corrupción campea en las dependencias gubernamentales y no digamos en los altos círculos militares. No hay que ser muy listo para inferir que un país que tiene una ventaja comercial tan grande, por circunstancias históricas excepcionales y no por su propio esfuerzo y estructura productiva, tiene ante sí una orgía de corrupción generada en el ámbito de quien administra esas riquezas. Pensar lo contrario lo dejo para quienes deseen engañarse o creer honestamente en el cambio revolucionario.
Caracas ha mostrado al mundo hoy que está herida de muerte. Los gobernantes de ayer, los viciosos e incultos políticos de Acción Democrática y los social cristianos se encargaron de birlar cuanto podían y administrar el país como si fuese un burdel. Se sorprenden ahora por la criatura que les sustituyó, que sólo puede explicarse por ellos, como producto de su propia decadencia. Caracas, es un infierno maldito donde los condenados aspiran a sobrevivir cada día, no se sabe para qué. Todas las ciudades importantes tienen crímenes, violencia y desigualdad, pero no nos engañemos, Caracas tiene la impronta del caos absoluto, de policía corrupta y asesina, de la violencia despiadada de la barbarie, digna de Lovecraft, de terror futurista. No, no me convencen los artistas que pretenden conferirle todavía atributos de arrebato literario. Hace tiempo los perdió y los que realmente valen están en el pasado.
Lloro por esos “chamos” víctimas del terror. Lamentablemente no creo en el gobierno, ni en sus intenciones, yo pongo un ojo en sus bolsillos. Venezuela se hunde en su montaña de dinero y Caracas llora sangre.

2 comentarios

  1. Un cordial saludo.

    Ante todo,, Felicitaciones por tan interesante y real escrito.

    HE denotado que sale del corazón y del alma, así como de lo que han podido ver sus ojos.

    Soy Venezolana orgullosa de mi país, pero el que queremos todos los que somos conscientes, actualmente no vivo allí, pero hace una semana que he regresado de la capital venezolana, y han visto mis ojos todo aquello que han podido ver los suyos y que lo ha llevado a realizar este escrito.

    La verdad es que he regresado con mucho dolor y con ganas y proyectos para hacer notar a todos a traves de escritos como éste lo que está pasando y con las que cosas con que se puede ayudar a minimizar este daño que ya está hecho.

    Una vez más Lo Felicito por este escrito a mi me ha llegado al alma.

    Un saludo.

  2. Magdalena dos Santos

    Muy interesante el articulo;

    Soy paraguaya y actualmente el secuestro de personas es uno de los delitos mas conocidos en nuestro pais, con lamentables desgracias en algunos casos ya que culminan con la muerte de la persona privada de su libertad por organizaciones criminales y lo que es peor aun con celulas terroristas que han causado verdaderas desgracias a la sociedad paraguaya.

    El caso mas conocido es de la hija de un ex presidente de la república, Cecilia Cubas a la que cobardemente la enterraron viva y así la mataron, por no cumplir con lo requerido por ellos a pesar de haber pagos parciales unos 400 mil dolares.En este caso se vio la ingerencia del terrorismo internacional.

    Otro caso bastante sensible para nuestra sociendad es el de unniño de a apenas 11 años, que fue secuestrado por una organización integrada por la hermana de su padre y el esposo de esta, o sea por la propia familia a fin de obtener un lucro.

    Lastimosamente estas personas dedicadas a este tipo de delitos, son las mas despreciables de toda sociedad, pero es una realidad con la que tenemos que lidiar el resto de la sociedad que procura en forma honesta su sustento.

    Magdalena

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