Una nota sobre Milosevic

La muerte de Slobodan Milosevic ha provocado mucha letra. No sólo de las noticias sobre su repentina muerte, a poco del juicio que no acababa de llegar y luego las sospechas de amigos y familiares sobre un eventual envenenamiento, sino de los análisis – más o menos profundos – que intentan explicar el rol de Milosevic y el estado actual de las cosas.
No pretendo abordar el asunto extensamente. De hecho, hay un artículo de Carlos Taibo, aquí, que he leído y que básicamente comparto, cuyas conclusiones me parecen aterradoras pero probablemente ciertas.
Milosevic, el otrora líder comunista, luego nacionalista, criminal de guerra, ha dejado este mundo sin que las bases de su siniestro paso hayan desaparecido.Sólo deseo anotar algo más.

El declive y desaparición del stalinismo y su variante yugoslava, con Tito, destaparon al mundo el producto de décadas de imposición estatal, con mecanismos policiales. Todos los países que se “federaron” obligatoriamente, por los dictados de un poder central, militar y policial, terminaron reviviendo y enalteciendo las diferencias étnicas y culturales (vivas y más enérgicas que nunca) como vía para la reafirmación o catapulta de sectores ansiosos de poder y privilegios. La antigua burocracia estatal (en la ex-URSS o la ex-Yugoslavia) ha tenido que pelear a dentelladas entre sus diversas facciones y grupos, para aprovechar las “ventajas” de la introducción en el mercado capitalista. Las “mafias” como se las conoce, han sido y son el triste excremento que parió el “socialismo real” en su estertor y posterior desaparición. Slobodan Milosevic fue uno de ellos, tal vez de los que con mayor franqueza y cinismo corrió para ubicarse ante el nuevo mundo que nacía. Me temo que él sólo fue la punta de un iceberg, en un oscuro mundo que roza los límites de la barbarie.

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