El estímulo de quien ¿te quiere?

Dedicado a quien gusta promover el desánimo

Es hora de dedicar unas palabras a aquellos que, con sus consejos, se retratan a sí mismos y evidencian el tenor de su cariño por nosotros.
La verdad es que no deberían siquiera ser registrados en la bitácora, pero estoy en deuda con mis sentimientos y considero que, en ocasiones, debemos regarles con el agua de la sinceridad manifiesta. Además, este es mi registro personal.
Pero bueno, al grano.
Desde que llegamos a estas tierras hemos recibido dos afirmaciones opuestas: “Paciencia, tarde o temprano, cuando se solucione el papeleo, ustedes saldrán adelante. Tienen con qué. Capacidad, inteligencia, profesionalismo. Pero tienen que vencer la desmoralización y el abatimiento.” La segunda, reza más o menos así: “Ni modo, aquí de nada sirve ser profesional o especialista en algo. A uno sólo le queda trabajar en lo que consiga. Es mejor no estar esperando que vas a tener oportunidades, porque aquí eso, ni pensarlo. Toda la gente que viene dice lo mismo.”

¡Menudo problema! ¿En quién creer? ¿Será que algunos nos quieren tanto que “falsean” un poco la realidad para darnos ánimos? ¿Será posible que una licenciada en Letras, con experiencia de años en educación, que aplicó técnicas avanzadas e innovadoras en su profesión, que fue correctora de estilo en una importante editorial y que hizo otro tanto en uno de los más importantes diarios de Venezuela, tenga cero oportunidades en Estados Unidos? Por no hablar de su voluntad cuando ingresaba en los barrios más tristes, abandonados y miserables de Caracas, en ocasiones a riesgo de su vida, para llevar libros, para difundir la cultura. ¿No habrá alguien que valore y aproveche esa experiencia?
Tal vez, sea cierto. No es un pensamiento ajeno a mis reflexiones. Sin duda, si deseamos avanzar lo primero es poner los pies sobre la tierra. También reconozco que la gente que lo quiere a uno de veras le intenta infundir ánimos y puede que exageren algo, con la mejor de las intenciones. También estoy plenamente consciente que nuestra edad y el poco dominio del inglés hablado son dos factores muy importantes para abrirnos paso. Pero…
Es interesante apuntar el hecho de que ciertas personas, aprovechan muy a menudo la oportunidad para “recordarnos” que los profesionales “no tienen mayor futuro” y eso, inevitablemente me ha llevado a concluir que no nos quieren bien. No se trata de una alerta para que luchemos con mayor ahínco. Tampoco para decirnos que hay que “regresarse”. Es, no tengo dudas, una manera de decirnos, “de nada han valido tus estudios, tu experiencia. Al final, terminarás igual que yo, que no tuve que estudiar.”
Nada más lejos de mi propósito que subestimar a quienes luchan día a día para lograr el alimento y una vida digna y por el motivo que sea no han podido estudiar o ser profesionales. No divido a la gente, ni la valoro de acuerdo a sus credenciales profesionales, de trabajo o estudio. Mi primera aproximación es humana. Sin embargo, encuentro sumamente desagradable a quienes cultivan el desprecio a la universidad, o gustan menospreciar la experiencia y el conocimiento, como forma de ocultar sus propias limitaciones. Cuando tales afirmaciones vienen de gente cercana me lucen al verde color de la envidia y sus palabras, lejos de buscar elevar la moral, son un misil de desaliento.
Si cabe la posibilidad de que exista una buena intención en el mensaje, hay que reconocer que el que lo promueve tiene una tremenda confusión a la hora de comunicarse con nosotros.
Quizás, al final, nuestra experiencia, enfangada por el auto-exilio y la edad física, quede como las charreteras del soldado, lisiado, que ya no puede regresar a la batalla. Pero aún en ese caso, con la frente bien en alto, miraremos el futuro con orgullo, alimentados también por los abrazos y las palabras de quienes nos saben querer.

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