El canon español: Un impuesto a la libertad

Con una sorprendente comunión de votos, la Comisión de Cultura del Congreso español, ha votado favorablemente, por la extensión de un impuesto que se supone debe “proteger” los derechos de autor y castigar la copia pirata. Así, con sólo dos abstenciones, la izquierda y la derecha, “progresistas” y reaccionarios, han unido sus almas para entregarlas a los amos de la industria cultural que desean asegurarse que nadie, oígase bien, nadie, comparta sus hallazgos culturales, sin pagarles por ello.

La imposición, que se da en el marco de la aprobación del nuevo proyecto de Ley de Propiedad Intelectual, presume de antemano que todos los españoles son piratas y todos pretenden “lucrar” con el arte de otros (cosa esta que está reservada a los capos de las industrias que explotan la cultura y que dan un trozo mayor o menor a los autores, para que estos acepten entregar sus creaciones a la voracidad comercial). Así, simplemente se establecería el pago de un canon para los reproductores de MP3, como el popular iPod, o los teléfonos móviles que sirvan para escuchar música además de continuar con el gravamen, ya existente, en los CD vírgenes, los DVD y las fotocopias. Pero hay más. Para frenar las obvias intenciones delictivas del grueso de los españoles, la Comisión ha aprobado la prohibición de copiar de un original a un amigo, permiténdose sólo una copia entre miembros de la familia. Nada, esto da asco. Es increíble de lo que son capaces los políticos. ¿Duda, alguno de ustedes, que la mayoría de estos señores o algún familiar, haya hecho alguna copia de un DVD o un CD o tal vez obsequiado un cassette grabado por ellos?
Pues creo que queda claro que con estas medidas, la tentación para cometer el “delito” queda expuesta sobre la mesa. Mientras los miembros de la APBA deberán seguir luchando, en España y el resto del mundo, para que los mortales no le demos un mordisco a la manzana.

Recomiendo ampliamente la lectura de este artículo en Mangas Verdes. Conviene no pensar que no nos atañe. Esto es un problema de dimensiones mundiales y tarde o temprano nos reventará en la cara.

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