Notas sobre el Premio Alfaguara de Novela 2006

Para ser absolutamente franco, nunca le he prestado atención a los premios literarios. En realidad nunca un premio me ha estimulado para conocer una obra, sea escrita, musical, cinematográfica. Con ello no pretendo desacreditar los premios o entrar a juzgar su papel en el mundo cultural de hoy en día. Además hay premios de premios. Algunos son otorgados por instituciones sin fines de lucro, apegados a exigentes normas de calidad. Otros, tal vez la mayoría, obedecen a los vaivenes del mercado y premian la “popularidad” o simplemente son el trampolín para lanzar un nuevo producto, que se presume puede transformarse en best seller. En los Estados Unidos la industria musical es especialista en esto último y el Grammy Latino, por poner un ejemplo, es una de las porquerías más evidentes: un premio para las mil y una categorías de las mil y una variaciones de tonadas que pueden ser vendidas al gigantesco mercado latino-norteamericano, donde predominan las bandas norteñas mexicanas o el reggeaton.
Los premios literarios de habla hispana, parecen diferentes. Gozan de amplio prestigio y en no pocas oportunidades los galardonados dan muestra de alta calidad literaria en sus creaciones. Algunos de los más sonados son el Premio Cervantes, Planeta, Alfaguara, Rómulo Gallegos, Casa de las Américas.
Debo mencionar, sin embargo, que a pesar de este abolengo se han escuchado voces, en ocasiones voces muy serias, cuestionar la dignidad de los resultados en algunos de estos galardones.

No es mi intención entrar a analizar este problema a fondo. No tengo amplio conocimiento de la materia y mal haría en sustentar opiniones que no he estudiado con seriedad. Lo que sí tengo son dudas, curiosidad. Una de ellas me ha surgido a propósito del Premio Alfaguara de Novela 2006. El ganador de esta IX edición ha sido Santiago Roncagliolo con la novela Abril Rojo que, al decir de su autor es “…una fábula sobre la guerra y también sobre la muerte…” basada en el Perú reciente pero que muy bien puede retratar al mundo actual, al intentar “…explorar qué ocurre en una sociedad en la que todo el mundo empieza a desencadenar la muerte.”
Al parecer, Roncagliolo se nutre de los terribles días vividos en aquel país cuando el gobierno y la guerrilla de Sendero Luminoso generaban un río de sangre y horror cotidiano.
El jurado del premio me ha gustado, creo que es gente responsable y seria. De los premios recientes de Alfaguara sólo he leído El Vuelo de la Reina de Tomás Eloy Martínez y La Piel del Cielo de Elena Poniatowska. El primero me impactó y aunque me dejó un mal sabor de boca durante un par de semanas, debo decir que me gustó mucho. La segunda, por el contrario, me pareció una obra a medio hacer, unilateral y mal acabada. En fin, no me gustó nada.
Investigando sobre el premio y hurgando sobre las bases y reglamentos me encontré con los siguientes datos:

  • Para la IX entrega, han concurrido un total de 510 originales, de los cuales 141 corresponden a España y 369 a América Latina. Argentina (109), México (79) y Colombia (56) son los países latinoamericanos con mayor número de participantes.

  • Las obras debían tener un mínimo de 200 páginas

  • Tenían que ser presentadas para el 1º de diciembre de 2005

  • El fallo se efectuaría entre febrero y marzo de 2006

  • Aquí comienzan mis interrogantes. Si hablamos de 510 originales y tomamos 200 páginas como mínimo, tenemos entonces 102000 páginas que como mínimo deben leer los miembros del jurado en un plazo de poco menos de 90 días. Si tomamos este último número como base tenemos que cada día (sin tomar descansos) cada jurado debe leer aproximadamente 1133 páginas. Quiero advertir que no estoy prejuzgando nada. Tampoco, en absoluto, pretendo sembrar duda alguna sobre la calidad del trabajo ganador. Pero recuerdo ahora, a propósito de una obra ganadora del mismo premio, la novela Delirio de Laura Restrepo, que el entonces presidente del jurado, el magnífico escritor José Saramago, contó con franqueza la anécdota del encuentro con la novela de Restrepo:

    “Cuando vi ‘Mira mi alma desnuda’ y ‘María’ como pseudónimo dije, esto no es para leer, y lo dejé para el final. Luego, al ir leyéndola, nos sorprendió a todos.” (Tomado de un artículo en elmundolibro.com de elmundo.es, abril de 2004)

    ¿Cómo hacen pues, los jurados, para leer tan voluminosa cantidad de material, sin prejuicios y que de verdad, incluso un joven escritor, absolutamente desconocido o un viejo como yo, que sea lo que llaman “escritor tardío”, tengan las mismas oportunidades que los consagrados o aquellos que ya han avanzado ciertos escalones? Esa es mi pregunta. No sé la respuesta y me gustaría conocer las impresiones, de primera mano, de los que han sido jurados.
    Por lo pronto les dejo con algunos enlaces de interés:

    Resultado del Premio Alfaguara Novela 2006, aquí.

    Entrevista a Santiago Roncagliolo en BBC Mundo, aquí.

    Bases del Premio Alfaguara, aquí.

    Blog de Santiago Roncagliolo, en El Boomeran(g), aquí.

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