La irrupción del querer

Me he levantado esta mañana con Chopin en el aire. Cada nota pulsa las distancias y revuelve cada hilo de ternura que todavía me conecta con lo que he sido y lo que fui.
Nocturno Nº 12 en Sol Mayor, Op. 15
El teléfono repica. Respondo, sin mayor curiosidad. Amigas de Morella, familiares, llaman para felicitarla. Es su cumpleaños. Una voz, irreconocible, pregunta por mi esposa. La llamo y le dejo. Estoy en otras cosas.
En la rutina de la noche algo se quiebra. – ¡Hola Mary! ¡Qué alegría! ¡Qué fabuloso regalo! – Mas, la puerta se entreabre. Mary la empuja, y por ella entran, con sus antiguas voces y su amor eterno, los recuerdos vivos de los compañeros del alma.
Nocturno Nº 17 en Si mayor, Op. 62
Sólo ellos y nosotros podemos comprender. Entre ellos y nosotros una danza inacabable de historias, vida y pasión. Si alguien puede hacerme creer en la especie humana son ellos. Los eternos, los entrañables, los que crearon nuestras heridas y por las que más de una vez sangramos.
Ellos.
Nocturno 19 en Mi menor, Op. 72
Anoche lloré. La vida me paso de pronto, veloz, comprimida, enérgica. Lo mejor de ella estaba allí, en las ténues fibras de una llamada teléfonica.

(A mis inolvidables amigos, Juse, Carmen Elena, Williams, Sergio, Jesús. Y a sus hijos, Yair y Pavel. Y por supuesto a María Alejandra, a quien amamos tanto y Edgar Miguel su hijo adorado).

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