Auto, pobres, perros y jazz.

El sábado fue un día distinto. Obligados por la necesidad de reparar la mini-van y obligados, a la vez, a irnos hasta el fin del mundo para obtener el arreglo a un precio “razonable” y adaptado a nuestra maltrecha situación, llegamos a un taller, bastante alejado de nuestros predios, rodeado de casas pobres y establecimientos comerciales igual de pobres que el entorno.
El arreglo quedó en manos de un mecánico (el único en el sitio) de origen dominicano, que de entrada nos agradó. Pero el trabajo requería de varias horas y estábamos tan lejos que era impensable regresar a esperar en casa. El sistema de transporte público en Orlando es muy diferente del que vivimos en Venezuela. Allí es indispensable para la vida cotidiana, aquí es el último recurso de los parias absolutos: los marginales que no tienen vehículo propio.
Pues bien, nos las arreglamos y tomamos un bus con destino al Downtown Orlando, algo así como “el centro”, lleno de algunos rascacielos y edificaciones modernas. Es el único lugar con cara de ciudad. Es bonito y moderno. Pronto vimos algunos homeless, gente que “habita” en las calles y viven de no sé qué. La mayoría eran mujeres, fuertes. Observé rubias y negras. Se veían más abultadas por la cantidad de ropa que tenían encima para contrarrestar los días de invierno. A su espalda – los que estaban caminando y no en una banca – llevaban invariablemente una enorme mochila que – Morella atinó a señalar – contenía su “vivienda”. De no ser por la edad, por el aspecto sucio y la postura indiferente, casi irreverente, podrían confundirse con aventureros de otro mundo.

Sin advertirlo o planificarlo, nos topamos con el parque de Lake Eola, rodeado de edificios comerciales y algunas posadas, con una bella caminería y pequeñas placitas interiores. Entrando a sus vías, nos enfrentamos de pronto a un espectáculo sorprendente y alegre, al menos para nosotros: un río de perros, arrastraba a centenares de seres humanos. Habían todas las razas, colores, tamaños. Olfateando a cuanto transeúnte se les atravesaba y el infaltable “I am sorry” de sus paseadores. Al cuello les colgaban pañoletas rojas, amarillas o verdes, asignadas por una empresa de mascotas que les había convocado y los clasificaba de acuerdo a algún parámetro desconocido por nosotros.
Fue divertido y bonito. La gente, simpática y conversadora, de todas las edades, se piropeaban unos a otros: “Oh, what beautiful eyes!” “Thank you! She is wonderful.”
Al terminar la caminata alrededor del Lago Eola, enfilamos casi directo hasta la Biblioteca Pública de Orlando. Una edificación moderna, de cuatro pisos. Vaya sorpresa nos esperaba. A propósito de la celebración del Black History Month en el que se destacan, cada año, los aportes culturales, sociales, políticos, de los afroamericanos y la remembranza de su lucha contra la esclavitud, una orquesta, constituída por ex-alumnos de la Jones High School (una escuela tradicionalmente de población negra) interpretaba un programa musical titulado From Spirituals to Soul. Fue un deleite. Los músicos, todos negros exceptuando al guitarrista y bajista, eran en su mayoría gente de la tercera edad. El director, James “Chief” Wilson, fundador de la misma allá por el año 1950, dirigía emocionado. Lamentablemente llegamos tarde y una buena parte del repertorio había sido ejecutado. En el recorrido musical quisieron rendir tributo a los orígenes y al aporte de África a la música universal a través de los ritmos surgidos en norteamerica y latinoamérica. Spirituals, Blues, Música Latina, Swing, Jazz, R&B( Rhythm and Blues ) y Soul. Además, dedicaron un set a Count Basie y Duke Ellington.
No les puedo negar que me emocioné cuando vi al público ( un 90% bordeaba los 70 años ), moviendo el cuerpo al compás de aquellas notas. Curiosamente, la mayor parte del auditorio era blanco e incluso pudimos observar a dos “homeless” entre ellos.
Al terminar, y después de vagar un rato por la biblioteca, caminamos hacia la parada del bus para el regreso. Ya en camino Morella y yo, antes de dormirnos en los asientos, comentamos la cantidad de parejas homosexuales que habíamos visto. Es increíble que un país en cuyas ciudades tanta gente opta por la homosexualidad como preferencia para su realización sexual, los políticos pretendan cerrarles el camino en un intento (vano) por marginarles; por no hablar del rol de la religión, con sus diversas variantes, en esos menesteres represivos.
Y bien. Llegamos cansados al taller y nos tocó esperar un par de horas más para hacer un total de 8 horas. Al menos valió la pena. Regresamos a casa, comimos algo y nos dirigimos a cumplir nuestra labor de limpiadores. La realidad siempre dándote una cachetada final.

Nota: Cuánto lamento no haber tenido una cámara para tomar fotos. En cuando a la mía, estoy tan decepcionado con ella que he llegado al punto de odiarla y me niego a tomar fotos con ese bichejo. Al menos no para escenas como el Parque Lake Eola o la Biblioteca. Y por ahora estoy muuuy lejos de adquirir una.

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