Retazos 2. El microscopio del Día de Reyes.

Mis padres ya sabían, que yo sabía. Cómo se enteraron que, para mí, ya los reyes no eran tales y que los regalos bajo la cama no tenían rastros de incienso y mirra, no tengo la menor idea. Ellos no me preguntaron, yo por supuesto, no pregunté nunca.


Fui de esos chicos que crecen absolutamente ingenuos, la inocencia que otorga una infancia dentro de casa, sin juegos callejeros, sin pandillas ni aventuras, sin peleas o ventanas quebradas. Así que hasta bien entrados los nueve y diez años yo esperaba, ansioso, los regalos del niño Jesús y luego, uno más modesto, de los Reyes Magos.


El Día de Reyes del año 1966 observé la sombra de mi madre deslizarse sigilosamente en mi habitación y colocar el presente de “los magos” bajo mi cama. Lo asumí con tranquilidad, como un acontecimiento inevitable, como si siempre lo hubiese sabido.


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