Con Rafael, en “La cuerda floja”

Tightrope_Mike_Connors_1960Transcurría el año 1961, tal vez 1962, así que me encontraba transitando un poquitín más de la mitad de una década de vida, por tanto mi hermano Rafael – de 11 ó 12 – tenía que soportar el “pegoste” de un hermanito que le seguía y copiaba. Todo aquel que haya tenido un hermano en condiciones similares comprenderá perfectamente a lo que me refiero. Si Rafael dibujaba, yo iba corriendo a buscar mis colores y papel para sentarme junto a él y hacer lo propio. Si Rafael le lanzaba piedras a los autos que pasaban frente a nuestra casa, yo me surtía de algunas piedrecillas ridículas para imitarle. Si Rafael recibía a un amiguito, ahí estaría yo para recibirle como si fuera mío e intentaría seguirles en sus andanzas como si fuera un contemporáneo, un par. Ni qué decir tiene lo que esto ocasionaba en mi pobre hermano que – lo reconozco – presionado por las circunstancias decidía darme unos cuantos puñetazos en el antebrazo derecho o izquierdo, indistintamente.

Una de las cosas que compartíamos realmente era la televisión. Ambos disfrutábamos viendo Rin Tin Tin, el extraordinario can de la caballería americana que daba al traste con los planes de los malhechores y forajidos en el oeste; o “Camioneros”, donde el gigante de Mike Malone y su compañero iban impartiendo justicia, mientras transportaban cargas en su gandola a lo largo y ancho de Estados Unidos. También veíamos “Patrulla de Caminos” con el capitán Mathews y su eterno llamado “¡Veinte cincuenta a jefatura!”.Reíamos con Tom y Jerry, Bugs Bunny (llamado El conejo de la suerte), El niño del circo, Furia, Superman, El llanero solitario… Pero había una serie que mi madre me impedía ver con él pues la consideraba muy “violenta” para mis seis o siete años. En nuestro mundo hispano la habían titulado “En la cuerda floja” (Tightrope!) y era protagonizada por Mike Connors. Se trataba de un policía que trabajaba encubierto, para infiltrarse en las bandas de mafiosos y criminales de todo pelaje y capturarles poco después. Pero “Nick” – que ese era su nombre – debía cuidarse muy bien, no sólo de los gangsters sino de la misma policía, cuyos oficiales y personal desconocían que él era un agente secreto dirigido por los altos cuerpos de seguridad. Nuestro héroe tenía dos revólveres: uno, como es habitual, a un costado, en su cartuchera, fácil de detectar y descubrir y otro oculto en su espalda, colocado en una pequeña funda, ajustado a su cinturón. Obviamente, tanto maleantes como policías jamás encontraban esta segunda arma. Nick, con una habilidad pasmosa, siempre sacaba este revólver de su espalda con rapidez, agilidad y puntería en el momento crítico de cada episodio y así vencía a los malos.

Rafael amaba esta serie. Junto a un amigo que creo recordar se llamaba Pascual, decidieron comprar unas pistolitas de juguete en una tienda de Vista Alegre (tal vez el Bazar Orinoco) y se esmeraron en fabricarse unas fundas de cuero que se colocaban en el cinturón, en su espalda. Jugaban a menudo y yo les seguía e imploraba que me incluyeran. Por supuesto yo exigía un arma y una cartuchera igual. Mi madre, a la que probablemente fui con el chisme, le pidió a Rafael que me “incorporara” y al efecto, muy a regañadientes, me dieron una pobre pistola plástica de piñata y ninguna funda. Definitivamente no me dejaron jugar con ellos.

La serie fue famosa, tanto que Renny Ottolina trajo a Mike Connors invitado a su show. Al conocer que Connors se presentaría con Renny, Rafael pidió a nuestra madre (actriz de Radio Caracas Televisión) que hablara con Ottolina para ir al show y conocer personalmente al héroe. Así fue. Rafael y su amigo se prepararon, practicando intensamente la maniobra de sacar el revólver de la espalda a toda velocidad, una y otra vez, una y otra vez, hasta casi llegar a la perfección.

Llegó el día ansiado. Nos dirigimos a los estudios de RCTV, entramos por unos pasillos de paredes color azul pastel. Renny se encontraba saliendo de su camerino junto a Mike Connors, mi mamá iba adelante y yo de su mano. Rafael y su compañero de juergas quedaron petrificados por un segundo, pero entonces Rafael, adueñándose del momento gritó: ¡Mike! Éste volteó ipso facto y mi hermano y su amigo ejecutaron diestramente la acción que Connors repetía en cada episodio. Renny se rió a carcajadas, Mike Connors también y se acercó a los muchachos. Les obsequió una fotografía suya autografiada y a Rafael le escribió un simpático mensaje en el respaldo. A Ottolina le gustó tanto lo ocurrido que les pidió que lo repitieran en su show (que entonces era en vivo). Fue una noche inolvidable, Renny y mi mamá conversaron un rato y Connors miraba a Rafael y su amigo, sorprendido tal vez de cómo había llegado a tocar tan a fondo a un par de niños latinos.

No he mencionado que a todas estas yo, que me había llevado mi pistola plástica de piñata, traté de sacarla junto a mi hermano, pero sin éxito.

He querido recordar esta historia – que comencé a escribir el 23 de junio – a un mes de la partida de mi hermano, al que durante tanto tiempo admiré y seguí. Nuestra infancia y adolescencia está plagada de momentos – felices o dramáticos – que se encuentran grabados a fuego en mi alma. Me pregunto si él habrá sentido lo mismo que yo respecto a esas vivencias. Me interrogo acerca de si yo fui tan importante para él como él lo fue para mí.

Al escribir esto quise investigar qué había sido de la vida de Mike Connors – quien más tarde fue muy famoso en Estados Unidos con la serie de CBS, Mannix – y encontré que aún está vivo, radicado en Fresno, California, con 90 años a cuestas…

Crédito de la foto: By CBS Television (eBay item photo front photo back) [Public domain], via Wikimedia Commons

4 comentarios

  1. Mirza Cequea

    Me emocionó muchísimo este relato, me transporté inmediatamente a mi infancia. Yo veía a Renny escondida detrás de unas cortinas, me encantaba el show. Realmente Renny dejó una huella en muchos de nosotros.
    Hermoso tributo a tu hermano.

  2. Trina Lee de Hidalgo

    Intenso relato, hermosas vivencias, gratificantes recuerdos, felicitaciones, gracias por compartir, abrazos en la distancia.

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