La masacre de Orlando y la fanfarronería de Donald Trump

AR-15 rifles

El dolor por lo ocurrido en la ciudad de Orlando, donde hemos vivido los últimos 11 años, abarca la profunda pena por la muerte de tantos seres y el horror que causa el saber que una mente desquiciada por el odio pudo hacerse fácilmente con todo el equipo necesario para la muerte, sin que nadie le impidiera llevar a cabo su siniestro plan.

Si visitamos de nuevo las últimas masacres perpetradas en los Estados Unidos, encontramos la constante de que han sido fomentadas por el odio (sea racial, sea sexual, sea religioso) y también hallaremos el factor común de la enorme facilidad con que sus protagonistas, mayormente personas desequilibradas, se han hecho del armamento sofisticado para cumplir sus crímenes. La sociedad a su vez ha quedado indefensa por los cuatro costados: más de una vez los autores habían estado bajo la mira de los cuerpos de seguridad, o alertados por diversas pistas, pero al final se ha hecho caso omiso, se ha aflojado la vigilancia y la burocracia ha triunfado.

Luego de cada ataque y su secuela de muertes, se reanuda la discusión acerca de la venta de armas en nuestro país. Pero todo parece una letanía que se repite una y otra vez, esperando a la próxima pesadilla que, como los terremotos, volverá a presentarse, sin que sepamos dónde y cuándo. Pero sí sabemos que será facilitada por al menos dos factores: la libertad para adquirir las armas para asesinar en masa y el combustible de odio que incite a los terroristas internos o externos, a planificar la muerte de seres humanos, por su color, por su preferencia sexual, por su condición religiosa o por una retaliación injustificable.

trumpAhora, cuando sentimos la impotencia de que casi nada podemos hacer para detener esta horrenda espiral de barbarie, sale el eventual candidato a la presidencia por el partido Republicano – Donald Trump – a decir que Estados Unidos debe prohibir el ingreso al país de todo inmigrante procedente del medio oriente, a la vez de acusar a toda una confesión religiosa, los musulmanes, del terrorismo. Donald Trump habla como un ignorante y petulante bravucón al que le importan un bledo los hechos, la historia, la sociedad y sólo ve en el horizonte los posible votos de los más atrasados y reaccionarios, dispuestos a seguir a quien les ofrece una aparente seguridad frente a todos sus temores.

Cuando llegamos a Estados Unidos me tocó trabajar de lavaplatos. En aquel tiempo, bajo la administración del presidente Bush, Irak era la noticia cotidiana, tras la triste e infame invasión norteamericana que no poco ayudó a desencadenar el odio contra Estados Unidos. Recuerdo que escuché entonces a una persona en el restaurante afirmar: “eso se arregla con que les lancemos un par de bombas atómicas y les borremos del mapa.” Aquel americano presuntuoso y violento hablaba de borrar del mapa a una nación, a sus mujeres, niños y hombres de un plumazo porque para él eran la expresión del mal. El hombre – me consta – era republicano, racista contra los afroamericanos, y apoyaba la campaña contra toda oportunidad para brindar legalidad a la comunidad inmigrante mexicana y centroamericana. Curiosamente, una buena parte de sus empleados eran mexicanos sin documentación. Trump no solo representa a personas como aquel sujeto, él es uno de ellos. Igual de ignorante, racista e hipócrita.

La facilidad con la que Trump asocia a toda una población y una fe religiosa al terror, le lleva a proferir que como presidente va a impedir su entrada a los Estados Unidos. Su odio hacia todo aquello que no está en “su” forma de pensar le lleva a discriminar a los propios ciudadanos americanos de acuerdo a la fe que profesan, o a su origen étnico. Los americanos musulmanes son pues culpables de terrorismo, o cuando menos sospechosos y dignos de ser tratados diferente. Los americanos de origen mexicano no son dignos de ser respetados y por tanto también deben ser discriminados.

Pero por mucho que busquemos en sus declaraciones no encontraremos ningún ataque de Trump a la libre venta de armas. ¿Y qué decir del terrorismo de los supremacistas blancos? ¿Qué decir de la horrenda masacre de los fieles de una congregación en Charleston, asesinados vilmente por un demente, promotor del odio racial contra los afroamericanos y orgulloso portador de la bandera confederada?

A Trump le es sencillo vociferar contra los musulmanes ahora y pedir la prohibición de inmigrantes del Medio Oriente, tanto como le es imposible pedir la prohibición de la libre venta de armas o al menos de las de guerra y asalto. ¿Por qué? Porque detrás de la libertad de armamento están las corporaciones que viven y lucran con su proliferación. Tras la supuesta defensa de la Constitución, está la defensa de un negocio lucrativo e intocable.

El intento de Donald Trump de capitalizar la masacre de Orlando para beneficio electoral, no hace más que darme asco. El sólo hecho de que sea el casi definitivo candidato del partido Republicano me da escalofríos y me confirma lo bajo que ha llegado los Estados Unidos.

Mi mayor temor es que fanfarrones como él (al igual que Mussolini o Hitler en el pasado) tengan más poder aún del que ya tienen. Porque si de algo estoy seguro es que no hay ninguna vacuna contra la enfermedad del odio y la ignorancia.

Está en las jóvenes generaciones, en las amplias comunidades de todas las razas, en los movimientos de liberación sexual, en las mujeres y hombres de todas las religiones y aquellos que como yo, somos ateos pero defensores de la libertad religiosa irrestricta, luchar por la defensa de la democracia y por desenmascarar a bribones como Trump, vergüenza para Estados Unidos.

Crédito de la foto AR-15 : Reuter

Crédito de la foto D. Trump: BBC

Un comentario

  1. Isabelina

    Wow!!! Buenísimo! Comparto tu opinión. Tengo un inmenso dolor viendo como este país va cayendo en un abismo por el odio y la política.

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