Un sueño

ME_0001a_dreamAnoche tuve un sueño. ¿Uno? No, tal vez diez, cien, mil, quién sabe. Nunca lo sabré, porque no obran en la conciencia, sino en lugares remotos, escondidos, que surgen de pronto de los abismos, cuando las murallas que protegen nuestra vida cotidiana se desvanecen en algunas noches – no todas, claro – y entramos en un mundo mágico de tormentos, anhelos, o placeres. A veces creo que sólo me pasa a mi y tal vez a los locos. Cuando ocurre, cuando esas noches especiales me abrazan, suelo despertar hipnotizado, en ocasiones maltrecho y dolorido. Pareciera que hay más tristeza que felicidad en esos lugares recónditos, pues, la mar de las veces, las lágrimas brotan fácil, el recuerdo está fresco y la certeza de que el tiempo pasó y no nos dio tregua, nos asegura que la tragedia de la vida o la alegría de ella, está llena de parches, buenos y malos, tristes y felices.

Pues si. Soñé, casi toqué. Observé de muy cerca. Conversé. Fui revaluado, querido y tocado. Aparecieron sombras desconocidas y lugares imprevistos. Un garaje, una escuela, una habitación que había que cerrar y una persona, con rostro claro, diáfano y bello. Sus labios, los de siempre. Sus ojos tristes. Su voz inconfundible.

Cuando hemos amado, a un padre, una madre, una mujer, a un ser especial, si lo perdemos, el paso del tiempo pareciera agigantarle frente a nosotros. Tal vez es la manera en que nuestra traviesa mente se cerciora que no olvidemos.

¿Será que le ocurre a todos o sólo a mi? Anoche tuve un sueño, tal vez diez, cien o mil. Casi te toqué. Allí estuviste ME.

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